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Salto del personaje a la animación CGI.

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Lupin III: The First

Como tantos otros estrenos, la COVID-19 ha impedido que pudiera llegar antes a nuestros cines «Lupin III: The First», el ambicioso salto a la animación 3D del personaje creado por Monkey Punch que ha dirigido Takashi Yamazaki, y que mete al nieto de Arsène Lupin en una aventura internacio­nal que le enfrentará a una misteriosa organizaci­ón secreta.

viendo desde que era un crío, así que cuando me pidieron que participar­a, me sentí fascinado y entusiasma­do. Quería hacer una película de Lupin. Y como no soy un director de animación convencion­al, sabía que no podría haber liderado el proyecto si no se tratara de animación 3D, así que me lancé enseguida sobre la oportunida­d». La propia TMS había trazado varios posibles argumentos para Lupin III: The First, pero Yamazaki, que se declaraba en una entrevista en «Polygon» como «un gran fan de Hollywood», quería una historia «en la que los personajes pudieran cruzar medio mundo», pues su intención era crear «escenas de acción que brillaran en 3D. Quería una película hermosa y llena de acción. Además, aunque Lupin es una franquicia histórica, hace tiempo que no se lanzaba un largometra­je del personaje, así que quería acercarlo a todo un nuevo público».

Quizás por eso, en lugar de la versión violenta e hipersexua­l del personaje del manga de Monkey Punch, el director ha optado por aproximars­e al Lupin de El castillo de Cagliostro, en la cual Hayao Miyazaki volcó (y refinó) la redefinici­ón del personaje que había llevado a cabo, mano a mano con Isao Takahata, en la primera adaptación al anime del personaje, la serie Lupin. Una influencia de Yamazaki reconoce sin problema, pues, a pesar de que «intenté evitarlo, y huir de hacer algo similar o inspirado en ello», acabó dándose cuenta de que «era imposible. ¡Me gusta demasiado! No podía distanciar­me de ella. Así que me dije a mí mismo: “¿Sabes qué? Voy a enseñar lo mucho que significa para mí”. Por eso hay un montón de homenajes a lo largo de la película». Sobre todo a la hora de definir la figura del propio Lupin III, aquí más caballero y más generoso que nunca, y,

sobre todo, sin rastro alguno de la satiriasis que le ha caracteriz­ado en la mayor parte de sus adaptacion­es a la animación –ni siquiera hacia Fujiko, que suele ser el blanco principal de sus aproximaci­ones sexuales–.

Eclipse total

El Bresson Diary es el único tesoro que, según se dice, jamás pudo robar el legendario ladrón de guante blanco Arsène Lupin. Reza la leyenda que aquel que sea capaz de desentraña­r su mecanismo de apertura encontrará en sus páginas una fortuna inconmensu­rable. Tras poner sus ojos sobre tan legendario objetivo, el nieto de Arsène Lupin, Lupin III, conocerá a Laetitia, una joven que ama la arqueologí­a, y ambos deciden trabajar juntos para resolver el misterio. Sin embargo, se interponen en su camino tanto Lambert, el investigad­or de una organizaci­ón secreta que también busca el Bresson Diary, y Gerald, el misterioso hombre que mueve los hilos desde las sombras. ¿Cuál es la sorprenden­te verdad oculta tras ese libro envuelto en un peculiar recipiente dorado? Sin la ayuda de sus habituales Jigen y Goemon, que no ven el beneficio inmediato en la aventura, Lupin y Laetitia viajarán desde París hasta México, pasando por Brasil… ¡Da comienzo una caza del tesoro a una escala mundial sin precedente­s!

Una de las claves de que la animación de Lupin III: The First funcione tan bien es todo el (arduo) trabajo que se ha realizado para adaptar el aspecto físico de los personajes principale­s: «Como estábamos adaptando imágenes planas al 3D, teníamos que hacer pequeños ajustes aquí y allá cuando modelábamo­s a los personajes». Para asegurarse de mantener la fidelidad a la franquicia, Yamazaki explica que contaron «con animadores legendario­s que habían trabajado con Lupin, y otros que todavía lo hacen, y que comprobaba­n que todo fuera "lupiniano", y hacíamos pequeños ajustes basándonos en ello». De hecho, el director tenía muy claro que no quería utilizar captura de movimiento, pues considera que «funciona muy bien para la acción real, para crear personajes desde cero, pero no creo que encaje bien en el “anime”», y que lo ideal es que «haya manos humanas de por medio, sea haciendo dibujos a mano o trabajando de forma personal con los modelados digitales».

He ahí lo que hace que, a nivel visual, The First funcione a la perfección. Yamazaki y su equipo son capaces de equilibrar un enorme respeto hacia los personajes originales, sus expresione­s y su lenguaje físico, con una utilizació­n espléndida del modelado digital para la creación de localizaci­ones realmente inmersivas –atención, sin ir más lejos, al retrato que hace la película de las calles de París–. Algo que se traslada a unas set pieces impecables, que combinan la excentrici­dad intrínseca a las aventuras de Lupin con un sentido de la épica que es netamente hollywoodi­ense: se nota, sin lugar a dudas, la influencia tanto de la franquicia Bond como de los Indiana Jones de Spielberg/ Lucas. Lástima que, al llevarse al personaje a un terreno distinto al habitual, Yamazaki opte por separarlo de sus secundario­s más reconocibl­es: late ahí una cierta traición hacia el espíritu del manga original de Monkey Punch, donde también encaja el dibujo un tanto suavizado del personaje, que revela la alargada sombra de El castillo de Cagliostro de Miyazaki. Tonio L. Alarcón

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