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Encontrona­zo del S&P con la directriz bajista

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Al principal índice bursátil del mundo se le está atragantan­do el nivel de los 4.100 puntos

Semana de locos la que hemos dejado atrás, desde el punto de vista macro y que comenzó con el dato de inflación de noviembre de los EEUU el miércoles. La inflación se desacelera­ba más rápido de lo previsto, hasta el 7,1%, frente al 7,3% esperado y la inflación subyacente también retrocedía hasta el 6% en tasa interanual, tras tocar el 6,3% en octubre y frente al 6,1% previsto. Luego, el jueves, la Reserva Federal subía los tipos 50 puntos, hasta el rango de los 4,25-4,50%, niveles que no se veían desde diciembre de 2007, y su presidente declaraba que “No es tan importante cómo vamos de rápido, si no cuál será el nivel final de los tipos”. El mercado ahora descuenta una tasa terminal (pivote) en el 5,1%, ligerament­e por encima del 4,9% y, por lo tanto, se esperan tres subidas más en 2023 de 25 puntos básicos cada una. En este sentido durante los últimos ocho ciclos alcistas (desde 1974) para el precio del dinero la Fed ha dejado de subir los tipos cuando estos son más altos que la inflación, escenario que podría llegar a darse a finales del primer trimestre/principios del segundo del nuevo año que está a punto de comenzar. Por último, el jueves el BCE subía el precio del dinero en 50 puntos y lo hacía con un tono tan agresivo en su comunicado que ha llevado al euribor a las puertas del 3% (2,993%).

Y técnicamen­te, ¿se acuerdan de los 4.100 puntos del S&P 500 de los que hemos hablando semanas atrás? Pues bien, los máximos del miércoles tras el dato de IPC de EEUU se marcaron en los 4.100,96 puntos y desde ahí el precio está corrigiend­o. No es magia ni nada por el estilo, es que justo por ahí pasa la directriz bajista que une todos los máximos decrecient­es desde principios de año. Es más, en lo que llevamos de diciembre son dos los giros a la baja desde la resistenci­a de los 4.100 puntos. Al menos tenemos claro dónde está la resistenci­a a batir para poder hablar de un antes y un después, que no es poca cosa.

Y también referente a EEUU, el

CEO de Tesla y nuevo propietari­o de Twitter vendió otro paquete de acciones (22 millones de títulos) entre el lunes y el miércoles de Tesla por un monto de 3.580 millones de dólares, acumulando en este periodo una caída del 12,42%.

Musk, el mayor enemigo de Tesla

Y desde que se cerró el acuerdo de la compra de Twitter (el 28 de octubre) la acción se ha hundido un 30% frente a las caídas cercanas al 2% de la tecnología. Pero es que desde que en abril Elon Musk revelara por primera vez que estaba comprando acciones de la red social las acciones de Tesla han perdido más de la mitad de su valor. Es evidente que la imagen de marca del fabricante de coches eléctricos se está viendo muy dañada y da la sensación de que Elon sigue pasando gran parte de su tiempo dirigiendo Twitter, distrayénd­ose demasiado del gigante automotriz. No parece serio y el mercado lo está castigando, o así lo entiendo yo, que el segundo hombre más rico del mundo (ahora el primero es Bernard Arnault, presidente de LVMH) pase las horas en su garaje tuiteando de cualquier tema, haciendo chistes groseros y últimament­e hablando y opinando de política, enfrentand­o a unos y a otros. No es la competenci­a ni la potencial ralentizac­ión de China, ni siquiera una próxima recesión (o no) en EEUU la que está lastrando la acción de Tesla, es su máximo ejecutivo el único responsabl­e de todo. Ver para creer.

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