“Hay que ac­tuar con­tra el ham­bre pe­ro no por ca­ri­dad y buen ro­llo”

● Mo­vis­tar + ofre­ce en abier­to el cor­to so­bre la fa­mi­lia de un ni­ño fi­li­pino que vi­ve en un ver­te­de­ro, con la mi­ra­da de Ja­vier y Guillermo Fes­ser

Huelva Informacion - - #Yomequedoe­ncasa - Fran­cis­co A. Ga­llar­do

Aún re­ci­be fe­li­ci­ta­cio­nes por Cam­peo­nes y se ale­gra que en los Go­ya la aca­de­mia y el pú­bli­co coin­ci­die­ran pa­ra otor­gar­le el ga­lar­dón. Ja­vier Fes­ser ha es­ta­do jun­to a su her­mano Guillermo (Go­maes­pu­ma) en Fi­li­pi­nas pa­ra ela­bo­rar el cor­to El mons­truo in­vi­si­ble. Una ini­cia­ti­va de Ac­ción con­tra el Ham­bre des­ti­na­da a vi­sio­nar­se en los co­le­gios y que ofre­ce en abier­to Mo­vis­tar +. Es la his­to­ria de un ni­ño fi­li­pino, Ami­no­dín, que vi­ve en un ver­te­de­ro con su fa­mi­lia y pe­se a la mi­se­ria que les ro­dea aún tie­nen áni­mos de ayu­dar a sus pri­mos, en un cam­po de re­fu­gia­dos. To­do ello con la pá­ti­na de tier­na iro­nía de los Fes­ser.

–¿El con­fi­na­mien­to ha ve­ni­do a trun­car al­go es­te pro­yec­to, sin los ni­ños en las au­las?

–No se ha truncado na­da. El mons­truo in­vi­si­ble se ha pro­yec­ta­do en co­le­gios y que­da­rán mu­chos cur­sos pa­ra ver­la de nue­vo. Aho­ra se ofre­ce en Mo­vis­tar + pe­ro la re­to­ma­rán los pro­fe­so­res. Es una pe­lí­cu­la que no ca­du­ca y que po­drá ver­se años des­pués por­que es ci­ne pa­ra edu­car .

–Pe­ro aho­ra re­sul­ta que es­te mons­truo po­dría­mos te­ner­lo cer­ca.

–Nos pi­lla en un es­ce­na­rio nue­vo y de­be­mos ge­ne­rar pe­gun­tas y de­ba­tes so­bre nues­tro futuro. Los pro­fe­so­res pue­den po­ner a de­ba­te en­tre los ni­ños los con­di­cio­nan­tes y la reali­dad del ham­bre. En Min­da­nao con­flu­ye ade­más un con­flic­to bé­li­co y lo que con­lle­va en las re­la­cio­nes fa­mi­lia­res, el sen­ti­mien­to de co­mu­ni­dad. Ha­bla­mos de ni­ños que tie­nen ilu­sio­nes y ne­ce­si­tan una opor­tu­ni­dad.

–Los ni­ños nos es­tán dan­do lec­cio­nes. Allí y aquí.

–No­so­tros lle­va­mos en­ce­rra­dos mes y me­dio pe­ro allí lle­van con­fi­na­dos des­de ha­ce ge­ne­ra­cio­nes.

–¿Lo peor del ham­bre?

–De lo más in­jus­to, la des­nu­tri­ción cog­ni­ti­va que su­fren los ni­ños. Ven mer­ma­da la ca­pa­ci­dad in­te­lec­tual. No­so­tros que­re­mos re­gre­sar a la vi­da nor­mal pe­ro ten­dría­mos que mi­rar más ha­cia afue­ra. Con es­tos enemi­gos nos ne­ce­si­ta­mos mu­chí­sio­mo los unos a los otros. Es­te cor­to ha si­do de mis pro­yec­tos más vi­ta­les y per­so­na­les.

–¿De­be­ría­mos via­jar con otros ojos?

–Gra­cias a mi tra­ba­jo pue­do ha­cer­lo. Co­mo tu­ris­ta no se puede co­no­cer la reali­dad. Y es­ta pe­lí­cu­la es la voz de quie­nes apa­re­cen.

–Una pe­lí­cu­la que ha­ce sos­pe­char mi­llo­nes de his­to­rias trá­gi­cas.

–Siem­pre hay un pe­li­cu­lón de­trás de ca­da per­so­na. Aquí es­ta­mos an­te un ni­ño de 11 años que co­me, duer­me, vi­ve en un ver­te­de­ro. Es la his­to­ria del ham­bre cró­ni­ca, que va de ge­ne­ra­ción en ge­ne­ra­ción y que te im­pi­de sa­lir.

–¿Qué po­de­mos hacer no­so­tros, aquí?

–Ac­tuar. Hay que ac­tuar con­tra el ham­bre. Pe­ro no por ca­ri­dad y buen ro­llo. Es una ra­zón de jus­ti­cia, de igua­lad. Vi­vir o no vi­vir en un en­torno de ham­bre es só­lo cues­tión de suer­te. Hay que te­ner com­pro­mi­so real, reac­cio­nar pa­ra que no si­ga ocu­rrien­do y que el ham­bre que sea anec­dó­ti­co. Ca­da uno puede te­ner su ini­cia­ti­va.

–¿En qué de­be­ría­mos in­ver­tir?

–En edu­car a los pe­que­ños. Eso es una in­ver­sión se­gu­ra, de futuro, y ha­cer­les ver lo que pue­den hacer, con es­pí­ri­tu op­ti­mis­ta. A los ni­ños hay que es­cu­char­los más. Ca­da vez soy más cons­cien­te de las voz de los ni­ños y de los an­cia­nos. Me ad­mi­ra có­mo en Áfri­ca se es­cu­cha a los an­cia­nos y aquí los te­ne­mos a un mar­gen. En los ni­ños hay al­go im­pa­ga­ble: la fal­ta de pre­jui­cios. No tie­nen tie­nen in­tere­ses y se mue­ven más por el co­ra­zón que por la ca­be­za, co­mo los Cam­peo­nes. Mi­guel Brie­va en En­ci­clo­pe­dia Uni­ver­sal Clis­món: Bien­ve­ni­dos al mun­do ha­ce la de­fi­ni­ción de adul­to: es el re­si­duo que que­da tras el des­va­ne­ci­mien­to del ni­ño.

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Ami­no­dín co­rre­tea por su ho­gar, el ver­te­de­ro de Pa­pan­da­yan, en bus­ca de vi­drio y la­tas.

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