Una má­qui­na de ga­nar

Djo­ko­vic, pe­se a que si­gue en­fa­da­do tras su des­ca­li­fi­ca­ción del Open USA, ga­na a Sch­war­tz­man en Ro­ma y su­pera el ré­cord de Mas­ters 1.000 de Ra­fa con Pa­rís a la vis­ta

La Razón (1ª Edición) - - DEPORTES - Fran­cis­co Mar­tí­nez - Ma­drid

Djo­ko­vic pa­re­ce vi­vir al bor­de de la his­te­ria, ator­men­ta­do, co­mo si es­tu­vie­ra en un re­la­to de te­rror de Ed­gar Allan Poe o H.P. Lo­ve­craft. Pe­ro si en esas his­to­rias el pro­ta­go­nis­ta sue­le aca­bar fue­ra de sí, el ser­bio no de­ja que sus de­mo­nios lo de­vo­ren. Y ga­na. El nú­me­ro uno del mun­do es­tá con­vir­tien­do la vic­to­ria en un ar­te. Da igual có­mo jue­gue. Ga­na. Co­mo es ló­gi­co, mal del to­do no pue­des es­tar cuan­do en­fren­te hay un tenista co­mo el ar­gen­tino Die­go Sch­war­tz­man, pe­ro No­le no es el tenista con­sis­ten­te de siem­pre. Vi­ve con pi­cos bue­nos y otros in­com­pren­si­bles, arri­ba y aba­jo, en­tre la bri­llan­tez y la de­ses­pe­ra­ción, es­tá sal­tón y se en­fa­da con to­do y con to­dos, tam­bién con él mis­mo. «No he ju­ga­do mi me­jor te­nis», ad­mi­tía. Pe­ro en la fi­nal de Ro­ma, 7-5 y 6-3 pa­ra él. Otro triunfo más en 2020, y ya son 31. Su úni­ca de­rro­ta fue en el US Open an­te Pa­blo Carreño, cuan­do lo des­ca­li­fi­ca­ron por el pe­lo­ta­zo sin que­rer que dio a la juez de lí­nea. To­da­vía no ha su­pe­ra­do ese epi­so­dio y se le no­ta. Pe­ro no im­por­ta... Ga­na. Otro Mas­ters 1.000 a sus vi­tri­nas, y ya son 36, su­peran­do el em­pa­te que te­nía con Na­dal en es­te ti­po de tor­neos. Djo­ko­vic ha te­ni­do una bue­na ma­ne­ra de ce­le­brar que su­pera a Pe­te Sam­pras en las se­ma­nas co­mo nú­me­ro uno. Ya lle­va 287 y aho­ra va a por el ré­cord de Fe­de­rer, 310. Muy bes­tia to­do y un avi­so pa­ra Ro­land Ga­rros, que em­pie­za el do­min­go.

Y eso que no em­pe­zó bien el par­ti­do pa­ra él.

Otra vez más en la ca­pi­tal ita­lia­na, co­mo en to­dos sus en­cuen­tros, arran­có flo­jo. Su re­vés, que es un te­so­ro, dis­pa­ra­ba co­mo una es­co­pe­ta de fe­ria mal ca­li­bra­da: una bo­la en la red, otra lar­ga... En un mo­men­to, Sch­war­tz­man, de­bu­tan­te en una fi­nal de Mas­ters 1.000, se pu­so 3-0 con dos breaks. El set po­día pa­re­cer he­cho con­tra ca­si cual­quie­ra. No con­tra Djo­ko­vic, por muy irri­ta­do que es­té. El te­nis es un de­por­te en el que los erro­res cas­ti­gan, pe­ro so­bre to­do im­por­ta en qué mo­men­to se pro­dez, duz­can. El pe­que­ño ar­gen­tino que iba a por el pri­mer par­cial co­me­tió una do­ble fal­ta en el pri­mer punto de ro­tu­ra en con­tra. Y el par­ti­do ya iba 3-1. No­le ga­nó des­pués fá­cil su sa­que y des­pués mos­tró que su de­re­cha tam­po­co es cual­quie­ra. A fal­ta de pre­ci­sión con su me­jor gol­pe, el que da a dos ma­nos, bri­lló con su otro me­jor gol­pe, y ya es­ta­ba 3-3.

No es que eso in­ti­mi­da­ra a Sch­war­tz­man, un tenista que vi­ve de sus pier­nas y de su so­li­por­que so­li­por­que con el me­tro y 70 cen­tí­me­tros que mi­de su sa­que no es un ar­ma y la po­ten­cia, tam­po­co. El due­lo en­tró en otra di­men­sión, una ba­ta­lla des­de el fon­do, una com­pe­ti­ción de de­ja­das, re­cur­so que los dos ma­ne­jan de ma­ra­vi­lla, de án­gu­los, de a ver quién pi­lla a quién. A la ho­ra de ser va­lien­te, el «Pe­que» lo fue con su pri­me­ra pe­lo­ta de set en con­tra en el 4-5. Dos de­re­chas cru­za­das des­mon­ta­ron a su ri­val: la pri­me­ra pa­ra sa­car­lo de si­tio y re­pi­tien­do el lu­gar pa­ra bus­car el con­tra­pié. El pri­mer par­cial se­guía. Pe­ro la se­lec­ción se los erro­res vol­vió a ser fa­tal pa­ra Sch­war­tz­man. Qué de­por­te el te­nis: ca­si to­do bien he­cho du­ran­te una ho­ra y en el úl­ti­mo sa­que pa­ra for­zar el tie break: un fa­llo por aquí, otra do­ble fal­ta, un re­vés fue­ra y 0-40. De­ma­sia­da ven­ta­ja que no des­apro­ve­chó No­vak.

El nú­me­ro uno pa­re­cía vol­ver a las an­da­das al co­mien­zo del se­gun­do set. A ve­ces pasa, ese mo­men­to de re­la­ja­ción des­pués de ga­nar. Co­men­zó con otra ro­tu­ra Sch­war­tz­man, pe­ro es­ta vez su opo­nen­te equi­li­bró el par­ti­do pron­to y en los mo­men­tos ca­lien­tes el ar­gen­tino vol­vió a tem­blar. Con 4-4, ser­vi­cio de­li­ca­do y otro 0-40 pa­ra el break de­ci­si­vo. Pe­ro es que el de­mo­le­dor re­vés de Djo­ko­vic tam­bién co­men­zó a apa­re­cer. A ve­ces pa­re­ce que el ser­bio jue­ga al gato y al ra­tón con sus ri­va­les. Pa­re­ce que le tie­nes, pe­ro no. Acelera y adiós.

EFE

Djo­ko­vic ad­mi­tió que no ha «ju­ga­do su me­jor te­nis en Ro­ma», pe­ro ha ga­na­do el tor­neo

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