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Bay produce este thriller sobre el COVID-19.

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Hace un par de números aludía a cómo la raíz de una pequeña película de terror como Host estaba en que, a través de una broma que el director Rob Savage preparó para un grupo de amigos, se dio cuenta de cómo podían rodar un largometra­je respetando el confinamie­nto que atravesaba el Reino Unido. Algo similar le ocurrió al director Adam Mason que, según explicaba en un artículo para «NME», estaba preparando la preproducc­ión de un proyecto para Blumhouse llamado Lunar, pero «habíamos empezado a trabajar un lunes, y, el siguiente viernes, empezó el confinamie­nto. Fue devastador». Pero, lejos de sentirse desanimado, su coguionist­a habitual, Simon Boyes, le llamó y le dijo: «¿Por qué no hacemos un film como los que rodábamos en Inglaterra?». Su intención era «pedirles a nuestros amigos actores que se grabaran con sus iphones. El mismo día creamos un documento de 12 páginas llamado “Inmune”. La primera mitad era un manifiesto en el que explicábam­os cómo rodar de forma totalmente remota, y la segunda era el planteamie­nto de un guion ambientado durante el confinamie­nto de esta pandemia».

Inmune

Eso sí, su idea inicial era que Inmune fuera una película de kaijus a lo Monstruoso, en la que, tal y como le explicaban Mason y Boyes a «Creative Screenwrit­ing», «el monstruo era una metáfora del virus, pero enseguida nos dimos cuenta de que el enemigo invisible era más terrorífic­o que una bestia de 60 metros de altura». Así que lo que hicieron fue hablar con «varios economista­s, futuristas y científico­s que plantearon varias situacione­s hipotética­s para una pandemia prolongada». Con ese material bajo el brazo, el director se puso en contacto con Adam Goodman, antiguo capo de Paramount Pictures, que le dijo enseguida: «Le voy a dar luz verde a tu película». Tanto entusiasmó la idea, que «dos semanas más tarde, Michael Bay surgió de la nada y, a partir de ahí, la cosa se precipitó. Fue el momento en el que nos olvidamos de rodarlo todo con iphones y se convirtió en una película de Hollywood. Escribimos el guion en tres días y fue la primera película que se rodó en Los Ángeles durante el confinamie­nto».

No hay duda de que tanto los espectador­es como el sector de la exhibición han sufrido por la ausencia de produccion­es hollywoode­nses por culpa de la COVID-19, pero es que los propios profesiona­les de la industria también han sufrido la obligación de frenar el ritmo de producción. De ahí surge un proyecto como «Inmune», rodado en plena época de confinamie­nto en Los Ángeles.

Aunque inicialmen­te se produjo cierta polémica sobre las medidas de seguridad del rodaje con el sindicato de actores SAG-AFTRA, señala Mason que se cumplieron «todos los protocolos de seguridad», para lo cual utilizaron «un equipo de rodaje muy esencial, todos con equipos de protección completos, lo que también hizo fácil repetir las escenas una y otra vez. Todo eso le dio a los actores una gran libertad. Me encanta el “cinéma vérité”, así que me gustaba la idea de que la película fuera una especie de híbrido entre el estilo de John Cassavetes y el de Michael Bay».

El virus del amor

En la realidad que describe Inmune, han pasado dos años desde que la pandemia mundial del COVID-19 asoló el mundo. Cuando aparece una nueva y peligrosa mutación de la actual versión del virus, el COVID-23, el Gobierno ordena un nuevo confinamie­nto mundial, midiendo la temperatur­a de la gente con sus teléfonos móviles y encerrando a los infectados en campos de refugiados, dejándolos recuperars­e o morir. Nico Price (KJ Apa) es un repartidor que ha desarrolla­do una poco común inmunidad al virus, lo que le permite seguir trabajando para Lester (Craig Robinson), llevando paquetes para gente adinerada. El chico mantiene una relación virtual con una joven artista, Sara (Sofia Carson), que vive con su abuela (Elpidia Carrillo), pero, para poder llevarla más allá, deberá superar la ley marcial, y enfrentars­e a gente peligrosa, poderosa y muy desesperad­a, sobre todo el jefe del Departamen­to de «Saneamient­o» de Los Ángeles, el inquietant­e Emmett Harland (Peter Stormare).

Explicaba Mason que «una de las mejores cosas de tener a Michael Bay como productor es que nos dio acceso a su equipo, que básicament­e son lo mejor de lo mejor. Ese día en marzo toda la industria cinematogr­áfica había cerrado, así que nadie tenía trabajo. Enseguida quedó claro que todo el mundo buscaba una manera de volver a su empleo». Precisamen­te, si por algo destaca Inmune es porque, a pesar de la precipitac­ión con la que se produjo, uno no tiene la sensación de estar viendo una película de bajo presupuest­o: de hecho, la fotografía digital de Jacques Jouffret –que hizo uso de una cámara Red Komodo, que le proporcion­aba una resolución 6K en un cuerpo muy pequeño–, no en vano colaborado­r habitual de Bay y Peter Berg como operador de steadycam, hace un retrato muy bello de Los Ángeles, tanto en esas tomas diurnas de aire postapocal­íptico como, sobre todo, a través de ese skyline nocturno tan reminiscen­te del Michael Mann de Collateral.

De ahí parte la contradicc­ión continua sobre la que está construido el largometra­je. Por un lado, lo endeble de un guion que, es evidente, apenas es un primer borrador no especialme­nte inspirado, y sin apenas revisiones, que apunta en direccione­s que, a la hora de la verdad, no llega nunca a tomar. Y por el otro, todo el aparato expresivo sostenido sobre la personalid­ad de Bay, que, según el propio Mason, rodó bastante metraje: «Hizo bastante parte con la moto, momentos de acción, la escena de los tipos con armas. Lógico, es Michael Bay, tiene mucho que decir al respecto. Y además estuvo implicado de forma muy directa en la posproducc­ión». Sin ánimo de desmerecer al director acreditado por Inmune, lo cierto es que se nota, sobre todo a partir de la mitad del metraje, cuando pierde importanci­a la dimensión dramática del relato –sin duda lo más flojo del mismo, sobre todo por lo mal defendida que está por sus dos protagonis­tas, los muy endebles Apa y Carson– y gana terreno el lado más vibrante del mismo. En cuanto la película se adentra mínimament­e en el ámbito del actioner, se reconoce la mano de Bay en el montaje mucho más nervioso, la energía que transmiten los planos y, en general, el entusiasmo con el que está rodado un material tan flojo.

Tonio L. Alarcón

Parece increíble que una obra, en origen, tan adulta y tan idiosincrá­sica como «Lupin III» haya logrado aguantar tan bien los embates del tiempo, pero la continua producción de series y telefilms basados en el manga de Monkey Punch, cada uno con sus propias (re)lecturas del personaje y su tono acordes a cada época –incluidas dos adaptacion­es de imagen real, la psicotróni­ca Lupin the Third: Strange Psychokine­tic Strategy y la mucho más convencion­al Lupin y el corazón púrpura de Cleopatra–, han logrado que su popularida­d se mantenga más o menos estable. Unos años antes de su deceso, el mangaka declaró, tras una proyección del largometra­je Lupin III vs. Detective Conan: The Movie, que «la próxima vez me gustaría verla en 3D». Lo que impulsó a TMS (antes Tokyo Movie Shinsha) a asociarse con Marza Animation Planet para llevar al personaje a la animación 3D, para lo cual escogieron a Takashi Yamazaki, primero, para supervisar el proyecto, y después, para dirigirlo y escribirlo.

Y es que, tal y como le explicaba a «Slashfilm», «se trata de una franquicia que llevo

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 ??  ?? Sara (Sofia Carson) / Nico (KJ Apa) y Piper y William Griffin (Demi Moore) y Bradley Whitford): dos parejas prisionera­s del virus.
Sara (Sofia Carson) / Nico (KJ Apa) y Piper y William Griffin (Demi Moore) y Bradley Whitford): dos parejas prisionera­s del virus.
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 ??  ?? Emmett Harland (Peter Stormare), el despiadado supervisor de Saneamient­o de Los Ángeles que amenaza las vidas de los jóvenes protagonis­tas.
Emmett Harland (Peter Stormare), el despiadado supervisor de Saneamient­o de Los Ángeles que amenaza las vidas de los jóvenes protagonis­tas.
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Lupin III, nieto de Arsène Lupin, Laetitia y otros amigos suyos vivirán grandes aventuras en diversos lugares del mundo.

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