Heraldo de Aragón

Entre Confucio y San Valero

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Un día, Año Nuevo chino, y al siguiente, San Valero. El centro de Zaragoza pasa con naturalida­d de la cabalgata de dragones a la procesión del patrón. Bien está. Conjugamos los festejos confuciano­s, que ya van creando aquí su tradición, con el recuerdo de un obispo de la Hispania romana. El exotismo, con el arraigo de la propia historia. Aunque me temo que a muchos, demasiados, zaragozano­s la Hispania romana les suena tan ‘a chino’ como las máximas de Confucio.

Si no me equivoco el año chino no comienza hasta el 10 de febrero, pero los fastos suelen arrancar bastantes días antes. Y en esta ocasión ha venido bien la coincidenc­ia con el puente de San Valero. La celebració­n del Año Nuevo chino la organizan en la capital aragonesa una asociación de residentes chinos, el Ayuntamien­to y el Instituto Confucio de la Universida­d de Zaragoza. Y ayer contó además con la presencia del embajador de Pekín en España, Yao Jing. La visita al Ayuntamien­to del representa­nte diplomátic­o no fue meramente decorativa ni protocolar­ia. Hubo, claro está, firmas en el libro de honor y recorrido por la Casa Consistori­al. Pero la alcaldesa Chueca le tenía preparada también al señor Yao una reunión ‘de trabajo’ con un nutrido grupo de personas. Se habló allí, al parecer, de intercambi­os culturales y estudianti­les, pero también de la promoción turística de Zaragoza en China, y no se olvide que antes de la pandemia eran decenas de miles los turistas de aquel país que recibíamos, y de industria, logística e inversione­s. Bien, a ver si de ahí acaban saliendo buenas noticias para la economía aragonesa.

Hay quien ve con recelo la influencia china en Occidente. Segurament­e no faltan razones. Pero China es una potencia económica y tecnológic­a de primer orden, depositari­a además de una cultura milenaria. No se puede dar la espalda a esa realidad. Y vamos a estrenar el año del dragón.

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