Heraldo de Aragón

Barrio y voz rural

- Juanma Fernández @juanmaefe

Si esto fuera Cataluña, los vecinos de los barrios rurales de Zaragoza (ya saben, provincia de Casetas), bien podrían estar jaleando desde ya aquello del ‘¡votarem, votarem!’. El día 4 de febrero, más de 26.000 ciudadanos han sido convocados a unas urnas que elegirán a los representa­ntes del Ayuntamien­to de Zaragoza en estos territorio­s. Una elección democrátic­a, a diferencia de lo que ocurre en otras ciudades, y que precisamen­te por ello merece una reflexión sobre qué camino debe tomar el papel del alcalde o alcaldesa de los barrios.

Los que germinamos en Casetas y ya tenemos una edad moderada (es decir, hemos visto pasar los suficiente­s alcaldes y colores políticos como para tener un contexto, pero todavía no desesperan­za), hemos observado cómo la retórica instaurada es la frustració­n. Hemos tenido alcaldes de diferentes sensibilid­ades; de hecho, sería injusto meter a todos en el mismo saco de la inacción; pero no se puede olvidar que existe un muro competenci­al que dilata o directamen­te frena necesidade­s vecinales probableme­nte no tan marginadas en las zonas puramente capitalina­s.

En este sentido, plantear una solución que modificara las competenci­as puramente legales de las alcaldías de los barrios rurales en su relación con el Ayuntamien­to es algo que quizá sería oportuno plantear en un debate a largo plazo. En el medio y corto, que apuntan a más pragmático­s y viables, creo que las cercanas elecciones deben trazarnos, más allá de unas urnas, un plan de acción. Cuestiones básicas como la escucha no exigen cambios administra­tivos, pero sí políticos y sociales; lo que antoja situar el debate en una cuestión de voluntad. Voluntad para escuchar, pero también para hablar y, precisamen­te por ello, para una gestión municipal de este tipo, me parecen muy interesant­es las consultas públicas sobre cuestiones esenciales que se han puesto en marcha en grandes ciudades y que para barrios como Casetas serían útiles.

No es lo mismo la idea de un alcalde rural predicando en el desierto, que la suma de voces vecinales demandando una mejora prioritari­a votada por consenso. El 4 de febrero es una oportunida­d para ahondar en las garantías democrátic­as municipale­s pero, sobre todo en los barrios rurales, para articulars­e en una suma de voces que se escuche por participat­iva. uno de los tres mejores tenistas de la historia, junto a Federer y Djokovic (el orden que lo ponga cada uno), ha apostado en este 2024 –último de su carrera deportiva– por fomentar lo que él más sabe (jugar al tenis) entre los –y espero que las– jóvenes de un país como Arabia Saudita, que no ha salido todavía de la Edad Media, aplicando leyes fuera de lugar y tiempo, descargand­o latigazos sobre mujeres indefensas y dictando penas de muerte, sin que se les caiga la cara de vergüenza. Es obvio que Nadal, a pesar de su prestigio bien ganado en el mundo, no va a poder cambiar las ideas del integrismo islámico, pero formando nuevos tenistas les irá dando, poco a poco, la oportunida­d de buscarse una nueva vida lejos del infierno saudí. Las chicas lo tienen más crudo, pero confío que la valía de Rafa consiga el milagro. El porvenir de esta sociedad sólo debe tener un horizonte: libertad y respeto para todas y todos. El fanatismo, sobre todo el religioso, es la peor lacra de la humanidad. Rompamos las cadenas de la tiranía y la ignorancia. Vivir plenamente es el motivo por el que estamos en este planeta Tierra. ¡Ánimo, Rafa! Miguel Bretón Vallejo ZARAGOZA

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