Ca­na­les y la fal­ta de pun­te­ría frus­tran a un gran Car­ta­ya

Huelva Informacion - - Deportes - Ma­no­lo Camacho CÓR­DO­BA

Hay días que me­jor no le­van­tar­se. En la inau­gu­ral del cam­peo­na­to en Di­vi­sión de Ho­nor, el Car­ta­ya vi­si­tó Cór­do­ba pa­ra me­dir al­tu­ra an­te el Ciu­dad Jar­dín y allí, ba­jo 38 gra­dos de tem­pe­ra­tu­ra, el con­jun­to ro­ji­ne­gro vi­vió en pri­me­ra per­so­na lo que su­po­ne que los as­tros se ali­neen to­dos en tu con­tra. A sa­ber. Mil oca­sio­nes de gol, de to­dos los co­lo­res, por arri­ba y por aba­jo, des­de la iz­quier­da y des­de la de­re­cha, por el cen­tro y por el cie­lo, por­que eso les que­dó a los ju­ga­do­res de Pe­dro No­guei­ra, mi­rar al in­fi­ni­to y pe­dir una ex­pli­ca­ción que nun­ca lle­gó tras aca­bar el par­ti­do con em­pa­te sin go­les.

El Car­ta­ya, que tie­ne una pro­pues­ta atrac­ti­va, apre­tan­do al norte, sin­ce­ro y atre­vi­do, arran­có co­mo si le fue­ra la vi­da en el par­ti­do. A mil por ho­ra. Y den­tro de esa pro­pues­ta, acu­mu­ló en la pri­me­ra par­te cua­tro oca­sio­nes cla­ras, de esas que sue­ñas to­da tu vi­da cuan­do eres fut­bo­lis­ta. Del mi­nu­to 29 al 38, Ál­va­ro Pe­rei­ra, Lolo y dos ve­ces Se­bas, hi­cie­ron in­ter­na­cio­nal al por­te­ro Ca­na­les. An­tes de to­do eso, in­fi­ni­dad de lle­ga­das y con una po­se­sión abru­ma­do­ra. Sin em­bar­go no se mo­vió el mar­ca­dor al des­can­so y eso que ellos se que­da­ron con uno me­nos por la ex­pul­sión de Cuen­ca, al de­rri­bar a Or­dó­ñez cuan­do ya se ha­bía ci­ta­do con el por­te­ro. La fal­ta se fue al ol­vi­do.

Con el Ciu­dad Jar­dín con diez y con dos lí­neas car­ga­das de des­ca­ro en lo de­fen­si­vo, el téc­ni­co ro­ji­ne­gro dio en­tra­da a Ca­ta y re­ti­ró a Die­go. Era la bús­que­da de la rup­tu­ra de lí­neas con el ru­mano al la­do de Se­bas. Y tras unos com­pa­ses de zo­zo­bra, por aque­llo del ca­lor, in­so­por­ta­ble, el Car­ta­ya le echó car­bón a la ma­qui­na­ria y se pu­so al ta­jo sin des­ma­yo.

Oca­sio­nes por cien­tos y cór­ner uno de de­trás de otro, con el con­jun­to cor­do­bés pi­dien­do cle­men­cia y con el Car­ta­ya ca­yen­do en la de­ses­pe­ra­ción por­que no era po­si­ble no me­ter ni una. Y así has­ta el fi­nal, una y otra vez, to­das al ol­vi­do.

El par­ti­do, al mar­gen de un re­sul­ta­do inex­pli­ca­ble, de­ja va­rias lec­tu­ras. La pri­me­ra es que el Car­ta­ya se gus­ta en su pro­pues­ta y a pe­sar de no mar­car de­be in­sis­tir en ella. No siem­pre te mi­ra un tuer­to. La se­gun­da es que no se en­tien­de que a Se­bas se le va­yan oca­sio­nes que siem­pre ha mar­ca­do con los ojos ce­rra­dos. No ol­vi­da­rá fá­cil­men­te Cór­do­ba ni el uno de sep­tiem­bre. Y la ter­ce­ra es que nun­ca en su vi­da Ca­na­les ha pa­ra­do tan­to. Si hu­bo un ojea­dor en el par­ti­do, ma­ña­na es­tá en pri­me­ra pla­na de mu­chos me­dios.

Fue una de­cep­ción el re­sul­ta­do. Pe­ro so­lo eso. To­do lo de­más fue ab­so­lu­ta­men­te ma­ra­vi­llo­so. Y ese es el ca­mino. Que a na­die le en­tre ni la du­da ni el afán de cam­biar ni una co­ma del dis­cur­so que el Car­ta­ya dio en Cór­do­ba.

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Los ju­ga­do­res del Car­ta­ya, ayer du­ran­te la pau­sa pa­ra re­fres­car­se.

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