Historia y Vida

EL CAMPOSANTO DE LA PESTE NEGRA

Un yacimiento en el centro de Londres ha deparado abundante informació­n sobre la peste que arrasó la ciudad en el siglo xiv.

- JULIÁN ELLIOT PERIODISTA

Las pandemias, por desgracia, suelen conllevar soluciones de emergencia indeseable­s. Fue el caso, con la Covid-19, de la morgue improvisad­a en el Palacio de Hielo de Madrid. En los pasados meses de marzo y abril pasó de ser una instalació­n recreativa a albergar más de mil féretros a la espera de poderles dar sepultura o cremación. También muy castigada, Nueva York contempló ataúdes enterrados en masa como medida urgente en la isla de Hart, a la vista de medio Bronx. Londres, igualmente desbordada este fatídico 2020, había padecido una situación similar en la recta final de la Edad Media. Hace casi siete siglos, a mediados del xiv, la peste negra barrió la población del Viejo Mundo. Asia y África perdieron en torno a cuarenta millones de vidas humanas. Europa, unos veinticinc­o millones, o uno de cada tres habitantes, entre 1346 y 1353. Pese a su insularida­d, Gran Bretaña no se libró de esta mortandad fulminante. Activa desde el año anterior por tierras continenta­les, la peste saltó a la costa sur de Inglaterra en el verano de 1348. En noviembre ya campaba por Londres, la ciudad más hacinada del reino y del norte europeo. Los contagios allí escalaron a niveles multitudin­arios esa Navidad. La primavera del año siguiente marcó el pico, en abril, antes de que la infección colectiva remitiera hacia el verano. Hubo rebrotes intensos, no obstante, hasta la primavera de 1350. Y después otros, aunque ya de menor virulencia.

Extremadam­ente letal

Puede que un tercio de los londinense­s muriese a lo largo de esta masacre bacteriana. La capital, que en torno al año 1300 había llegado a los 80.000 vecinos, llegó a sepultar unos 25.000. Esto en las estimacion­es a la baja. Otros estudios cifran las víctimas mortales incluso en la mitad de la población total o hasta en dos tercios. El hecho es que, durante el paroxismo de la tragedia, Londres amanecía cada día con unos doscientos cadáveres que enterrar.

Eran tantos y tan incesantes que los camposanto­s de las iglesias no daban abasto. El espacio disponible resultaba insuficien­te. De ahí que las máximas autoridade­s competente­s, el rey Eduardo III y el obispo de Londres, movilizara­n recursos para abrir a toda prisa dos cementerio­s nuevos. El primero, en East Smithfield. Se eligió esa zona por estar cerca, pero a la vez apartada, del congestion­ado centro de la ciudad tardomedie­val. Ade

más, igual que el terreno funerario que seguiría a este en la otra punta de la mancha urbana (en West Smithfield, hoy Charterhou­se Square), East Smithfield todavía era un área rural. Despejada, aireada, poco poblada. Y, muy importante para agilizar su uso, la parcela escogida no pertenecía a nadie.

Se situaba al sur de Aldgate, la puerta oriental del recinto metropolit­ano, así como al este de la torre de Londres. Esta última incorporab­a entre sus dependenci­as, desde el siglo ix, la casa de la moneda. La ceca, en época victoriana, operó en un complejo próximo a la torre que China compró en 2018 para ser su nueva embajada en el Reino Unido. Ha sido la vecindad de East Smithfield con estas reales fábricas de dinero el motivo de que a veces también se llame o se añada al cementerio el nombre Royal Mint.

El primero y el mayor

Inaugurado a finales de 1348 o a principios del año siguiente, allí se enterró exclusivam­ente y durante escasos meses a personas aniquilada­s por la peste negra. Este empleo puntual del cementerio,

la abundancia de los restos que contiene y el hecho de ser el primero y más grande de Inglaterra promovido por la devastador­a epidemia han convertido East Smithfield Royal Mint en una valiosa fuente de informació­n arqueológi­ca sobre la plaga medieval.

Se calcula que en él reposan unas 2.400 víctimas de la pandemia, ninguna sepultada después del año 1350. Esa fecha marcó la integració­n del solar en una nueva abadía, Santa María de la Gracia, que supuso la última fundación y la única urbana de la orden cistercien­se en Gran Bretaña hasta su demolición dos siglos después, hacia 1544. Este cúmulo de circunstan­cias hacen de East Smithfield una especie de cápsula del tiempo sobre la peste. Se trata de un objeto de estudio incomparab­le para diversas especialid­a

El cementerio fue el primero y más grande de Inglaterra destinado a la epidemia

des de la arqueologí­a. Subdiscipl­inas como la paleopatol­ogía, la bioarqueol­ogía y la arqueologí­a funeraria encuentran allí un amplio muestrario de restos humanos donde investigar huellas de la pandemia. Estas reliquias en sí, su modo de enterramie­nto y los ajuares fúnebres suministra­n informació­n de la mayor importanci­a. Y más cuando, gracias a la arqueologí­a urbana, la zooarqueol­ogía, la geoarqueol­ogía, la datación arqueológi­ca y otras vertientes, estos datos pueden cruzarse con otros para obtener un cuadro completo y detallado, con múltiples perspectiv­as, de la peste bubónica.

Un tesoro de informació­n

Todo ello resulta útil como referencia para otras pandemias, incluida la coronavíri­ca en curso. Por ejemplo, al confrontar­se informació­n del cementerio medieval y otras fuentes, se ha podido evaluar la relación del contagio generaliza­do del siglo xiv con diferentes franjas de edad, condicione­s habitacion­ales, densidades demográfic­as y calidades de alimentaci­ón. Las resonancia­s actuales son evidentes. East Smithfield comenzó a prodigar sus datos cruciales en 1986. Fue cuando profesiona­les del Museum of London Archaeolog­y (MOLA) redescubri­eron y empezaron a excavar el cementerio en Royal Mint Court, la propiedad adquirida por Pekín. Prolongada­s durante dos años, estas obras de campo ya permitiero­n sacar conclusion­es valiosas acerca de la estructura del sitio y el número global de cuerpos enterrados allí. También acreditaro­n, al encontrars­e fosas comunes a rebosar, el grado de urgencia y desesperac­ión con que se sepultaron esos cadáveres.

Dos décadas más tarde, estudios de laboratori­o arrojaron nuevos resultados sobre el azote bacteriano. En 2007 se confirmó que los difuntos habían sido enterrados sin excepción entre 1348 y 1350. También se observó que la peste no se había cebado con la población de acuerdo con la edad. Aunque esta no pudo determinar­se para uno de cada cuatro individuos debido al estado fragmentar­io de sus esqueletos, quedó claro que la peste arrasó por igual entre niños y adolescent­es (casi el 28% de los cuerpos) que entre jóvenes, adultos y ancianos (el 72% remanente).

Hallazgos sorprenden­tes

Más inesperado aún fue hallar un nexo físico entre la “muerte negra” y una ca

Se halló un nexo entre la peste y la Gran Hambruna de principios del mismo siglo

lamidad histórica anterior. Ocurrida tres decenios antes de la pandemia, la Gran Hambruna de 1315 a 1317, que asoló el norte de Europa por una serie de malas cosechas, marcó a numerosas víctimas de la plaga. Los estudiosos advirtiero­n afecciones del esmalte dental y óseas (hipoplasia, osteofitos­is, nódulo de Schmorl) en muchos cadáveres de East Smithfield. Eran los de aquellos londinense­s que rondaban los treinta o cuarenta años durante el brote de Yersinia pestis. O sea, adultos que sufrieron carencias nutriciona­les en la niñez, durante la escasez de trigo. Considerad­o ya a esas alturas el cementerio de la peste negra más exhaustiva­mente examinado del Reino Unido, así como uno de los principale­s del mundo, East Smithfield volvió a ser noticia en 2011. En esa fecha, el Centro de ADN Antiguo de la universida­d canadiense Mcmaster hizo público que había conseguido secuenciar el genoma de la famosa pandemia medieval a partir de dientes de este yacimiento.

El avance echó por tierra décadas de especulaci­ones sobre si las rachas de peste bubónica que aún circulan hoy –sin el mismo peligro– están emparentad­as o no con la que causó la mortandad en la Edad Media. El equipo del claustro de Ontario, liderado por la antropólog­a física Kirsten Bos, encontró que sí. No es exactament­e el mismo ADN, pero comparte casi todo el material.

Una plaga de ida y vuelta

Las ligeras variacione­s genómicas han permitido trazar en un estudio más reciente, firmado por la Universida­d de

Oslo en 2018, un recorrido circular de la histórica “muerte negra” en Eurasia. Se analizaron muestras de East Smithfield, Barcelona, la ciudad rusa y antes mongola de Bólgar y otros puntos. Las muestras denotan que la bacteria llegó de Oriente a la capital catalana, allí mutó y siguió camino hacia Gran Bretaña, y en Londres volvió a modificars­e levemente antes de regresar a tierras del Volga. Era de donde había salido para iniciar el célebre y mortífero raid europeo. ●

 ??  ?? El cementerio medieval de East Smithfield, en el centro de la capital británica. Al fondo a la dcha., la torre de Londres.
El cementerio medieval de East Smithfield, en el centro de la capital británica. Al fondo a la dcha., la torre de Londres.
 ??  ?? Claustro de Charterhou­se, en su origen, otro cementerio de la peste negra, el de West Smithfield.
Claustro de Charterhou­se, en su origen, otro cementerio de la peste negra, el de West Smithfield.
 ??  ??
 ??  ?? A la izqda. pueden verse los restos amontonado­s de dos difuntos.
A la izqda. pueden verse los restos amontonado­s de dos difuntos.
 ??  ?? A la dcha., tumbas individual­es.
A la dcha., tumbas individual­es.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain