Heraldo de Aragón

«Mientras caía, solo pensaba que eran sus últimos segundos de vida»

Un montañero vasco relata el reciente accidente de un compañero en el Aspe que se salvó gracias al casco y la mochila

- R. D. N.

Vimos la caída entera desde arriba y ya le dábamos por muerto». Son las desgarrado­ras palabras de Íñigo Jiménez, un montañero vasco que el 28 de enero fue testigo del accidente de un compañero en el mismo punto negro del pico Aspe que se ha cobrado ya dos vidas este año. Por suerte, su amigo lo puede contar gracias al casco y la mochila, «que le salvaron la vida, según nos dijo la Guardia Civil».

Ambos pertenecen a un club de montaña de Bilbao y habían viajado ese fin de semana al Pirineo para hacer por primera vez la vía norte clásica con un compañero y una compañera más. Los cuatro iban ascendiend­o equipados con crampones, casco y piolet cuando el que iba en cabeza le advirtió al accidentad­o, que iba a continuaci­ón, que tuviera cuidado porque había bastante hielo. «Quizá se puso medio nervioso pero un segundo después se resbaló y se fue para abajo», relata Íñigo Jiménez.

Mientras observaba la caída de unos 150 meros, que duró entre 10 o 12 segundos, ya sacó su móvil para pedir ayuda al Greim de la Guardia Civil «aunque yo era consciente de que él iba a morir y solo iba pensando a ver dónde teníamos que ir a recoger su cuerpo porque no nos dio tiempo a reaccionar ni a él ni a nosotros». Unos instantes muy angustioso­s para la víctima. «Nos ha contado que mientras iba cayendo, él solo pensaba que estaba viendo sus últimos segundos de vida», afirma.

Se fue golpeando «con todas las piedras posibles». Pero contra todo pronóstico, cuando el cuerpo se detuvo finalmente «vimos que movía un brazo y salimos corriendo para abajo a socorrerle». Llegaron primero otros tres montañeros que estaban en la misma zona del Aspe y luego ellos. Su amigo estaba consciente y se quejaba de un fuerte dolor en un brazo.

Una hora después llegó el helicópter­o de la Guardia Civil. Bajaron dos especialis­tas del Greim y una médico del 061, que tras un primer chequeo lo evacuaron al hospital de Jaca. El parte final fueron solo dos costillas rotas. Al día siguiente recibió el alta y volvió con sus compañeros a Bilbao.

Íñigo Jiménez admite que «igual no éramos del todo consciente­s de que fuese tan peligrosa». La suerte de su compañero es que no se golpeó la cara con las piedras, sino con la parte trasera del casco, que se partió, y la mochila. «No dábamos un duro por que estuviese vivo, pero al final todo salió bien», dice aliviado.

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