“Ha­go mar­cha por­que co­rrer es de co­bar­des”

Huelva Informacion - - #Yomequedoe­ncasa | Programaci­ón - Juan de la Huer­ga

–Mon­tse Pas­tor, su mu­jer, es tam­bién su pre­pa­ra­do­ra. ¿Aprie­ta más los en­tre­na­mien­tos si se en­fa­dan? –No, no. Me aprie­ta en las ta­reas de la ca­sa, la ten­go que de­jar im­po­lu­ta. –Com­pi­te en 50 km mar­cha y se pre­sen­tó a las elec­cio­nes por el PP en Ca­ta­lu­ña. Le van las op­cio­nes mi­no­ri­ta­rias.

–Soy muy col­cho­ne­ro y qui­zás ten­ga pa­sión por las cau­sas per­di­das. Ser del Atle­ti no es cual­quie­ra co­sa. –¿Su cuer­po no es­tá har­to de us­ted?

–Siem­pre he si­do cu­lo de mal asien­to; es­to va, su­pon­go, con la ge­né­ti­ca. Nun­ca pon­go lí­mi­te a las co­sas, aun­que aho­ra el cuer­po me da se­ña­les de que ya he pa­sa­do de la cin­cuen­te­na. –¿Qué hue­so y qué múscu­lo su­fren más en un mar­cha­dor?

–La ca­de­ra, la pel­vis. De he­cho, ten­go las dos ca­de­ras in­ter­ve­ni­das en la ca­be­za del fé­mur. Por tan­to, su­fren los múscu­los de al­re­de­dor: aduc­to­res, is­quio­ti­bia­les, mus­los... Nos los rom­pe­mos de vez en cuan­do si le pe­di­mos de­ma­sia­do al cuer­po. –No es­tá pa­ra bai­lar sal­sa. –He he­cho cur­sos de me­ren­gue, sal­sa y ba­cha­ta pa­ra mo­ver me­jor la ca­de­ra, aun­que no ten­go mu­cho rit­mo. –¿Por el atle­tis­mo o por gus­to?

–Ya de pa­so apren­des un po­qui­to de bai­le y, aun­que no ten­go la ne­ce­si­dad de li­gar, por si aca­so la hu­bie­se... –¿Ir de me­nos a más en las com­pe­ti­cio­nes es una lec­ción de vi­da a los jó­ve­nes? –Me gus­ta­ría que eso fue­se una op­ción, pe­ro la ten­den­cia ini­cial siem­pre es in­ten­tar ir en el gru­po de­lan­te­ro. Es­to lo apren­dí a ba­se de erro­res; cuan­do co­men­zó es­te si­glo cam­bié de es­tra­te­gia y fun­cio­nó. Em­pe­cé en el si­glo XX pe­ro lle­vo más com­pe­ti­do en el XXI. Co­mo se apren­de en la vi­da ge­ne­ral­men­te es por en­sa­yo y error.

–Pre­pa­ró el Mun­dial de Doha be­bien­do gli­ce­ri­na pa­ra hi­dra­tar­se. ¿Con qué re­fres­ca los pies, con zu­mo de na­ran­ja?

–El pro­ble­ma en Doha, más que re­fres­car­se, era se­car­se. Lo me­jor hu­bie­ra si­do lle­var­los a un se­ca­de­ro de ja­mo­nes por­que las za­pa­ti­llas al día si­guien­te del en­tre­na­mien­to se­guían hú­me­das. Las se­sio­nes eran noc­tur­nas, de día es­ta­bas es­con­di­do y ol­vi­da­ba sa­car­las al sol. Es­tá­ba­mos a 46 gra­dos, un po­qui­to más in­clu­so que en Se­vi­lla. –Se­ñor po­dó­lo­go, ¿con­se­jos pa­ra cui­dar los pin­re­les? –Te­ner siem­pre a mano una cre­ma de urea. Y no lle­var los pies apri­sio­na­dos en el cal­za­do, de­jar que el pie se mue­va, por­que te­ne­mos ten­den­cia a lle­var­los pri­sio­ne­ros en el cal­za­do.

–Si co­rrer es de co­bar­des, mar­char es de...

–Por eso ha­go mar­cha, por­que co­rrer es de co­bar­des... –¿Cuán­do fue la úl­ti­ma vez que echó a co­rrer?

–En el Ma­ra­tón de Bar­ce­lo­na en 2017 por los 25 años de los Jue­gos del 92. Y cuan­do cum­plí 40 me in­vi­ta­ron al de Nue­va York. Esas dos ve­ces me de­di­qué a co­rrer. –En­tran­do en Can­de­la­rio (Sa­la­man­ca) hay un car­tel an­ti­quí­si­mo: Au­to­mó­vi­les. Ve­lo­ci­dad. Al pa­so del hom­bre. 12 ki­ló­me­tros ho­ra. ¿Tie­nen al­ma de mar­cha­do­res en la Sie­rra de Bé­jar? –Igual es­tá cues­ta aba­jo. Ma­riano Ra­joy ca­mi­na de­pri­sa y no va a 12 km/h. Ha­bla­mos de cin­co mi­nu­tos ca­da ki­ló­me­tro, ¿eh? Esa ve­lo­ci­dad es más bien mar­cha atlé­ti­ca, más que ca­mi­nar. –¿Cuál es el pen­sa­mien­to más ab­sur­do que se le ha ocu­rri­do las cer­ca de cua­tro ho­ras que du­ra su prue­ba? –Cuan­do voy mal en la com­pe­ti­ción, pien­so que no he es­tu­dia­do su­fi­cien­te. Por en­tre­nar mu­cho no le he de­di­ca­do tiem­po a es­tu­diar y no he te­ni­do las no­tas que qui­sie­ra o he sus­pen­di­do al­gu­na asig­na­tu­ra. Y te di­ces:

“Va­ya pér­di­da de tiem­po, me­jor me hu­bie­ra de­di­ca­do a es­tu­diar”. Co­sas ab­sur­das que ya no tie­nen so­lu­ción. –Leo que en 2009 te­nía fa­ma de cas­ca­rra­bias. ¿Es un hu­ra­ño sin pie­dad aho­ra? –Aho­ra soy más cor­dial gra­cias a la en­tre­na­do­ra, que me ha sua­vi­za­do el ca­rác­ter. Tam­bién unos tie­nen la fa­ma y otros car­dan la la­na. –En la mis­ma in­for­ma­ción vie­ne que, aten­to, los “Jue­gos Olím­pi­cos nun­ca han si­do lo su­yo” y va us­ted pa­ra los oc­ta­vos.

–Por cier­to, los años im­pa­res siem­pre se me han da­do bien, he sa­ca­do me­da­llas, a lo me­jor es un pre­sa­gio... –Cuá­dru­ple me­da­llis­ta mun­dial en 13 par­ti­ci­pa­cio­nes, tam­po­co tie­ne tan­to mé­ri­to.

–Ja­ja­ja. No sa­le bue­na la me­dia, no, te­nía que ha­ber si­do más pro­lí­fi­co.

–Fue cam­peón del mun­do en 1993. Más de la mi­tad de sus com­pa­ñe­ros de la de­le­ga­ción es­pa­ño­la en To­kio no ha­bían na­ci­do.

–El sal­to tan ge­ne­ra­cio­nal es tan bru­tal que en el fon­do los en­tien­do por­que ten­go dos hi­jas de 18 y 21 años. Es una re­la­ción más pa­ter­nal que de com­pa­ñe­ris­mo. –Me­jor es­pa­ñol en Ate­nas (5º), Pe­kín (4º), Lon­dres (17º) y Río (20º). Co­mo es­pe­re un re­le­vo en los Jue­gos, es­tá en ac­ti­vo has­ta 2040. –No, lo es­toy pro­lon­gan­do más allá de lo ra­zo­na­ble. Al­guien ven­drá. La mar­cha atlé­ti­ca siem­pre ha te­ni­do can­te­ra. Yo sus­ti­tuí a gran­des mar­cha­do­res y pa­sa­rá igual con­mi­go.

–Da­do el do­pa­je de Es­ta­do ru­so, si us­ted fue­ra mos­co­vi­ta y no ma­dri­le­ño igual as­pi­ra­ría a ser olímpico en Los Án­ge­les 2028...

–Al­go ha­brían des­cu­bier­to pa­ra pa­rar el en­ve­je­ci­mien­to, ¿no? Igual tie­nen al­go por ahí. La par­te bue­na es que Pu­tin re­ga­la co­ches a los me­da­llis­tas y yo ha­bría te­ni­do la for­tu­na de vi­vir de otra ma­ne­ra. Pe­ro es­toy or­gu­llo­so de ser es­pa­ñol y vien­do aho­ra el com­por­ta­mien­to de la gen­te con lo que es­ta­mos vi­vien­do me sien­to aún más or­gu­llo­so. En mi men­te no en­tra ha­ber si­do ru­so; apar­te me gus­ta más el ca­lor que el frío. –Su ex com­pa­ñe­ro en po­lí­ti­ca Al­biol, que tam­bién es Gar­cía de pri­me­ro, ¿es más o me­nos Bragado que us­ted?

–Xa­vi co­no­ce muy bien Ba­da­lo­na, tie­ne esa gran ven­ta­ja. Más tar­de o más tem­prano vol­ve­rá a ser al­cal­de. Se­gu­ra­men­te lo que yo apli­co en el de­por­te, él lo ha­ce en po­lí­ti­ca, so­bre to­do en su mu­ni­ci­pio, lo co­no­ce bien. Al fi­nal, el dia­blo sa­be más por vie­jo que por dia­blo.

He he­cho cur­sos de me­ren­gue, sal­sa y ba­cha­ta pa­ra mo­ver me­jor las ca­de­ras, pe­ro no ten­go mu­cho rit­mo”

JA­VIER OCAÑA

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