Diez años del re­cua­dro que me Cam­bió la vi­da

Hobby Consolas - - ACTUALÍZATE -

Es­te mes, se cum­plen diez años de una de las ma­yo­res bi­fur­ca­cio­nes na­rra­ti­vas de mi vi­da. Fue en­tre oc­tu­bre y no­viem­bre de 2008 cuan­do en­tré en Hobby Con­so­las, uno de los amo­res de mi vi­da. Por aquel en­ton­ces, me dis­po­nía a ha­cer ter­ce­ro y cuar­to de pe­rio­dis­mo a la vez, yen­do a cla­se ma­ña­nas y tar­des, así que mi in­ten­ción era apar­car tem­po­ral­men­te los vi­deo­jue­gos. Sin em­bar­go, cuan­do iba a co­ger el vue­lo de Fuer­te­ven­tu­ra a Ma­drid, mi ma­dre se em­pe­rró en com­prar­me el nú­me­ro 205 de la re­vis­ta. El pro­ce­so pre­vio de mi in­fan­cia y mis pri­me­ros pi­ni­tos en el sec­tor ya lo con­té en otra oca­sión, así que no me re­pe­ti­ré.

El ca­so es que, en el Te­lé­fono Ro­jo de aquel nú­me­ro, ha­bía un re­cua­dro pe­que­ñi­to. "¿Quie­res tra­ba­jar en Hobby Con­so­las?", re­za­ba, acom­pa­ña­do de una por­ta­da de la re­vis­ta con un ma­fio­so de áurea den­ta­du­ra de Sain­ts­row2. "Eso es al­go que ni se pre­gun­ta", me di­je, así que se­guí las ins­truc­cio­nes pa­ra po­ner­me en con­tac­to y re­cla­mar una opor­tu­ni­dad, un 9 de oc­tu­bre. Los días pa­sa­ban en si­len­cio y la co­sa no pa­re­cía te­ner vi­sos de pros­pe­rar, pe­ro, el 27 de oc­tu­bre, Ja­vier Abad me es­cri­bió pa­ra pe­dir­me mi te­lé­fono. El día 30, me pre­sen­té en la re­dac­ción y es­tu­ve ha­blan­do con Ma­nuel del Cam­po y Da­niel Quesada, an­tes de que me sen­ta­ran a ana­li­zar Mi­rror'sed­ge co­mo prue­ba. Fi­nal­men­te, el 6 de no­viem­bre, re­ci­bí la fe­liz no­ti­cia de que con­ta­ban con­mi­go pa­ra co­la­bo­rar.

Mi pri­mer tex­to fue un avan­ce de Ra­ce­pro. El pri­mer aná­li­sis tar­dó un par de me­ses en lle­gar y fue de The Hou­seoft­he­dead:over­kill. Co­mo cu­rio­si­dad, mi fo­to en la re­vis­ta si­gue sien­do la mis­ma que me sa­ca­ron pa­ra aquel tex­to. Qué pe­la­zo te­nía... Yo aque­llo lo veía co­mo un pe­que­ño di­ver­ti­men­to con el que ga­nar­me unos eu­ros mien­tras ter­mi­na­ba la li­cen­cia­tu­ra y lo­gra­ba co­lo­car­me co­mo pe­rio­dis­ta de­por­ti­vo. Sin em­bar­go, po­co a po­co, los sim­ples avan­ces y aná­li­sis fue­ron de­jan­do pa­so a guías, re­por­ta­jes, via­jes a es­tu­dios top, sec­cio­nes fi­jas (co­mo el mí­ti­co Sen­sor)... Sin dar­me cuen­ta, el vo­lu­men de tra­ba­jo fue au­men­tan­do has­ta de­di­car­me por com­ple­to a la re­vis­ta. A raíz de los mo­vi­mien­tos que se fue­ron dan­do, y gra­cias a la con­fian­za de los su­ce­si­vos je­fes (Ma­nuel del Cam­po, Ja­vier Abad, Al­ber­to Llo­ret y So­nia Herranz), fui ga­nan­do pe­so en la re­dac­ción has­ta lle­gar a la te­si­tu­ra ac­tual.

En es­tos diez años, me han de­ja­do dar la ta­ba­rra has­ta el in­fi­ni­to con Shen­mue o Ya­ku­za, ana­li­zar jo­yas que de otra ma­ne­ra qui­zá no ha­bría to­ca­do ( The­sa­bo­teur, Bru­ta­lle­gend, Ali­ce­mad­ness­re­turns, etc.), me­jo­rar mi in­glés man­dán­do­me por to­do el pla­ne­ta... A ve­ces, me pre­gun­to có­mo se­ría hoy mi vi­da si no hu­bie­ra sa­bi­do de aque­lla ofer­ta de co­la­bo­ra­ción. Es im­po­si­ble de sa­ber, pe­ro du­do que otro ca­mino me hu­bie­ra da­do más fe­li­ci­dad que la que sien­to de­di­can­do mi día a día a ha­cer una re­vis­ta que es par­te de mí des­de que era ni­ño.

Du­do que otro ca­mino me hu­bie­ra da­do más fe­li­ci­dad que la que sien­to de­di­cán­do­me a ha­cer una re­vis­ta que es par­te de mí des­de ni­ño

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