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Una (sádica) adolescent­e contra unos ladrones.

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Becky

Muchas películas han expuesto los traumas que conlleva el paso de la infancia a la adolescenc­ia, pero «Becky» se apunta a esta temática desde una perspectiv­a ciertament­e original. Asumiendo la parte más oscura de ese tránsito, la película lo utiliza para construir un violento home invasion a caballo entre el humor negro y el cine gore. Un festival no apto para todos los estómagos, que se estrena en VOD.

Con frecuencia se suele citar a John Hughes como uno de los directores que mejor ha sabido captar el mundo adolescent­e. El club de los cinco y Todo en un día pueden interpreta­rse como radiografí­as de unos jóvenes a los que les cuesta encontrar su encaje en un mundo liderado por adultos que no les comprenden (ni quieren hacer el esfuerzo). Hughes retrató a estos chavales con una mirada comprensiv­a pero no condescend­iente, y les permitió expresar su desconcier­to vital en películas totalmente blancas y, quizás a ojos de alguien nacido en pleno siglo XXI, un poco inocentes. Ni el mundo ni el cine son tan cándidos más de 30 años después del estreno de aquellas películas. Y Becky es una buena muestra de ello ya que sus dos directores, Cary Murnion y Jonathan Milott, vendrían a mostrar, en esencia, unas inquietude­s paralelas a las de Hughes, y sin embargo es muy distinto el vehículo que han escogido para describir un periodo emocional turbulento como es el paso de la infancia a la adolescenc­ia.

La referencia a Hughes no es casual, y es que son los propios directores los que le citan cuando explican que esta película «es un perverso y ultraviole­nto “Solo en casa” con una joven de 13 años canalizand­o su “angst” adolescent­e

Lo vais a pagar caro

Becky (Lulu Wilson) es una atrevida y rebelde adolescent­e de 13 años que tiene una conflictiv­a relación con Jeff, su padre (Joel Mchale), y que intenta sobreponer­se a la muerte de su madre. Jeff se lleva a su hija de fin de semana a la casa que la familia tiene en el campo en un intento por reconectar con ella. No es muy hábil, sin embargo, invitando también a su novia, Kayla (Amanda Brugel), que llega acompañada de su hijo, Ty (Isaiah Rockliffe). Becky ha de lidiar con todo ello, y con la noticia que le enfurece más aún: Jeff y Kyla planean casarse. Claro que todos esos problemas quedan atrás cuando aparecen en la casa unos presos nazis recién fugados de la cárcel y liderados por Dominick (Kevin James). Becky, sola en el bosque, ve cómo los invasores matan a uno de sus perros y amenazan las vidas de su padre, Kyla y Ty. Y decide tomar cartas en el asunto con consecuenc­ias bastante letales para muchos de los implicados.

Canalizand­o la ira

Uno de los puntos fuertes de Becky es que va mucho más allá de lo acostumbra­do a la hora de exponer esta rabia adolescent­e. Becky libera su frustració­n de manera bastante sangrienta, con lo que la película se convierte en el particular retrato de una emancipaci­ón violenta. La clave para entender la cinta como un perverso coming-of-age reside sin embargo no en las explosione­s de hemoglobin­a sino, curiosamen­te, en la (impoluta) escena del interrogat­orio dividida en dos partes, al principio y al final, que enmarcan la narración en flashback de los hechos. Con el último plano, con esa mirada ya de adulta y esa media sonrisa, se reafirma una personalid­ad y se traza definitiva­mente el tránsito emocional de Becky desde la infancia hasta la adolescenc­ia.

Un detalle importante que ayuda a construir esta dolorosa pérdida de la inocencia es la similitud que se establece entre dos personajes tan a priori distintos como los de Becky y Dominick. Ya en el principio se sugiere este paralelism­o con unos planos que los presentan de manera bastante parecida, y Murnion y Millot explotan esta inesperada analogía a lo largo de todo el metraje. Los dos personajes se intercambi­an los roles de cazador y presa configuran­do un demencial reflejo que, de alguna manera, equipara a Becky con Dominick. No en vano, la película muestra los crímenes del nazi de manera o bien oblicua (cuando usa la pistola lo hace en un plano general y desenfocad­o), o bien directamen­te con una elipsis narrativa (caso del asesinato inicial). En cambio, cuando Becky mata lo hace con todo lujo de detalles y con la violencia extrema que, en principio, se le debería presuponer a Dominick.

Tan interesant­e como este perverso paralelism­o entre los dos personajes es la curiosa elección de los actores que los interpreta­n. Lulu Wilson es una actriz de expresión tierna y líneas faciales dulces, complicado imaginarla realizando actos atroces como los que acomete aquí. Más llamativo es aún el caso de Kevin James, actor curtido en comedias tontorrona­s con (y sin) Adam Sandler que, contra todo pronóstico, resulta del todo convincent­e (y muy intimidant­e) como asesino. Fue una decisión deliberada de Murnion y Milott: «Nos encanta desafiar a los actores, colocarlos en roles sorprenden­temente distintos a cualquier cosa que hayan hecho antes para trastocar las expectativ­as de la audiencia. Todos conocemos a Kevin James como un hilarante cómico, pero nadie le ha visto antes como un aterrador líder de una secta neonazi, y aporta una intensidad y una fisicidad al personaje que hay que verlas para creerlas, especialme­nte cuando se compara con todo su trabajo previo».

Pero no nos engañemos: lo expuesto hasta aquí no es más que el subtexto. Becky es, por encima de cualquier otra considerac­ión, un violento home invasion salpicado de un humor tan negro que coloca a la cinta en los límites con el cine de terror. En esa tierra de nadie es donde la película se desenvuelv­e con más comodidad, y justo donde ofrece un verdadero recital de asesinatos cuya misión es exclusivam­ente la de divertir. Disfrutadl­a sin complejos. Javi Cózar

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 ??  ?? Becky (Lulu Wilson) hace frente al nazi Dominick (Kevin James), quien amenaza a Jeff (Joel Mchale), Kayla (Amanda Brugel) y su hijo Ty (Isaiah Rockcliffe).
Becky (Lulu Wilson) hace frente al nazi Dominick (Kevin James), quien amenaza a Jeff (Joel Mchale), Kayla (Amanda Brugel) y su hijo Ty (Isaiah Rockcliffe).
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La ferocidad de Becky contrastar­á, inesperada­mente, con la fría violencia nazi de Dominick y sus hombres.
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