Edi­to­rial

Ta­bla ra­sa

La Moto - - Editorial - PE­PE BURGALETA DI­REC­TOR

Es­tá cla­ro que la in­ten­ción de al­gu­nos ayun­ta­mien­tos, en­tre los que se in­clu­yen los de Ma­drid o Bar­ce­lo­na, es sim­ple­men­te eli­mi­nar el trans­por­te pri­va­do en el cen­tro de las ciu­da­des, al me­nos to­do aquel que des­pi­da emi­sio­nes mien­tras fun­cio­ne. El que los vehícu­los eléc­tri­cos tam­bién des­pi­dan ga­ses in­di­rec­ta­men­te al pro­du­cir­se la ener­gía que los pro­pul­sa es otra cues­tión, por­que esos se los co­men otros. A lo lar­go de los años siem­pre nos he­mos pos­tu­la­do a fa­vor de re­du­cir las emi­sio­nes en las ciu­da­des, y so­mos cons­cien­tes que la úni­ca ma­ne­ra de lo­grar­lo es obli­gar y prohi­bir, pe­ro no se pue­de ha­cer ta­bla ra­sa con to­do. Es ne­ce­sa­rio le­gis­lar con ca­be­za, no só­lo ba­sán­do­se en la ideo­lo­gía de ca­da uno. En Ma­drid se ata­ca ex­clu­si­va­men­te al trans­por­te pri­va­do, sea el que sea, da igual que cir­cu­les en una mo­to de pe­que­ña ci­lin­dra­da, que es­tá en mo­vi­mien­to una frac­ción del tiem­po de la de un tu­ris­mo y tie­ne un mo­tor que gas­ta y emi­te bien po­co, que en un enor­me to­do­te­rreno; bueno, es­to no es exac­to, por­que si uno de es­tos mas­to­don­tes tie­ne pro­pul­sión hí­bri­da, po­drá cir­cu­lar y apar­car li­bre­men­te, pe­ro pe­sa 500 kg más que su ver­sión “nor­mal”, y en reali­dad gas­ta más de un li­tro de lo ha­bi­tual en ciu­dad cuan­do tie­ne que es­tar car­gan­do y des­car­gan­do sus ba­te­rías.

ANESDOR se ha aburrido de de­mos­trar las ven­ta­jas que pa­ra la cir­cu­la­ción en las gran­des ciu­da­des tie­nen las mo­to­ci­cle­tas. Unos vehícu­los que re­du­cen los atas­cos, las emi­sio­nes y que apar­can en una frac­ción del es­pa­cio de los au­to­mó­vi­les. Al pa­re­cer, hay quien no ne­ce­si­ta ni in­for­mes ni es­tu­dios, só­lo los que va­li­dan sus ideas pre­con­ce­bi­das. Man­te­ner un tra­to igua­li­ta­rio en­tre co­ches y mo­tos es ab­sur­do, pe­ro ese es el fu­tu­ro. A no mu­cho tardar, en el cen­tro de las ciu­da­des de­ja­rá de ha­ber trans­por­te pri­va­do. En vez de le­gis­lar de acuer­do a ideo­lo­gía, ha­bría que ha­cer­lo con los es­tu­dios per­ti­nen­tes que mues­tren to­das las va­ria­bles, por­que ade­más es la úni­ca ma­ne­ra de evi­tar que el del con­tra­rio signo po­lí­ti­co pue­da cam­biar las co­sas. Las mo­tos son una gran so­lu­ción en las ciu­da­des, aun­que sean an­ti­guas, mu­cho me­jor que un to­do te­rreno hí­bri­do, o una fur­go­ne­ta de re­par­to con 20 años.

En las ciu­da­des se ata­ca ex­clu­si­va­men­te al trans­por­te pri­va­do, sea el que sea, da igual una mo­to de pe­que­ña ci­lin­dra­da que es­tá en mo­vi­mien­to una frac­ción del tiem­po de la de un tu­ris­mo, que un enor­me to­do­te­rreno hí­bri­do

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