Historia y Vida

Desastrosa­mente pionero

Beethoven vivió bien como compositor autónomo. Pero Mozart se hizo freelance demasiado pronto

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El imperio de

los Habsburgo respiraba Antiguo Régimen durante el Clasicismo musical vienés. En esa época, casi todos los compositor­es profesiona­les eran lacayos de lujo de alguna casa noble. Mozart (arriba), en su faceta de músico de cámara, estaba a sueldo de la corte para componerle piezas bailables. También su amigo Joseph Haydn, mejor situado. Kapellmeis­ter de los Esterházy (o sea, director musical de su corte), se lo puede ver en retratos hasta luciendo la librea de siervo.

Salieri no fue

una excepción. Mientras Mozart, cabeza de familia, hacía malabarism­os para pagar el alquiler principalm­ente como freelance, la Corona pluriemple­aba al compositor lombardo como director de la ópera italiana y Kapellmeis­ter del mismísimo palacio imperial. Esto le permitía ganar, solo por el primer cargo, cuatro veces más que Mozart: 3.000 florines anuales frente a los 800 que percibía el creador de La flauta mágica como salario oficial.

Para el italiano,

pues, otros ingresos eran un simple sobresueld­o. Por ejemplo, los estrenos en teatros europeos, las partituras publicadas y las clases de música. Pero para Mozart suponían su objetivo principal, en tanto autónomo pionero. Según explica el musicólogo H. C. Robbins Landon en su ensayo 1791: El último año de Mozart, este llegó a percibir 700 florines extra por derechos de autor en sus meses finales. Por desgracia, sus deudas de entonces ascendían a 3.000 florines. Esta inequidad retributiv­a, injusta para la posteridad, no influyó poco en la leyenda negra de Salieri.

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