Ob­je­ti­vo 100.000 Hon­da CBR600F '92

En mi an­te­rior Ob­je­ti­vo no me des­pe­dí "has­ta los 200.000", pe­ro el des­tino me han lle­va­do a al­can­zar di­cha ci­fra con la Abue­la, co­mo le lla­ma un ami­go mío... bueno, y al­go más.

La Moto - - Sumario -

La ver­dad es que por unas ra­zo­nes u otras no ter­mi­na­ba de de­ci­dir­me a cam­biar la CBR por nin­gu­na. Era di­fí­cil des­pués de tan­to tiem­po en­con­trar otra mo­to con la que sen­tir­me tan có­mo­do. Tras­cu­rri­dos unos años sin ape­nas po­der co­ger­la, fue cuan­do de­ci­dí, ya con 13 años y 125.000 km, que no que­ría y no po­día des­ha­cer­me de ella.

La Abue­la ha per­di­do par­te de sus cua­li­da­des si la com­pa­ra­mos fren­te a mo­tos más ac­tua­les, pe­ro se si­gue de­fen­dien­do bien. Tam­bién par­te de su afa­ma­da fia­bi­li­dad me­cá­ni­ca, al­go que re­sul­ta nor­mal por su tiem­po y ki­lo­me­tra­je, sin em­bar­go nun­ca he te­ni­do nin­gún re­pro­che ha­cia ella en ese sen­ti­do. So­lo me de­jó ti­ra­do una vez, fue cer­ca de Ler­ma. Vol­vía de Can­ta­bria y to­do pa­re­cía ir bien, pe­ro una de las ve­ces que mi­ré a los re­lo­jes me lla­mó al­go la aten­ción, no veía la agu­ja de la tem­pe­ra­tu­ra, es­ta­ba fue­ra de la es­ca­la del mar­ca­dor. In­me­dia­ta­men­te pa­ré la mo­to y vi que por el ta­pón del ra­dia­dor me sa­lía es­pu­ma, era el agua mez­cla­da con el acei­te del mo­tor; se ha­bían ro­to las jun­tas del in­ter­cam­bia­dor del acei­te. Me to­có vol­ver en ta­xi y la Abue­la lle­gó en grúa a ca­sa 6 días des­pués. Me in­ven­té una ex­cu­sa en el cu­rro pa­ra ir­me a ca­sa y liar­me a des­mon­tar­la pa­ra ver qué era lo que te­nía. Al día si­guien­te pedí los re­pues­tos y una se­ma­na más tar­de la te­nia fun­cio­nan­do con un pre­ser­va­ti­vo pues­to en la boca del va­so de ex­pan­sión del ra­dia­dor, pa­ra

po­der com­pro­bar si per­día com­pre­sión por la jun­ta de la cu­la­ta de­bi­do al ca­len­tón. Os po­déis ima­gi­nar el ca­chon­deo de los co­le­gas.

Pro­ble­mas con el ten­sor de la dis­tri­bu­ción ha­bi­tua­les en las Hon­das tam­bién ha te­ni­do, los dis­cos de­lan­te­ros que vi­bra­ban al ha­ber­se ala­bea­do, in­clu­so tu­ve que sol­dar una fi­su­ra en el cha­sis... Por mo­men­tos lle­gué a pen­sar que la Abue­la no que­ría do­blar otra vez el ve­lo­cí­me­tro. Uno de mis ami­gos me de­cía que des­pués de con­se­guir­lo ten­dría que ha­cer una ur­na de cris­tal pa­ra que des­can­sa­ra den­tro de ella, pe­ro mi idea es que la Abue­la la pue­da lle­gar a pro­bar mi hi­jo Ce­sar que tie­ne un año. Mien­tras tan­to, ten­dré que cui­dár­se­la.

FO­TOS Y PUER­TOS

Tam­bién me pro­pu­se al­go que lle­va­ba tiem­po que­rien­do ha­cer. Siem­pre he te­ni­do es­pe­cial atrac­ción por los puer­tos de mon­ta­ña y to­mar la fo­to­gra­fía de la se­ñal que in­di­ca el nom­bre y su al­tu­ra. Ya te­nia al­gu­nas fo­tos pe­ro en los úl­ti­mos años re­co­noz­co que ha si­do un poco ob­se­si­vo. Me ha lle­va­do a rea­li­zar una co­lec­ción que por el mo­men­to se tra­du­ce en más de 300 fo­tos de Es­pa­ña y los Al­pes. In­clu­so he re­co­rri­do 800 o 1.000 km en un so­lo día pa­ra lle­gar a zo­nas co­mo la Sie­rra de Al­ca­raz, la de La De­man­da, la Pe­ña de Fran­cia, o has­ta Can­ta­bria o As­tu­rias con el fi n de vol­ver con las fo­tos; tam­bién fi nes de se­ma­na apro­ve­chan­do con­cen­tra­cio­nes co­mo Sanabria, BMW Ri­ders, las ca­rre­ras de clá­si­cas de la Ba­ñe­za o Pin­güi­nos. Mu­chas ve­ces el des­tino es lo de me­nos y pre­fie­ro des­viar­me de la ru­ta más cor­ta pa­ra bus­car las ca­rre­te­ras de mon­ta­ña lle­nas de cur­vas. Cuan­do pue­do en va­ca­cio­nes reali­zo al­gún via­je con los ami­gos. En Pi­ri­neos he­mos es­ta­do va­rias oca­sio­nes, la zo­na fran­ce­sa con sus fa­mo­sos puer­tos del "Tour" es una pa­sa­da, en­tre ellos el mí­ti­co Tour­ma­let y sus ove­jas que es­tán por to­da la subida. Pe­ro sin du­da el me­jor via­je fue a los Al­pes con sus pai­sa­jes y ca­rre­te­ras por en­ci­ma de los 2.000 m, con un am­bien­te mo­te­ro fas­ci­nan­te y "tor­nan­tis", mu­chos "tor­nan­tis", que en al­gu­nos puer­tos es­tán nu­me­ra­dos. En la subida al Stel­vio pa­ra­mos en el pri­me­ro de ellos pa­ra ha­cer­nos una fo­to. Es­tan­do allí les pro­pu­se a mis ami­gos pa­rar en el ul­ti­mo pa­ra ha­cer­nos otra, no lle­ga­mos a ha­cer­lo, no me atre­ví, tu­ve mie­do de no po­der se­guir si me pa­ra­ba, por­que con la al­ti­tud no os ima­gi­náis lo mal que iba la car­bu­ra­ción. Subía a ti­ro­nes y abu­san­do del em­bra­gue cuan­do sa­lía de los “tor­nan­tis", al lle­gar a la ci­ma sen­tí una emo­ción y sa­tis­fac­ción in­creí­bles no so­lo por es­tar en un puer­to mí­ti­co, si no por ha­ber­lo con­se­gui­do con la Abue­la. No cam­bia­ría esa subida con mi mo­to por nin­gu­na otra que hu­bie­ra po­di­do ha­cer con las mo­tos que allí es­ta­ban. En es­tos úl­ti­mos años han si­do mu­chos los com­pa­ñe­ros de ca­mino, en­tre ellos mi mu­jer a la que le doy las gra­cias por per­mi­tir­me dis­fru­tar de mi pa­sión, y a mis ami­gos: unos, los de siem­pre con sus Apri­lia­cas, KTM y sus bar­cos, otros más re­cien­tes co­mo los Lo­xa­nes, un tal Cruz que sin él y sus rue­das es­ta­ría arrui­na­do, a una pá­ja­ra y al­gún que otro mea­tien­das, pe­ro en es­pe­cial a un gran mo­te­ro al que nos que­da­mos es­pe­rán­do­le una tris­te ma­ña­na de sep­tiem­bre. Gra­cias a to­dos por acom­pa­ñar­me en ca­rre­te­ra. Es­ta vez sí que me des­pi­do di­cien­do que con suer­te con­ti­nua­rá has­ta... ¿los 500.000?

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