EL SUR /aba­jo

Historia de Iberia Vieja - - EL AGENTE INTOXICADOR -

Te­ne­mos Mez­qui­ta,

Al­ham­bra, Gi­ral­da, Pla­ya de la Ca­le­ta… pe­ro si hay al­go que sir­ve de re­fe­ren­cia inex­cu­sa­ble a quien vi­si­ta An­da­lu­cía, es ir­se de ta­pas. Con­ven­drán que en po­cas par­tes del mun­do ofre­cen un ape­ri­ti­vo gra­tis con la con­su­mi­ción que se pi­da. Y en al­gu­nas lo­ca­li­da­des ese ape­ri­ti­vo es tan ge­ne­ro­so que es tra­di­cio­nal "co­mer de ta­pas", es de­cir, no abo­nar más que lo be­bi­do y al­mor­zar con lo que nos den "por la ca­ra". Pe­ro, ¿de dón­de vie­ne esa cos­tum­bre tan ex­tra­ña pa­ra al­gu­nos que nos ob­se­quia con unas acei­tu­nas, unas pa­ta­tas fri­tas, unas an­choas, un sánd­wich mix­to o has­ta un bo­ca­di­llo si sa­le el es­ta­ble­ci­mien­to ge­ne­ro­so? Pues te­ne­mos le­yen­das pa­ra ex­pli­car­lo. Y pro­ta­go­nis­tas va­rios. En una de ellas se "cul­pa" a Alfonso X de tan sa­tis­fac­to­ria cos­tum­bre. An­da­ba el "rey sa­bio" en­fer­mo y los mé­di­cos le in­di­ca­ron que na­da me­jor que unas cuan­tos va­si­tos de vino pa­ra pa­liar di­cha en­fer­me­dad. Y pru­den­te co­mo era el mo­nar­ca, so­li­ci­tó que ca­da va­so se acom­pa­ña­ra por al­gún pe­que­ño bo­ca­do pa­ra evi­tar que el al­cohol se le subie­ra a su co­ro­na­da tes­ta. Otra de las his­to­rias cul­pa a las mos­cas que vo­la­ban jun­to al vino que to­ma­ban los Re­yes Ca­tó­li­cos en una tas­ca ga­di­ta­na. El ta­ber­ne­ro, pa­ra evi­tar que en­tra­sen en la be­bi­da, "ta­pó" el va­so con una lon­cha de em­bu­ti­do.

SO­CIE­DAD PLATEROS DE MA­RÍA AUXILIADORA (CÓR­DO­BA) El ba­ca­lao es la guin­da de un es­ta­ble­ci­mien­to man­te­ni­do por la So­cie­dad de Plateros, una ins­ti­tu­ción cor­do­be­sa que vio la luz en 1868 pa­ra so­co­rrer a los de su gre­mio. La ta­ber­na es más mo­der­na, de 1925. EL PIMPI (MÁLAGA)

Pim­pis eran los que asis­tían a los pa­sa­je­ros que des­em­bar­ca­ban en el puerto de Málaga y El Pimpi es el nom­bre de una bo­de­ga que, des­de 1971, cau­ti­va a los me­jo­res gas­tró­no­mos. An­to­nio Ban­de­ras es su due­ño. CA­SA MANTECA (CÁ­DIZ)

En el co­ra­zón del ba­rrio de La Vi­ña, en Cá­diz, na­die pa­sa por al­to Ca­sa Manteca. Abier­ta en 1953, sus ge­ne­ro­sas ta­pas (¡esos chi­cha­rro­nes!) pa­re­cen evo­car el tiem­po en que fue una tien­da de co­mes­ti­bles. EL RINCONCILLO (SE­VI­LLA)

Pre­su­me de ve­te­ra­nía por de­re­cho pro­pio. Es­te bar de Se­vi­lla se re­mon­ta a 1670, aun­que su tra­za­do ac­tual, en el nº 40 de la ca­lle Ge­ro­na, da­ta de fi­na­les del si­glo XIX, li­ga­da a la fa­mi­lia De Rue­da. LAS ESCOBAS (SE­VI­LLA)

A es­ca­sos me­tros de la ca­te­dral his­pa­len­se, en el nº 62 de la ca­lle Ál­va­rez Quin­te­ro, Las Escobas aso­mó la ca­be­za en 1386, por lo que no re­sul­ta dis­pa­ra­ta­do fan­ta­sear con al­gu­nos de sus pa­rro­quia­nos, Cer­van­tes, Lo­pe de Ve­ga o Lo­pe de Rue­da, co­mo re­za la pla­ca de aba­jo. “De­ca­na en Se­vi­lla”, co­mo es­cri­bió Fer­nan­do de los Ríos en 1886, la fa­mi­lia de Víc­tor So­riano se hi­zo con el in­mue­ble en 1977, tras un tiem­po en ma­nos de un an­ti­cua­rio. Dos escobas de­co­ra­ti­vas jus­ti­fi­can su nom­bre y sus pla­tos nues­tra vi­si­ta: el pes­caí­to fri­to, el sal­mo­re­jo con ja­món o sus di­ver­sos gui­sos.

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