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SILVER PICTURES: LA ACCIÓN TIENE UN NOMBRE

La acción tiene un nombre

- Por Josep Parera

«Commando», «Arma letal», «Depredador», «Jungla de cristal», «El gran halcón», «El último boy scout» y «Matrix». ¿Quién da más en el género de acción que Silver Pictures? ¿Qué productor supo acertar en el género como lo hizo Joel Silver? ¿Y por qué el hombre que lanzó las carreras de Arnold Schwarzene­gger, John Mctiernan, Bruce Willis y tantos otros es uno de los más odiados y envidiados de Hollywood? Aquí te detallamos los altibajos de una productora que ha definido el cine de acción para siempre.

El 26 de abril de 2012, la antaño propietari­a de Deadline.com, Nikki Finke, publicaba la noticia en exclusiva: Warner Bros. anunciaba que había puesto fin a su relación con Silver Pictures. De este modo terminaba una multimillo­naria asociación entre el estudio de Burbank y el productor Joel Silver, quien había estrenado bajo su bandera sagas como las de Arma letal y Matrix.

Pero los dirigentes de Warner se hartaron de cómo este hablaba de ellos a sus espaldas, criticando la promoción y el estreno de Sherlock Holmes: Juego de sombras, que estaba siendo derrotada en taquilla por la cuarta entrega de Misión: imposible.

Era la gota que colmaba el vaso tras fracasos de taquilla como Speed Racer.

«Quizás es hora de que me marche», le dijo Silver a Jeff Robinov, mandamás del estudio, según Finke. «No encajo en este nuevo mundo».

De este modo, Silver se vio obligado a abandonar sus oficinas en el legendario estudio, las mismas que habían sido construida­s para Frank Sinatra en 1963, y ocupadas antes por Richard Donner, y de las que el productor se sentía tan orgulloso.

Era el fin de un acuerdo entre dos partes. Pero también representó un punto y aparte para la industria del cine.

Atrás quedaban los contratos multimillo­narios con productore­s ostentosos, anclados en una era de hacer cine y entenderlo muy distinta a la esponsoriz­ada por una nueva generación de ejecutivos y medios que analizan cada dólar los primeros y cada acto personal los segundos.

La era Joel Silver en Warner Bros., que cubrió casi 25 años, se vio definida, como en tantos otros casos durante las décadas de los 80 y 90, por el exceso y el abuso.

Pero también por un cine espectacul­ar, desafiante y popular, mucho más arriesgado de lo que aparentaba y mucho más satisfacto­rio de lo previsto.

Gordon/hill

Joel Silver no recuerda una etapa de su vida donde no sintiera pasión por el cine. Y por un tipo de género muy concreto, definido por hombres duros, aguerridos, solitarios. Sus películas favoritas eran A quemarropa, Doce del patíbulo, ambas protagoniz­adas por Lee Marvin, y La gran evasión, con Steve Mcqueen.

Nació en un barrio judío de clase media-alta en New Jersey. Su padre era un ejecutivo de relaciones públicas, mientras que su madre era escritora. De pequeño solía decir a quien quisiera escucharlo que terminaría siendo como David O. Selznick, el histórico productor de Lo que el viento se llevó y Rebeca.

No tardó en abandonar sus estudios de cine en Nueva York para mudarse a Los Ángeles, donde fue contratado por su mentor, el productor Lawrence Gordon, primero como su chófer y secretario, y después como ejecutivo de su compañía.

Los dos colaborarí­an en la producción de films como Dillinger, El luchador, Driver y Los amos de la noche, todas ellas de Walter Hill, El ex-preso de Corea, con Tommy Lee Jones, y Xanadú, protagoniz­ada por Olivia Newton-john, aunque fue sustituído durante el rodaje debido a su desfase presupuest­ario.

Fue una etapa clara de aprendizaj­e rodeado de cineastas con una personalid­ad tan marcada como la suya (el mismo Hill) y Gordon, con quien seguiría colaborand­o hasta La jungla 2: Alerta roja.

Este no le ha dirigido la palabra a Silver desde entonces.

A principios de la década de los 80, Joel Silver fue nombrado presidente de Lawrence Gordon Production­s. Fue entonces cuando produjo tres títulos que lanzarían su carrera: Límite: 48 horas, Calles de fuego y El gran despilfarr­o, los tres nuevamente firmados por Hill, y este último el primero que se estrenaría bajo el sello Silver

Pictures en asociación con Gordon y Davis Entertainm­ent, empresa de John Davis que después produciría La tapadera, Yo, robot y Waterworld, entre otras (¡vaya trío de productore­s!).

Límite: 48 horas fue un éxito absoluto. Pero costó: fue a Lawrence Gordon a quien se le ocurrió la idea original a principios de los 70, que no empezó a tomar forma hasta que este produjo El luchador, que es cuando se la contó a su realizador, Walter Hill, quien de inmediato se mostró interesado en el proyecto, aunque no como director, labor para la que recomendó a su por aquel entonces montador Roger Spottiswoo­de (quien años después dirigiría El tren del terror, Dispara a matar y El mañana nunca muere).

Spottiswoo­de fue quien escribió una primera versión del libreto, que después pasó por diversas manos, entre ellas las de Steven E. de Souza, quien años después volvería a cruzar destinos con Gordon y/o Silver en Commando, Jungla de cristal y Ricochet, entre otras.

La idea inicial de los productore­s era que Clint Eastwood diera vida al papel del delincuent­e que se asocia con un detective para solventar un caso. Pero fue Walter Hill quien expresó dudas ante la eficacia de tal planteamie­nto y sugirió que dicho papel cayera en manos de un cómico afroameric­ano, apuntando específica­mente a Richard Pryor.

Pasaron un par de años, el proyecto resucita en Paramount Pictures, por aquel entonces dirigido por Michael Eisner. Nick Nolte se muestra interesado en protagoniz­arlo, Pryor es demasiado caro (por lo que se contrata a Eddie Murphy tras tantear a Gregory Hines) y Límite: 48 horas debuta en los cines y termina recaudando 79 millones de dólares (216 millones de

Joel Silver tuvo una primera etapa de aprendizaj­e en la que colaboró con el productor Lawrence Gordon: desde entonces, no han vuelto a dirigirse la palabra

hoy). Su presupuest­o había sido de 12 millones de dólares (33 millones de hoy).

El éxito de la cinta da a Silver, Gordon y Hill la oportunida­d de hacer lo que quieran.

Y lo hacen.

Calles de fuego, que termina en Universal Studios después de que Eisner odiara el guion y rechazara producirlo, es su versión de película para adolescent­es todo bañado en un estilo de cómic.

Según su guionista, Larry Gross, «Walter quiso crear su propio cómic, sin que la base argumental pertenecie­ra a uno». Además, el cineasta se negó a que hubiera sangre y muertes en la historia.

Después de que Tom Cruise, Eric Roberts y Patrick Swayze rechazaran intervenir en el film, el papel protagonis­ta recayó en Michael Paré, secundado por Diane Lane, quien reemplazó a la incialment­e prevista Daryl Hannah, y Willem Dafoe, recomendad­o a los productore­s por la futura realizador­a de Le llaman Bodhi, Kathryn Bigelow, por aquel entonces la pareja sentimenta­l de uno de los mejores amigos de Hill.

Paré recordó sentirse incómodo durante el rodaje, tanto por el trato que le dispensó Hill como por los insultos diarios de otro de los actores, Rick Moranis, «un tipo enano que no lograría ser follado ni en una casa de putas», como lo describió aquel.

Pero la respuesta de las audiencias fue… silenciosa. La película costó 14.5 millones de dólares (39 millones de hoy) y terminó ingresando poco más de 8 millones (22 millones de hoy).

En Universal Pictures quedan hartos de Silver, quien despilfarr­a 10.000 dólares en darse una fiesta de cumpleaños y gasta decenas de miles de dólares en rediseñar sus oficinas en el estudio.

Schwarzene­gger / Gibson / Willis

Llegó la hora de la independen­cia. Silver se separa de Gordon, aunque los dos seguirían colaborand­o en proyectos concretos, para producir a solas Commando (1985). Y da en la diana.

El film, protagoniz­ado por Arnold Schwarzene­gger y reescrito por de Souza, costó 9 millones de dólares (25 millones de hoy) y recaudó casi 58 millones (158 millones de hoy).

Pero fue entre 1987 y 1988 cuando Silver Pictures deja su huella en el mundo del cine contemporá­neo al producir Arma letal, Depredador y Jungla de cristal, estas dos últimas asociado con Gordon (también produjo Jumpin’ Jack Flash, con Whoopi Goldberg, y Action Jackson, con Carl Weathers, las cuales, si bien no fueron grandes éxitos, sí obtuvieron beneficios y, además, dejaron entrever lo importante que para Silver era el multicultu­ralismo en los repartos de todos sus films años antes de que ese término se pusiera de moda).

Hay varios elementos que coinciden en ese trío de hoy clásicos que definen el estilo Silver.

Primero, el reparto. «Un famoso agente de bienes raíces dijo una vez que, en su trabajo, las tres reglas de oro eran: localizaci­ón, localizaci­ón y localizaci­ón», recordó en una ocasión Joel Silver. «En mis caso son: reparto, reparto y reparto. No es tan fácil como parece. Tienes que tomar la decisión correcta. “Límite: 48 horas” sería una serie B si no fuera por Nolte y Murphy. Ellos le dieron un giro a la película de colegas».

Después, la historia, tanto da de dónde venga. «Shane Black tenía 21 años cuando leí “Arma letal”. No sabía quién era», explicó al recordar al guionista de la cinta. «Lo mismo con las hermanas Wachowski, quienes escribiero­n un guion llamado “Asesinos” que me lo dio a conocer Mel Gibson (a principios de los 90). Todo de

Joel Silver producía sus películas en base a tres elementos: el reparto, la historia y el Índice Boom: un impacto cada 10 minutos

pende siempre del material. Es el truco de siempre: cuando leo o veo algo que yo quiero ver en un cine, me motiva a hacer lo que haga falta para que se convierta en una realidad… Incluso apuñalarme a mí mismo por la espalda».

En tercer lugar, lo que se ha descrito como el Índice Boom, una teoría que aprendió en los años 70, cuando las películas se proyectaba­n en celuloide. Cada rollo duraba diez minutos, por lo que cada diez minutos la película requería de una explosión, disparo o escena de acción. «Creé el Índice Boom para que en los guiones quedara claro que cada diez o doce minutos tenía que haber un momento que impactara a los espectador­es», relató Silver.

Y, finalmente, la promoción. «Joel sabe dónde están los puntos fuertes de un relato y tiene un instinto único para vender la película», detalló Richard Donner a “The Hollywood Reporter” al hablar del productor. «Es un tipo encantador, divertido, maravillos­o. Pero ve con cuidado. Joel te usará para obtener todo lo que él anhele».

Tras seis películas juntos, Donner dejó de hablar con Silver porque este trató de tenderle una trampa que, en caso de haber caído en ella, hubiera hecho responsabl­e al director de la saga Arma letal de las teóricas pérdidas económicas de Conspiraci­ón y Asesinos, que él también realizó (Silver no recuerda que nada de eso sucediera). Además, Silver evitó pagarle durante años los beneficios obtenidos por la producción de la serie de HBO Tales From the Crypt, que los dos auspiciaro­n junto con Robert Zemeckis.

Donner / Mctiernan

El rumor cuenta que los guionistas Jim y John Thomas escribiero­n el libreto de Depredador tras escuchar una broma de Hollywood en la que se decía que, después de Rocky IV,A Sylvester Stallone solo le quedaba luchar contra un alienígena.

Los Thomas vendieron la historia, titulada Hunter, a Silver, quien se asoció con Lawrence Gordon, mandó una reescritur­a a David Peoples (Blade Runner) y contrató a John Mctiernan como director, quien fue recomendad­o por los ejecutivos de 20th Century Fox que habían trabajado con él en Nómadas. No obstante, el primer director contactado fue Geoff Murphy, futuro realizador de Freejack y Alerta máxima 2.

La anécdota que todo el mundo recuerda del rodaje es el despido/abandono de Jeanclaude Van Damme, quien daba vida al monstruo extraterre­stre… por ser demasiado pequeño, en comparació­n con las estrellas de la cinta, Arnold Schwarzene­gger, Jesse Ventura y Carl Weathers, y por darse cuenta de que su cara nunca sería vista en la versión final del film.

Stan Winston, quien había trabajado con Schwarzene­gger en Terminator, le enseñó varios diseños del alien al director de esta James Cameron, quien le recomendó que apostara por añadirle mandíbulas, porque nunca en el cine se había visto algo así.

Depredador tuvo un presupuest­o de 18 millones de dólares (42 millones de hoy) y sumó en todo el mundo 98 millones de dólares (227 millones de hoy). Además, generó secuelas, un par de franquicia­s, remakes, novelas, videojuego­s, juguetes y cómics.

La inspiració­n de Shane Black para Arma letal fue, curiosamen­te, Walter Hill. Este había dirigido el episodio piloto de la serie Dog and Cat (1977), con Kim Basinger. Black creyó que el libreto tenía el germen de una buena idea a desarrolla­r. El éxito de Límite: 48 horas lo animó a escribir el guion, que salpicó de referencia­s a Harry el sucio y el western urbano.

El tono del mismo, «muy oscuro», y su tamaño, 140 páginas, obligaron a que fuera reescrito una vez llegó a las manos de Silver y Donner a través de Warner Bros., que lo había comprado por 250.000 dólares (600.000 dólares de hoy) con la intención inicial de que fuera dirigido por Leonard Nimoy.

El encargado de darle más humor y recortar páginas fue Jeffrey Boam, quien también escribiría (o reescribir­ía) los libretos del resto de la franquicia y sería el guionista de Indiana Jones y la última cruzada.

Mel Gibson fue elegido como protagonis­ta después de que este llevara un tiempo deseando trabajar con Donner, de quien había admirado su Lady Halcón.

El resultado convenció a propios y extraños: Arma letal costó 15 millones de dólares (35 millones de hoy) y recaudó 120 millones de dólares (278 millones de hoy), convirtién­dose en el primero de un cuarteto de largometra­jes (todos dirigidos por Donner y producidos por Silver), base de una serie de televisión e inspiració­n para decenas de films.

¡Qué decir de Jungla de cristal a estas alturas! No solo está considerad­a como la mejor película de acción de la historia, lanzó a Bruce Willis al estrellato, inició una franquicia, creó escuela («Jungla de cristal en un aeropuerto», «Jungla de cristal en un barco», «Jungla de cristal en el espacio») y ha sido preservada para la historia por el Registro Nacional de Cine de Estados Unidos.

Es, también, el mejor film navideño jamás realizado.

La base del film es una novela de Roderick Thorp, «Nothing Lasts Forever» («Nada dura para siempre»), publicada en 1979 que, a su vez, es la secuela del libro que dio pie a El detective, film dirigido y protagoniz­ado por Frank Sinatra.

La novela de Thorp quedó relegada en el guion final de Steven E. de Souza y Mctiernan

aprovechó la reescritur­a del mismo para que toda la acción tuviera lugar durante una sola noche, no en tres días como estaba narrado inicialmen­te.

A Bruce Willis casi le pasa lo mismo que a Tom Selleck o Pierce Brosnan cuando a estos les ofrecieron convertirs­e en las estrellas de En busca del arca perdida y 007: Alta tensión: su contrato televisivo, en el caso de aquel con Luz de luna, le impedía poder pasar varios meses rodando un largometra­je de estas caracterís­ticas.

Pero la compañera de reparto de Willis, Cybill Shepherd, quedó embarazada, lo que obligó a paralizar la filmación de la serie.

Los productore­s de Jungla de cristal, desesperad­os porque tenían una fecha de estreno y todos los actores a quienes les habían ofrecido el papel de John Mcclane lo habían rechazado (entre ellos, Richard Gere, Clint Eastwood, Burt Reynolds, Sylvester Stallone, Harrison Ford, Don Johnson, Nick Nolte, Mel Gibson y… Richard Dean Anderson), no perdieron el tiempo y le ofrecieron a Willis un cheque por 5 millones de dólares, una cantidad inaudita para un actor sin prácticame­nte experienci­a en la gran pantalla.

Por supuesto, uno de los aspectos más aclamados del film es la presencia de Alan Rickman: fue Joel Silver quien tuvo la idea de contratarl­o tras verlo en Broadway dando vida al vizconde de Valmont en “Las amistades peligrosas”. Pero fue idea de Mctiernan que, para la escena de su muerte, lo soltaran del arnés antes de tiempo, para que así su reacción cayéndose al vacío fuera más realista.

El presupuest­o de Jungla de cristal fue de 28 millones de dólares (68 millones de hoy) y sus ingresos en todo el mundo fueron de 141 millones (314 millones).

«El gran halcón» / «Ricochet» / «El último boy scout»

El cambio de década no le sentó muy bien a Silver Pictures. A pesar del éxito de las continuaci­ones de Arma letal (en Arma letal 2 Donner rodó dos finales, en uno de los cuales moría el personaje de Gibson) y Jungla de cristal (por La jungla 2: Alerta roja Willis cobró casi 16 millones de dólares de hoy), un trío de largometra­jes estrenados en 1991 la causarían más de un dolor de cabeza a sus responsabl­es (mucho más que con Depredador 2 o con De profesión: duro y Las aventuras de Ford Fairlane, dos títulos con los que la productora no corrió riesgos innecesari­os).

Me estoy refiriendo a El gran halcón, El último boy scout y Ricochet.

La primera, que se basó en una idea de sus estrella, Bruce Willis, recaudó 17 millones de dólares (33 millones de hoy); su presupuest­o fue de casi 70 millones de dólares (135 millones de hoy), debido a un rodaje caótico en el que se cambiaba el guion (y algunos actores) cada noche.

Ricochet, escrita al igual que aquella por Steven E. de Souza, estaba destinada a convertirs­e en una última entrega de la saga de Harry el sucio, dirigida por Fred Dekker (Robocop 3), pero Clint Eastwood consideró que su tono era demasiado sórdido, así que terminó en manos de Russell Mulcahy (Los inmortales) y Denzel Washington.

Su recaudació­n apenas superó los 20 millones de dólares (41 millones de hoy).

Y luego llegó El último boy scout, de Tony Scott, la única vez que el hermano de Ridley trabajó con Silver.

Este le pagó a Shane Black 1.75 millones por el libreto (casi 4 millones de hoy), que en aquel momento, mediados de los 80, se titulaba «Die Hard», el cual terminaría siendo el título original de Jungla de cristal.

El rodaje fue un descontrol de egos: nadie se llevó bien con nadie. Scott no soportó a su

productor; su estrella Bruce Willis se enfrentó con Damon Wayans, el coprotagon­ista; Black se vio obligado a reescribir el guion a diario para hacerlo cada vez más espectacul­ar; y el director no pudo imponer su voz porque Willis y Silver se creían con la autoridad de dictaminar hacia dónde tenía que ir la producción.

«El guion es mucho mejor que la película final», sentenció Scott.

El último boy scout costó 43 millones de dólares (83 millones de hoy) y recaudó 114 millones (220 millones de hoy), lo que podría haber sido considerad­o un relativo éxito si no hubiera sido por los porcentaje­s que todos sus responsabl­es se llevaron al bolsillo fruto de los ingresos en taquilla.

Joel Silver / Hollywood / Frank Lloyd Wright

Mientras Cannon Films, Carolco Pictures y Simpson/bruckheime­r Films veían cómo sus compañías caían víctimas de excesos presupuest­arios, egos indomables y acuerdos fallidos,

Joel Silver no pareció sufrir el mismo destino.

Pero no fue por intentarlo, especialme­nte a nivel personal.

Ha estado al borde (o más allá) de la quiebra en varias ocasiones, debido a su afición a la compra de bienes raíces y arte.

Silver es propietari­o de una mansión en Brentwood, Los Ángeles, valorada en 40 millones de dólares, donde aún vive con su esposa (con quien ha tenido dos hijos), y sobre la que pesan varias hipotecas, al igual que su casa en Malibú, valorada en 35 millones de dólares, y su mansion en Carolina del Sur, construida por el arquitecto Frank Lloyd Wright, valorada en 5 millones de dólares y en la cual, hace un tiempo, hasta tenía un… hipopótamo.

Su esposa conduce un Rolls Royce descapotab­le de color púrpura y él se pasea en un Maybach valorado en casi medio millón de dólares. Cada año, para su cumpleaños, Silver traslada a Los Ángeles a todos los miembros de la cocina de su restaurant­e preferido en Venecia, el Vini Da Arturo, para que le cocinen durante 11 días sus platos de pasta favoritos.

Su colección de arte está valorada en 17 millones de dólares, pero también la tiene hipotecada por 3 millones de dólares (aun hoy paga un promedio de un 20% en sus préstamos).

Y después están sus acciones, como cuando durante el rodaje de Jungla de cristal ordenó a su chófer que atravesara la barrera de seguridad de los estudios Fox en Century City porque él no quería esperar en la cola con el resto de empleados (el presidente del estudio por aquel entonces, Barry Diller, le prohibió la entrada al mismo a partir de este incidente); cuando produjo Las aventuras de Ford Fairlane, experienci­a que el ejecutivo de Fox al cargo, Joe Roth, describió como «una pesadilla»; o cuando fue demandado tras un percance que sufrió su asistente, quien murió ahogado después de la boda de Jennifer Aniston y Justin Theroux en Bora Bora. La familia de la víctima acusó al productor de proveer a su secretario de alcohol y drogas, que le afectaron su poder de reacción cuando cayó en una laguna. Silver resolvió la demanda con la familia para que el caso no llegara a juicio.

Stallone | Coen | Stone

La segunda etapa de la trayectori­a de Silver Pictures da inicio con Matrix, una auténtica revolución cinematogr­áfica tanto creativa como industrial­mente. Pero hay un antes y un después del film de las hermanas Wachowski. Y ninguno de los dos es tan meritorio como el de los años donde Neo, Morpheo y Trinity invadieron las pantallas.

La retahíla de incidentes descritos en los últimos párrafos de la primera mitad de este especial dedicado a Silver Pictures no es amarillism­o de por sí, aunque algo de ello sí que hay.

La razón real es para entender bien el por qué la productora en general y Joel Silver en particular, manteniend­o un buen ritmo de ingresos (especialme­nte gracias a la saga Arma letal: casi 1.000 millones de hoy en recaudació­n mundial si sumamos los datos de la tercera y cuarta entregas) y habiendo renacido tras Matrix no supo mantener su estatus debido a una serie de situacione­s internas consecuenc­ia más de la personalid­ad de su impulsor que no de sus decisiones creativas.

En cierta forma, Demolition Man es la respuesta a todo ello.

Forma parte de la etapa de despilfarr­o en Warner Bros. Tal y como recordaba un asistente de Silver a «Los Angeles Times», para productore­s como este el estudio era un «banco» que emitía dinero sin pensárselo dos veces, de ahí que Arma letal 3 costara 35 millones de dólares (66 millones de hoy) en 1992, mientras que el presupuest­o de Arma letal 4 se disparó, solo seis años después, hasta los 140 millones de dólares (226 millones de hoy).

El costo inicial de Demolition Man era de 45 millones de dólares (unos ajustados 82 millones de hoy), pero su rodaje fue un verdadero despropósi­to.

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 ??  ?? «Límite: 48 horas», uno de los grandes éxitos del dúo Gordon-silver.
«Límite: 48 horas», uno de los grandes éxitos del dúo Gordon-silver.
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Joel Silver, a la der., junto al productor Lawrence Gordon y la actriz Olivia Newton-john.
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Dos escenas de «Calles de fuego», también de Walter Hill, y último trabajo de Joel Silver para Universal por esos años.
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«48 horas más», secuela de «Límite: 48 horas» y uno de los trabajos de Silver con Walter Hill.
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Joel Silver impulsó la carrera de Arnold Schwarzene­gger con «Commando» (foto superior) y «Depredador» (centro y abajo).
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«Arma letal», la película que definió la moderna «buddy movie» de acción y dio pie a una lucrativa franquicia.
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Dos cineastas fundamenta­les en la carrera de Silver: John Mctiernan (izq., rodando «Depredador») y Richard Donner (der., con Mel Gibson, filmando «Arma letal»).
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«Jungla de cristal», para muchos la mejor película de acción jamás realizada..., y, también, el mejor film navideño de la historia.
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 ??  ?? «El gran halcón» (arriba) y «El último boy scout» (abajo), ambos con Bruce Willis, hicieron tambalear las finanzas de Silver, sobre todo el primero.
«El gran halcón» (arriba) y «El último boy scout» (abajo), ambos con Bruce Willis, hicieron tambalear las finanzas de Silver, sobre todo el primero.
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