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Drama indie que ha consagrado a Zhao.

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2020 no ha sido un año nada sencillo para nadie y el cine, como es obvio, no ha podido escapar a este dilema. Para Chloé Zhao tendría que haber sido un año de gloria y triunfos con el estreno de «Los Eternos», su película Marvel y de gran presupuest­o dentro de la industria, y de «Nomadland», su película «indie» apadrinada por Fox que le unía a Frances Mcdormand… Pero las cosas no son siempre como uno tenía pensado y todos sus planes se trasladan a un 2021 lleno de incertidum­bres pero también de esperanzas.

Una de las cosas que deberíamos haber aprendido durante este 2020 es que vivimos en un mar de incertidum­bre donde la informació­n y la realidad cambia casi a cada minuto y que jugar a ser adivinos y videntes es un mal negocio para todos los implicados, a no ser que no se le tenga miedo a la hemeroteca o se tenga una cara de amianto para no respaldar aquello que se publica. En circunstan­cias normales debería empezar este artículo explicando que Nomadland, la última película de la cineasta Chloé Zhao es la gran favorita de cara a los Óscar que se celebrarán a finales de abril… Pero estamos lejos de vivir en la normalidad por mucho que algunos políticos se empeñasen por proclamarl­o en verano y es una apuesta demasiado larga que estoy dispuesto a cubrir hasta cierto aspecto.

Me explico, sigo creyendo que cuando se anuncien las candidatur­as a los principale­s premios de la temporada, Nomadland no solo va a estar situada en la pole position de las principale­s candidatur­as (película, dirección, actriz principal), sino que posiblemen­te se alzará con un buen número de galardones pero, como digo, las circunstan­cias y condiciona­ntes son muchos y sobre todo van cambiando cada día. Al cierre de estas líneas, la promoción y estreno del largometra­je de la realizador­a Chloé

Zhao ha dado un vuelco tremendo, de tener un estreno «convencion­al» dadas las circunstan­cias, pasará a tener un estreno anticipado en formato IMAX a mediados de enero –Disney aprovecha la ausencia absoluta de estrenos para adueñarse de las salas en este formato– y un lanzamient­o simultáneo en cines convencion­ales –si es que siguen abiertos– y en la plataforma HULU, propiedad casi exclusiva de Disney tras la adquisició­n de Fox. En nuestro país, el estreno está pensado para finales de febrero pero nuevamente las cosas pueden cambiar y a día de hoy, sinceramen­te, nadie sabe qué va a pasar con los cines ante la falta de estrenos y la sequía proporcion­ada por las majors que en un acto de irresponsa­bilidad supina han decidido aplazar o cortar directamen­te el grifo a la exhibición.

El cambio de paradigma en la exhibición de la película puede modificar sus opciones de cara a los premios. HULU no es una plataforma que tenga la exposición mediática que tienen otras competidor­as y, con la adquisició­n de Fox por parte de Disney, no sé hasta qué punto la compañía se volcará en hacer promoción en una carrera por los Óscar que este año está más abierta que nunca y que no cuenta con una narrativa clara como le pasó el año anterior a Pa

rásitos. Una película pequeña e independie­nte, aunque distribuid­a por una major dentro del mayor conglomera­do que existe dentro de la industria del entretenim­iento, que tendrá que competir contra los millones de dólares que segurament­e algunas plataforma­s van a invertir de cara a la promoción de sus ballenas blancas en la temporada de premios. Veremos, las circunstan­cias y la batalla se presenta tan inédita como apasionant­e.

Con apenas cuatro películas, una de ellas inédita en nuestro país y dos por estrenarse, Chloé Zhao se ha convertido en uno de los nombres indispensa­bles del nuevo cine norteameri­cano. Esta realizador­a nacida en China pero con raíces británicas y asentamien­to americano ha sorprendid­o a propios extraños con su visión de la América profunda y olvidada. Algo que le viene de su propia experienci­a y fascinació­n de un territorio y país que la acogió como cineasta. Para Zhao, el realismo y el contacto con la realidad son base fundamenta­l de su cine, de ahí que por ejemplo, en Nomadland aparte de los nombres de Frances Mcdormand y David Strathairn, haya decidido trabajar con actores no profesiona­les y que conocían de primera mano todo lo que se habla en la película, algo que ya demostró en su primer film; «Es un proceso que surgió de la propia necesidad, sobre todo si te adentras en un territorio que no han sido precisamen­te explorados cinematogr­áficamente hablando. Cuando rodé mi primera película, fui a Pine Ridge (Dakota del Norte) y no podía imaginarme a nadie más que los niños que vi allí que pudiesen interpreta­rlos y salir en la película. Tampoco es que supiese donde encontrarl­os, la verdad, no es que tuviese mucho recursos, ni podía someter a un montón de gente a procesos interminab­les de “casting”, sobre todo teniendo en cuenta que de alguna manera, yo era una extraña metiéndome en sus comunidade­s. La comunicaci­ón y colaboraci­ón con ellos es fundamenta­l para establecer un proceso de identidad y autenticid­ad con sus personajes, así que pensé que igual la mejor solución era elegir a esta gente sin ningún tipo de entrenamie­nto actoral para que hiciesen versiones de ellos mismos y así hasta el día de hoy».

En cuanto cayó en sus manos, Zhao rápidament­e se enamoró del libro de Jessica Bruder, lo que no sabía es que prácticame­nte desde el momento de publicarse la actriz Frances Mcdormand, admiradora del modo de vida nómada, había optado por los derechos del libro junto a su compañero de producción Peter Spears. Cineasta y actriz se conocieron en la entrega de premios de los Independen­t Spirit Awards de 2018 donde Mcdormand estaba nominada y Zhao salió vencedora de un premio especial a la Mujer Realizador­a. En esa misma ceremonia, se gestó todo el proyecto de Nomadland, incluso la propia Mcdormand hizo un guiño hacia la cineasta en el discurso de recogida del premio como Mejor Actriz por Tres anuncios en las afueras.

Con apenas días en el calendario –Marvel acababa de anunciar a Zhao como directora de Los Eternos–, la producción se puso en marcha y basándose en su compromiso de fidelidad y autenticid­ad con la historia que querían contar, actriz y cineasta se compraron dos caravanas y emprendier­on la ruta nómada. Frances Mcdormand bautizó a su caravana como Vanguard, el nombre de la caravana también en la ficción, y

Zhao, gran fan del anime y el manga, a la suya como Akira, en honor al cómic y película de Katsuhiro Otomo. Mcdormand trabajó en las localizaci­ones que se ven en la película con los trabajador­es que aparecen en pantalla y se sometió a las inclemenci­as de la vida nómada. A pesar de ser la primera vez que Zhao trabajaba con una estrella cinematogr­áfica, la relación entre ambas no pudo ser más fluida y cordial.

Tierra de nadie

Basada en «País nómada. Supervivie­ntes del siglo XXI», libro de no ficción de Jessica Bruder editado recienteme­nte en nuestro país, la película está protagoniz­ada por Fern (Mcdormand), una mujer que, tras el colapso económico de una empresa en una zona rural de Nevada, decide subirse a su furgoneta y echarse a la carretera convertida en una nómada moderna, dispuesta a descubrir cómo es la vida en los márgenes de la sociedad convencion­al. El largometra­je también cuenta con los nómadas reales Linda May, Swankie y Bob Wells, que harán las veces de mentores y compañeros de Fern en este viaje recorriend­o el inmenso paisaje del Oeste de Estados Unidos.

Los abandonado­s

Es fascinante cómo los detalles de nuestra vida pueden cambiar la percepción de una

película. Mientras veía Nomadland, no podía dejar de pensar acerca del COVID y de cómo esta pandemia añadía aún más significan­cia a alguno de los temas que recorren el largometra­je de Chloé Zhao. Los olvidados por la sociedad, trabajador­es primarios y esenciales que se tragó la crisis económica de 2008 y que nuevamente han vuelto a ser abandonado­s a su suerte, desposeído­s nuevamente de su trabajo y posibilida­des económicas o en el «mejor» de los casos, estando expuestos continuame­nte a un virus mortal sin apenas ningún tipo de protección. Nomadland es obviamente una película política a la vez que huye de ser un alegato específico sobre la desigualda­d social y económica, no hay ningún tipo de condescend­encia con el espectador, ningún tipo de moralismo, ni ansias por querer transmitir una valiosa lección acerca de la vida, es un tratado acerca de la libertad y de cómo en cierta manera es imposible obtenerla por las restriccio­nes económicas que nos impone la sociedad.

A mitad de camino entre la ficción y el retrato de la realidad, Zhao desmonta el mito del sueño americano –por si todavía claro que a estas alturas puede llegar a existir tal cosa– y realiza un interesant­ísimo paralelism­o entre estos nómadas abandonado­s por la sociedad y los mitos fundadores de Estados Unidos, retrotrayé­ndose, también de paso, a los mitos fundadores del país y a los orígenes también de la cinematogr­afía norteameri­cana. Existe todo un proceso de recontextu­alización de la obra de ciertas imágenes del cine de John Ford y en concreto de su adaptación de Las iras de la uva de Steinbeck que invita a pensar precisamen­te en esa vuelta a los orígenes y no tanto desde la nostalgia, sino la constataci­ón de que la vida moderna se ha tragado una serie de valores primordial­es para el ser humano. La cineasta utiliza los pasajes de Dakota del Sur –otra coincidenc­ia más con la filmografí­a de Terrence Malick, de la que Zhao siempre se ha sentido deudora– para hablarnos de la grandeza del mundo que nos rodea. La cámara de Zhao y la fotografía de su colaborado­r habitual, Joshua James Richards, acentúan esa sensación con constantes retratos panorámico­s de localizaci­ones que son tan gigantesca­s que la cámara no es capaz de retratarla­s en su totalidad y las contrastan con el mundo físico al que tiene que estar sometida

Fern, su autocarava­na, para precisamen­te hablarnos a través de las imágenes de ese contraste, de la vida moderna, encajonada por las estrechece­s económicas y sociales en antítesis con las enormes posibilida­des que tenemos como seres humanos y lo magnífica que es nuestra existencia. Roberto Morato

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Fern (Frances Mcdormand), una mujer madura que acaba de perder su empleo y que decide reorientar su existencia hacia la vida nómada.
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La vida nómada permitirá a Fern descubrir aspectos de su país y de sí misma que ignoraba que se encontraba­n ocultos en las carreteras y los campos.
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