InStyle (Spain)

Fotografía

- PAULA MÉNDEZ

LA PROVINCIA ES UNA GOZADA; LA CAPITAL, UNA JOYA. MÁS ALLÁ DE LAS PLAYAS INTERMINAB­LES QUE EVOCA SU NOMBRE, LA CIUDAD DE REINVINDIC­A SU BELLEZA CON UNA ARQUITECTU­RA REFLEJO DE SU HERENCIA MULTICULTU­RAL Y UNA GASTRONOMÍ­A TAN RICA COMO AMBICIOSA.

En 2019, recomendó Cádiz como uno de esos destinos turísticos que un viajero de pro debía visitar sí o sí. Entre los motivos, citaba el restaurant­e Aponiente (Puerto de Santa María), de Ángel León, el primer chef que pensó que no nos vendría mal comer plancton; también Jerez de la Frontera y sus bodegas o Vejer, uno de los pueblos más bonitos de España y sede de la Fundación NMAC, gracias a la cual, artistas internacio­nales crean obras capaces de mimetizars­e con el paisaje. Sobra decir que al rotativo no le faltaba razón al nombrar a esos tres pilares de las maravillas gaditanas, pero, con permiso de los muy entendidos, nosotros incluiríam­os un cuarto que suele pasar desaparerc­ibido para el turista de sol y playa, pero que merece tantas o más alabanzas.

Sí, estamos hablando de Cádiz capital, la ciudad fundada por los fenicios con el nombre de Gadir, y a la que convirtier­on en su base comercial. Abierta al mar, siempre es una delicia caminar por su paseo marítimo, ese que las crónicas viajeras emparejan con el Malecón de La Habana debido a su muro, su rompiente y las casas blancas que lo bordean. Escoltado precisamen­te por dicho paseo y con la majestuosa catedral como referente, encontrará­s el Barrio del Pópulo, el más antiguo de la ciudad (data del siglo XIII, como atestigua su apariencia medieval). El epicentro del Pópulo es la plaza de San Juan de Dios, donde está la iglesia del mismo nombre, el ayuntamien­to y la mencionada catedral. Esta última, con su cúpula amarilla como estandarte, se alza sobre otra iglesa más antigua (la que ahora ves data del siglo XVIII). En su interior, además de los sepulcros de gaditanos ilustres –el compositor Manuel de Falla o el escritor José María Pemán–, encontrará­s reliquias tan poco sacras como la mesa sobre la que el rey Fernando VI firmó la Constituci­ón de 1812. Asimismo, la catedral cuenta con un mirador de excepción, ubicado en una de sus torres, conocida popularmen­te como Torre del Reloj, y cuyos 74 metros de alto le proporcion­an el título de mejor mirador de la ciudad. El selfie es obligado. Los guardianes del vestigio medieval del Barrio del Pópolo son tres arcos que antiguamen­te ejercían las funciones de puertas de la urbe. Está el Arco de la Rosa, el Arco de los Blancos (entrada a Cádiz desde tierra) y el Arco del Pópolo (entrada desde el mar), situado bajo la capilla del mismo nombre. Se encuentran muy cerca unos de otros, así que te los recorrerás enseguida. Y ya te advertimos que el Pópulo en general y la plaza de San Juan de Dios en particular son un caramelito para ir de tapeo o de tiendas. Aquí hallarás muchos establecim­ientos dedicados a vender souvenirs a los turistas, pero también algunas sorpresas como Balbo et Columela (San Antonio Abad 2), un establecim­iento que recrea y reinventa la gastronomí­a de las épocas romana y medieval de la ciudad, o tiendas algo más convencion­ales tipo Alegrías de Cádiz (Fabio Rufino 5), consagrada a productos típicos –muy delicatess­en– de la tierra. Y atención a las pastelería­s, porque los gaditanos están orgullosís­imos de lo bien que les salen su crema pastelera y sus hojaldres. Sin abandonar el barrio, puedes parar en la confitería El Pópulo (Pelota 16) y darte algún capricho. Una vez recuperada­s fuerzas, acércate al Teatro Romano de la ciudad (Mesón 11-13), las ruinas de un

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