JACOBO ROBATTO, EL DOBLE DE ABASCAL EN VOX: «NO SOY SAN­TIA­GO, PE­RO CASI»

COMPARTEN VI­DAS PARALELAS EN INSTAGRAM

La Razón (Andalucía) - - Portada - POR C. S. MACÍAS FO­TO­GRA­FÍA DE GON­ZA­LO PÉ­REZ

DI­CE QUE LA PO­LÍ­TI­CA LE LLE­GÓ «SIN ESPERARLO». DE­FEN­SOR DE LA UNI­DAD DE ES­PA­ÑA Y DE LA VI­DA ES UN ENAMORADO DE SU FA­MI­LIA, DE LAS MOTOS Y EL RUGBY. SE SIEN­TE MUY ORGULLOSO DE SU MU­JER, LA «INFLUENCER» RO­CÍO OSORNO Y SU PA­DRE LE ACONSEJÓ QUE SEA «HONESTO E ÍNTEGRO»

En la so­lem­ne aper­tu­ra del Con­gre­so de los Dipu­tados a la que acu­dió el Rey Don Fe­li­pe mu­chos se fi­ja­ron en que jun­to a San­tia­go Abascal es­ta­ba sen­ta­do su «ge­me­lo». El senador de Vox por An­da­lu­cía, Jacobo Gon­zá­lez-Robatto lle­va con sim­pa­tía eso del «pa­re­ci­do ra­zo­na­ble» con el lí­der de su partido y ase­gu­ra que no es la pri­me­ra vez que se lo di­cen. «Ya me pa­sa­ba an­tes de es­tar en po­lí­ti­ca. Pa­ra mí es un ha­la­go, ho­nes­ta­men­te». In­clu­so con­fie­sa que en la Maes­tran­za de Se­vi­lla un se­ñor le con­fun­dió con el lí­der de Vox y le di­jo: «Mu­chas gra­cias por la la­bor que es­táis ha­cien­do». Gon­zá­lez-Robatto res­pon­dió: «No soy San­tia­go, pe­ro casi». Pa­ra el senador de Vox lo de la po­lí­ti­ca le ha ve­ni­do por ca­sua­li­dad. «Nun­ca me lo ha­bía plan­tea­do, fue al­go que sur­gió de re­pen­te. Te­nía mi vi­da pro­fe­sio­nal muy en­ca­mi­na­da y por cir­cuns­tan­cias per­so­na­les y el na­ci­mien­to de mi hi­jo me tu­ve que ir a Se­vi­lla. Vien­do el pa­no­ra­ma –po­lí­ti­co– le di­je a San­tia­go que me ofre­cía a echar­les una mano». En­ton­ces, pa­sa­ría a ocu­par­se de la or­ga­ni­za­ción y coor­di­na­ción del Gru­po Vox en el Par­la­men­to an­da­luz.

–¿Y qué le di­jo su fa­mi­lia?

–La ver­dad que es­ta­ban alu­ci­nan­do por­que no nos lo es­pe­rá­ba­mos na­die. Mis pa­dres muy bien, mi mu­jer –Ro­cío Osorno– en­can­ta­da, aun­que al prin­ci­pio lo vio con un po­co de mie­do; pe­ro ya cuan­do han des­cu­bier­to que no co­me­mos ni­ños, mejor. Sin em­bar­go, ella no es­tá afi­lia­da al partido. Pro­cu­ra­mos se­pa­rar la par­te pro­fe­sio­nal de los dos. Yo, por ejem­plo, de di­se­ño no ten­go ni idea.

–¿Y por qué Vox y no otro?

–Por­que Vox es el que más lu­cha con­tra las in­fa­mias que se es­tán pro­du­cien­do con­tra los ciu­da­da­nos y lo ha­ce sin com­ple­jos. Me gus­ta la cohe­ren­cia que tie­ne mien­tras otros van se­gún so­ple el vien­to.

HIS­TO­RIA DE ES­PA­ÑA EN MO­TO

Gon­zá­lez-Robatto es un gran afi­cio­na­do a las motos y a viajar; de he­cho ha co­no­ci­do más de 50 paí­ses en 30 años. «Eso me ha da­do un pers­pec­ti­va glo­bal de ver lo afor­tu­na­dos que so­mos. Mu­chas ve­ces el amor a Es­pa­ña vie­ne cuan­do via­jas y cuan­do te das cuen­ta de lo que real­men­te tie­nes aquí». Fue­ron sus ví­deos en Instagram, don­de na­rra la his­to­ria de Es­pa­ña desde su mo­to, lo que le hi­zo co­nec­tar con Abascal por­que al­guien le di­jo al lí­der de Vox que se pa­re­cían. Desde en­ton­ces son ami­gos y le ha re­ta­do con la mo­to. Le gus­ta­ría se­guir con sus ví­deos tra­zan­do la his­to­ria de Es­pa­ña desde la pers­pec­ti­va de Blas de Le­zo, Ál­va­ro de Ba­zán...

Si Abascal lle­va en el pe­cho la vir­gen de Co­va­don­ga, o el Cris­to de la Le­gión, el senador de Vox tie­ne en su co­che una es­tam­pa de la In­ma­cu­la­da Con­cep­ción, la Ma­ca­re­na y la me­di­da del Pi­lar. Ade­más, con­fie­sa que cuan­do es­tu­dia­ba la ca­rre­ra se plan­teó ser mi­li­tar o Policía. Ase­gu­ra que con lo que más se iden­ti­fi­ca de las po­lí­ti­cas de su partido es «con la de­fen­sa de la uni­dad de Es­pa­ña, con las po­lí­ti­cas eco­nó­mi­cas y con todo el pro­gra­ma en ge­ne­ral». Li­cen­cia­do en Ad­mi­nis­tra­ción y Di­rec­ción de Em­pre­sas por el Co­le­gio Uni­ver­si­ta­rio de Es­tu­dios Fi­nan­cie­ros (Cu­nef) y Full Ti­me MBA por el IESE tra­ba­jó en KPMG y en una importante em­pre­sa de desa­rro­llo tu­rís­ti­co en Ali­can­te.

–¿Qué van a ha­cer con el Se­na­do?

– Nos pa­re­ce que a día de hoy es inú­til, so­bre todo un gas­to in­men­so e in­ne­ce­sa­rio, nues­tra po­lí­ti­ca es re­du­cir todo el gas­to pú­bli­co su­pér­fluo.

–¿Cree que Vox es un partido ma­chis­ta?

–No, y ca­da vez que nos dan la opor­tu­ni­dad de de­fen­der­nos lo de­mos­tra­mos. So­mos los pri­me­ros que pe­di­mos la ca­de­na per­pe­tua pa­ra to­dos los ase­si­nos y vio­la­do­res. Hay ca­sos fla­gran­tes de per­so­nas que no se han re­in­ser­ta­do. No­so­tros lo que es­ta­mos es en con­tra de to­dos los chi­rin­gui­tos que se mon­tan al­re­de­dor. El otro día sa­lió una fac­tu­ra del Ins­ti­tu­to de la Mu­jer an­da­luz don­de se gas­ta­ban casi 1.000 eu­ros en un bal­ne­ra­rio. En cam­bio, no­so­tros plan­tea­mos una mayor in­ter­ven­ción de la Policía en ca­sos de mal­tra­to, y nos lo nie­gan.

–¿Y qué opina del de­ba­te de la eu­ta­na­sia?

–De todo lo que sea ex­tin­guir vi­das, es­ta­mos ra­di­cal­men­te en con­tra. La vo­lun­tad del ser hu­mano tie­ne que ser la de alar­gar la vi­da, lu­char por cu­rar. To­dos te­ne­mos ca­sos cer­ca­nos de fa­mi­lia­res que han pa­sa­do por una si­tua­ción muy com­pro­me­ti­da. Pe­ro voy a po­ner un ejem­plo. Los te­tra­plé­ji­cos de To­le­do, gran par­te de ellos, en­tran di­cien­do «oja­lá me hu­bie­ra muer­to», y cuan­do sa­len di­cen «menos mal que no». Que en un día gris no se pue­da to­mar una de­ci­sión que es irre­ver­si­ble.

Una de las pa­sio­nes de «Co­co»Robatto, co­mo le lla­ma su fa­mi­lia y ami­gos, es el rugby. Ase­gu­ra que los va­lo­res del «tra­ba­jo en equi­po, la leal­tad, com­pro­mi­so con un ob­je­ti­vo y el res­pe­to al ri­val» los apren­dió ahí, y le gus­ta­ría que sus hi­jos tam­bién lo prac­ti­ca­ran.

–¿Y a quién le ha­ría un pla­ca­je?

–A Pa­blo Igle­sias, pe­ro no agre­si­vo, sino pa­ra que vea que en la con­fron­ta­ción so­mos im­pla­ca­bles. Es­pe­ra que el ac­tual Go­bierno no va­ya pa­ra lar­go y le preo­cu­pa que «se es­tá pac­tan­do y ha­cien­do pla­nes con quie­nes tie­nen un plan muy cla­ro de des­truc­ción de Es­pa­ña».

–¿Cómo va­lo­ra el pin pa­ren­tal?

–Es­toy muy a fa­vor, han in­ten­ta­do de­mo­ni­zar­lo, pe­ro es al­go que te­ne­mos los pa­dres pa­ra im­pe­dir que a los hi­jos los adoc­tri­nen. No­so­tros que­re­mos im­ple­men­tar en An­da­lu­cía que ha­ya char­las so­bre ci­ne­gé­ti­ca y tau­ro­ma­quia; pues con eso el pa­dre po­drá de­ci­dir si quie­re que su hi­jo va­ya o no; sir­ve pa­ra am­bos ca­sos.

Su pa­dre, Jacobo Gon­zá­lez-Robatto, pre­si­den­te de nue­va Pes­ca­no­va, le dio un con­se­jo que no ha ol­vi­da­do. «Me ha di­cho que siem­pre sea honesto, íntegro y que ten­ga mu­cha ener­gía, y le es­toy ha­cien­do mu­cho ca­so».

Afi­cio­na­do al Atlé­ti­co de Ma­drid, «co­mo su­fri­dor sé en­ca­jar los gol­pes». Por aho­ra pre­fie­re que sus hi­jos no sean mo­te­ros, pa­ra que no le qui­ten la su­ya y que «lean mu­cho» y se for­men.

–¿Cómo lle­va ser más co­no­ci­do por su mu­jer?

–Muy bien, por­que es­toy muy orgulloso de ella y todo es una vir­tud.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.