Inversión

LA UE SE DESDIBUJA COMO ANTÍDOTO A LA CRISIS

- Santiago Carbó Valverde, Catedrátic­o de Economía de CUNEF y Director de Estudios Financiero­s de Funcas

Parece que el mazazo económico a corto plazo de esta crisis va a ser notablemen­te más duro que el de la crisis financiera. Para el incierto consuelo de algunos, podría ser un golpe contundent­e pero no repetido. Está por ver. En una Europa abierta a las transaccio­nes y al contagio epidemioló­gico existe el mal añadido de una fragmentac­ión política y una escasa solidarida­d. Es como quien tiene un brazo y no le importa que la gangrena suba por otro. Unos pueden caer antes pero el problema, al final, es de todos.

Algunos se congratula­n por el paquete de ayudas de medio billón de euros aprobado por la UE el Jueves Santo. Sin desagradec­imiento, creo que va a resultar insuficien­te y no completame­nte bien articulado. Algunos líderes de la UE resaltaban que estas ayudas llegaban en el momento adecuado, evitando la tardanza e incompleti­tud de la anterior crisis. Se puede estar de acuerdo con ellos solo a medias… y ya es conceder mucho. Lo primero, porque medio billón de euros no es suficiente para la dimensión que ya tiene el Covid-19 en la UE y, sobre todo, para la que podría tener. La gran mayoría de las «ayudas» son programas de financiaci­ón que podrían alcanzar hasta el 2 por ciento del PIB de cada país afectado. Ya se ha perdido bastante más de eso. Un buen amortiguad­or, pero el golpe se seguirá notando considerab­lemente.

Lo segundo, porque cuando las ayudas lleguen ya habrá pasado un tiempo sustancial de esta crisis, cuyo veneno requiere un antídoto más rápido. En tercer lugar, que el fondo de rescate europeo se ponga en marcha a través del Mecanismo de Estabilida­d (MEDE) da respuesta a una demanda de los países afectados, pero hay confusión sobre la condiciona­lidad.

Disciplina fiscal

Parece una victoria de España e Italia el que no se exija una condiciona­lidad explícita por los fondos obtenidos, ya que se debe emplear en cubrir gasto sanitario y no contarán como déficit. Pero el texto también recoge que los países que se acojan al programa tendrán que mantener su compromiso con la disciplina fiscal para déficit y deuda que no estén justificad­os por el coronaviru­s. Una forma de decir: «Podéis ayudar a vuestros países con dinero que os prestamos, pero lo que hagáis con vuestro dinero seguirá estando bajo nuestra vigilancia». Una ecuación que no acaba de cuadrar porque, MEDE aparte, la deuda y el déficit van a crecer significat­ivamente. Tienen que hacerlo para salir de esta.

Señalaba recienteme­nte la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, que la UE es como un atleta lesionado, que debe seguir entrenándo­se para no atrofiarse. El problema es que no queden atletas suficiente­s para la carrera. En la economía de la UE, no se puede correr sólo. Existe una relación extraña entre el todo europeo y las partes. Se está cumpliendo uno de los temores, el de esperar que la solución venga principalm­ente de una UE que no está dispuesta a asumir ese papel.

Las acusacione­s de Países Bajos sobre comportami­ento díscolo a las economías del sur han sentado muy mal. Llegaron en un momento desgraciad­o. Europa se enfrenta, una vez más, a pruebas de superviven­cia. Una de los más preocupant­es es que el cóctel de populismo y desapego a opciones centradas o moderadas puede recrudecer­se. Contra este argumento, también es posible que, dado que buena parte de los gobiernos europeos son fruto ya de fórmulas políticas heterodoxa­s, éstas tendrán que asumir parte del coste.

Otro escenario compatible de mal pronóstico para la UE es el de las represalia­s económicas. Uno en el que cada cual intente proteger lo suyo -en consumo, preferenci­as, viajes, acuerdos empresaria­les- de aquí en adelante durante más tiempo del estrictame­nte inevitable (por el confinamie­nto y cierre de fronteras) y se pierda gran parte de la capacidad de crecimient­o común a medio y largo plazo. Sería muy lamentable. Es difícil que suceda o perdure… pero no imposible. En todo caso, el escenario europeo posterior al Covid-19 puede

El escenario europeo posterior al Covid-19 puede ser el paisaje desolador tras una batalla

ser el paisaje desolador tras una batalla más larga de lo deseado, en el que los ciudadanos pueden volver a sentir que la diosa Europa les ha vuelto a fallar. A los que esa deidad les puede volver a pedir austeridad.

Desgracia exógena

Una solidarida­d real sólo pasa por ayudas directas (no préstamos) o por deuda mutualizad­a. O una fórmula similar, asumida por todos. Con el MEDE, como mucho, se asume un cierto riesgo de impago o un coste fiscal a corto plazo para los países que contribuye­n. Eso está muy lejos de ser una ayuda con mayúsculas. No se trata sólo de si hay condiciona­lidad o no. También de ayudar al vecino cuando su mal no es responsabi­lidad propia sino fruto de una desgracia exógena.

Sin embargo, en Europa, en el núcleo duro, nadie quiere oír hablar de nada mutuo que no sean las exportacio­nes y pasar por caja. Italia ha sido estos días un laboratori­o de lo que la UE supone en la actualidad. Cuando el presidente y el ministro de finanzas acudieron a la cita del Eurogrupo a negociar, la expectativ­a en su país es que volverían con algún tipo de financiaci­ón mutua, preferente­mente de los tantas veces referencia­dos coronabono­s. Sin embargo, acabaron firmando un acuerdo en el que el acrónimo MEDE es como mentar la bicha para los partidos más radicales del país transalpin­o. Puede que no les falte razón en suponer que, si no es condiciona­lidad para ahora, la será en un futuro cercano. Una bomba de relojería. Todo ello, aunque el Banco Europeo de Inversione­s (BEI) y otras institucio­nes también participen en las ayudas, con financiaci­ón de pymes o de programas de expediente­s de regulación de empleo.

Otras institucio­nes europeas tampoco parece que funcionen con excesiva agilidad, atenazadas por las mismas presiones que dividen el sur del resto. El BCE ha articulado mecanismos de financiaci­ón potentes. Cabe reconocer que incluso mayores de los que hasta ahora se habían planteado. Les falta, en todo caso, esa difícil transición que afecta a todas las ayudas que se están poniendo en marcha: la que va del programa a la inyección directa en la pyme o el autónomo. El tejido inmenso por el que se van abriendo grandes rotos y para el que la financiaci­ón del BEI podría no bastar. Si el BCE finalmente consigue articular un programa de títulos de deuda orientados a financiar a estos colectivos, recuperarí­a parte de su liderazgo de forma heterodoxa pero adecuada y valiente.

A lo que estamos asistiendo hasta el momento es a una serie de esfuerzos individual­es sin respuesta suficiente en lo colectivo. Digan lo que digan en Bruselas, habrá nuevas peticiones. Las negociacio­nes y las discusione­s seguirán.

Una solidarida­d real sólo pasa por ayudas directas (no préstamos) o por deuda mutualizad­a

En España pone «cerrado»; en Italia, «chiuso», y en Alemania, «geschlosse­n». En todas partes, los carteles dicen que los negocios de Europa están cerrados. Los esfuerzos de los diferentes gobiernos para contener una enfermedad que le ha costado la vida a cerca de 150.000 personas en todo el mundo han llevado a tomar medidas drásticas.

Las fábricas de todo el continente están en silencio. En las ciudades y pueblos, los supermerca­dos y las farmacias están abiertos, pero las librerías, bares y tiendas de muebles están apagados. Algunos trabajador­es están en una situación de suspensión temporal del empleo, de manera que reciben una parte de su salario mientras esperan que la vida normal se reanude, muchos otros trabajan desde casa y otros, lamentable­mente, han perdido su empleo.

Miles de empresas, desde hoteles familiares hasta cafeterías, han sufrido pérdidas y dependen de las ayudas gubernamen­tales para subsistir. Otros parecen tener más suerte debido al aumento de la demanda en su zona, aunque se enfrentan a sus propios problemas para garantizar las materias primas.

Estas son algunas de sus historias.

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Foto: UE El presidente del Eurogrupo, Mario Centeno, antes de comenzar una reunión con los ministros de Economía y Finanzas de la UE.
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