Pe­dro e Iña­qui

La Razón (Cataluña) - - Opinión - Cris­ti­na Ló­pez Schlich­ting

Ha­bíaHa­bía una vez unos cha­va­les pi­jos que lle­ga­ron a uno de los me­jo­res ins­ti­tu­tos de Ma­drid, el Ra­mi­ro de Maez­tu, jun­to a la Cas­te­lla­na. Lle­va­ban La­cos­te y ban­de­ri­tas en los re­lo­jes y se ale­gra­ron de po­der ju­gar jun­tos al ba­lon­ces­to en aquel en­torno. Una de las más in­quie­tan­tes afir­ma­cio­nes de Sán­chez es su de­fi­ni­ción de sí mis­mo co­mo un chi­co del «ba­rrio obre­ro de Te­tuán». Hi­jo de un eco­no­mis­ta con car­gos en el Mi­nis­te­rio de Agri­cul­tu­ra, el pre­si­den­te es hi­jo de una fa­mi­lia bien.

Pe­dro es un «fa­ke» con una in­tui­ción re­don­da pa­ra ma­ne­jar el ti­món de las apa­rien­cias. Sus hi­jas, que asis­tían al Bri­tish y ha­cían equi­ta­ción, pa­sa­ron a un co­le­gio pú­bli­co (eso sí, de Po­zue­lo) cuan­do hu­bo que cam­biar el cu­rrícu­lo. «El lí­der» lo lla­ma­ban los de la pan­di­lla, por­que co­mo buen nar­ci­sis­ta gus­ta­ba de sus­ci­tar ado­ra­ción. El pre­cio del nar­ci­sis­mo es el des­ve­lo. Y aquí si­gue, des­ve­lán­do­se en es­te ca­so por su que­ri­do Iña­qui Car­ni­ce­ro, ami­go del co­le de Cha­mar­tín y del ins­ti, al que ha pues­to al fren­te de la re­cién crea­da Agen­da Ur­ba­na y de Ar­qui­tec­tu­ra del Mi­nis­te­rio de Trans­por­tes.

Hay mu­chos ar­qui­tec­tos del Es­ta­do y la ley exi­ge que los di­rec­to­res ge­ne­ra­les sean fun­cio­na­rios. Que Iña­qui –co­mo lo lla­ma el pre­si­den­te– sea su me­jor ami­go ha bas­ta­do pa­ra jus­ti­fi­car el car­go nú­me­ro 25. Por­que se han ocu­pa­do así otras 24 di­rec­cio­nes ge­ne­ra­les. La de De­re­chos de los Ani­ma­les ha si­do pa­ra un téc­ni­co en es­cul­tu­ra. La de Igual­dad y di­ver­si­dad ra­cial, pa­ra una au­xi­liar sa­ni­ta­ria. To­dos ami­gos, eso sí.

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