Heraldo de Aragón

La carrera del Morico más complicada

Domingo Carrillo se meterá este lunes por última vez en la piel del cabezudo después de 39 años

- MÓNICA FUENTES RUIZ M. F. R.

roica, Siempre heroica, Muy benéfica e Inmortal». Y confesó su admiración por los cuadros de las heroínas de Los Sitios, que defendían los derechos de los ciudadanos. En su despacho hay un cuadro de Agustina de Aragón, pintado por su nieta; otro de la Virgen del Pilar, un busto de Francisco de Goya, que se piensa que inspiró la estatuilla con la que se premia el talento del cine español, y un retrato de un jovencísim­o Felipe VI.

La techumbre de madera del despacho de la alcaldesa y del salón donde se reúne el Gobierno procede del antiguo Palacio de los Marqueses de Osera.

Al llegar al salón de plenos, uno de los visitantes le propuso hacer una sesión. Resuelta, la alcaldesa le respondió: «Voy a la presidenci­a y empezamos». Pocos sabían que las sesiones, que se suelen celebrar el último jueves de cada mes, están abiertas al público, y que pueden participar, incluso, en la exposición de las mociones. «Hay transparen­cia absoluta», dijo la regidora. «Sin trampa ni cartón», apuntó un espontáneo.

En otro de los salones, donde horas antes había intervenid­o junto al embajador de China en España, Yao Jing, mostró los retratos de casi todos los alcaldes de Zaragoza. De la época reciente faltaba uno, el de Jorge Azcón. «Está pensando aún a qué autor le hace el encargo», detalló. Durante la visita se oía música contemporá­nea, de fiesta, distinta a la que antaño tocó la orquesta que amenizaba los actos desde el altillo del salón consistori­al. Si se retomara la música, sonaría vals, dijo la alcaldesa. Entre acordes imaginario­s terminó la visita, que dio paso a decenas de selfis con la regidora que se llevaron los visitantes de recuerdo.

El Morico afronta hoy la carrera más difícil de su dilatada historia. Cuando la comparsa de cabezudos cierre su recorrido este San Valero, el Morico y Domingo Carrillo, que se ha metido en su piel durante los últimos 39 años, se separarán para siempre y dejarán de encorrer a los niños juntos. No es de extrañar, por ello, que la víspera del patrón fuera para Domingo Carrillo un día complicado. «Es una tristeza tener que dejarlo. Para mí es un orgullo poder llevarlo», lamenta. Son cuatro décadas haciendo felices a miles de niños zaragozano­s, y con algunos aún mantiene el contacto.

Cuando en 1985 entró en la comparsa tenía sus ojos puestos en el Morico, y el destino, y un buen compañero, hizo que fuera el cabezón que le fue asignado. Fue en inicio de una gran amistad. Pocos cabezudos son más queridos que el suyo, y se debe en buena parte al carácter que le impregnado durante todos estos años. «Siempre he sentido la responsabi­lidad de llevar este cabezudo. Estoy contento de que la gente lo reconozca con amor y cariño», señala.

Son muchas cosas que ha aprendido ‘encorriend­o’ a los chavales bajo un cabezón que pesa cerca de 20 kilos. Le ha enseñado a «mostrar el cariño». «En cada fiesta he intentando mostrarle a la gente cómo soy yo como persona. El cabezudo me ha enseñado a ser más amable y agradable con todo el mundo», explica. Tiene claro, y siempre lo ha tenido, que el protagonis­ta es siempre el cabezudo y que la gente va a verlo a él. Domingo Carrillo explica que al portador le toca «correspond­er con alegría, con sonrisas, con abrazos y con bailes».

Conoce a los niños del pasado y también a sus hijos. Aunque vaya a dejar este lunes de prestar sus piernas al Morico, se resiste a que sea una despedida. Es para él su «penúltima» carrera juntos.

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Domingo Carrillo.

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