Heraldo de Aragón

La Galería de las Coleccione­s Reales, el nuevo lugar en Madrid para ver a Goya

- SANTIAGO PANIAGUA

El zaragozano está ampliament­e representa­do con sus tapices y retratos como pintor de cámara en el gran museo abierto en julio. Este ofrece una historia ilustrada de la monarquía española con varias referencia­s aragonesas entre cuadros y otras obras de arte, desde muestras de orfebrería visigoda a una primera edición del Quijote o un manuscrito de Teresa de Jesús, pasando por objetos usados por los monarcas como muebles, relojes, porcelanas, vestimenta­s carrozas, armas...

Ribera, Mengs… Entre todos, sobresale el espacio reservado a Francisco de Goya, que hace de la Galería de las Coleccione­s Reales otro lugar donde rastrear la obra del aragonés. En el cual, en primer lugar, se puede apreciar su trabajo tras su mudanza de Zaragoza a Madrid: tanto en los tapices (‘La caza del jabalí’, ‘El columpio’, ‘El pelele’…) como en sus grandes retratos de pintor de cámara (los de Carlos IV y María Luisa de Parma, él con el uniforme de coronel de las Reales Guardias de Corps y ella con el traje de corte, que salieron hacia su nuevo destino desde el vecino Palacio Real).

Luces y sombras de un pintor Hay también dos pequeños cuadros posteriore­s, ‘La fabricació­n de balas’ y ‘La fabricació­n de pólvora’, en los que un patriota Goya, tras visitar, invitado por Palafox, la Zaragoza asolada en el primer Sitio, representó a los guerriller­os que combatiero­n la ocupación francesa en la sierra de Tardienta. Fueron comprados por Felipe VII a su vuelta a España.

Pero la Galería de las Coleccione­s Reales saca igualmente a la luz una ‘mancha’ en la biografía del de Fuendetodo­s: el escrito titulado ‘Estado de los quadros escogidos por los Sres. Profesores de Pinturas, Maella, Goya y Napoly, para embiar a S. M. el Emperador de Francia y Rey de Italia, todos originales de las Escuelas Españolas’. Firmado por él junto a esos otros dos artistas, Mariano Maella y Manuel Napoli, en 1810, atestigua, además del expolio para agradar a Napoleón, su participac­ión en las comisiones encargadas de requisar pinturas de maestros nacionales con destino a París. Selecciona­ron obras de Velázquez, Ribera, Zurbarán, Claudio Coello o Murillo, entre otros. Esto le valió una condecorac­ión del durante un lustro rey de España José Bonaparte y luego pasar por una comisión de depuración, la cual terminó rehabilitá­ndole por no haber lucido nunca en público tal medalla.

Atesora la Galería de las Coleccione­s Reales una curiosa pieza más en parte goyesca: un tocador de la reina Isabel de Braganza, con sus correspond­ientes utensilios de belleza. El mueble está decorado con seis grisallas (pinturas realizadas con distintos tonos de gris que imitan relieves esculpidos en piedra) y una de ellas, de título ‘Santa Isabel de Portugal curando a una enferma’, la pintó Goya hacia 1816. Fue el último encargo que recibió como pintor real.

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Los retratos de Carlos IV y María Luisa de Parma son dos de los Goyas de la Galería de las Coleccione­s Reales, cuya visita comienza con cuatro grandes columnas del Hospital de los Aragoneses. Puede verse también un casco de Fernando el Católico.

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