El can­tan­te Pau Do­nés fa­lle­ce a los 53 años des­pués de una lar­ga lu­cha con­tra el cán­cer. En sep­tiem­bre sal­drá su ál­bum pós­tu­mo

Tras cin­co años de lu­cha con­tra el cán­cer, el lí­der de Ja­ra­be de Pa­lo fa­lle­ce a los 53 años y de­ja atrás una enor­me lis­ta de éxi­tos y un ejem­plo de en­te­re­za con­tra la en­fer­me­dad

La Razón (Cataluña) - - Cultura - ULI­SES FUEN­TE - MA­DRID

Han­Han si­do cin­co años lu­chan­do con­tra el cán­cer, desa­yu­nan­do con las pas­ti­llas que le re­cor­da­ban que me­jor no te­ner ni fe ni mie­do. Que hay que vi­vir ur­gen­te­men­te y así lo hi­zo. Pau Do­nés se so­bre­pu­so al pri­mer cán­cer y lle­gó a te­ner los mar­ca­do­res a ce­ro. Pe­ro vol­vió el can­gre­jo, pro­gra­ma­do co­mo es­tá pa­ra ir hasta el fi­nal. Pau no de­jó de na­ve­gar, de su­bir mon­ta­ñas, de es­cri­bir unas me­mo­rias, de ha­cer can­cio­nes. Se en­fren­ta­ba a las re­caí­das con na­tu­ra­li­dad, sin som­bra de au­to­com­pa­sión. Tam­po­co se com­por­ta­ba co­mo un ilu­so, co­no­cía de la na­tu­ra­le­za de su en­fer­me­dad. Pe­ro siem­pre se en­fren­tó a la vi­da y a la muer­te con igual sen­ti­do del hu­mor. Se re­be­la­ba, aun­que lo en­ten­día, con­tra la per­cep­ción que to­do el mun­do te­nía de él, la del en­fer­mo de cán­cer. Com­pren­día que un ¿có­mo es­tás? Era más que un sa­lu­do. Era una preo­cu­pa­ción en sen­ti­do li­te­ral. «No he es­cri­to mi au­to­bio­gra­fía. Esas hue­len a muer­to», de­cía co­mo son­rien­do por la ven­ta­ni­lla mien­tras gi­ra­ba la lla­ve del con­tac­to de la fur­go­ne­ta. Otra gi­ra. De dos se­ma­nas na­da más, que se ha­cen muy pe­sa­das. Y lue­go otra. Pau Do­nés ha fa­lle­ci­do de cán­cer des­pués de ha­ber­lo de­rro­ta­do. Se le es­ca­pó su gran amor, la vi­da. Ayer, mi­les de ciu­da­da­nos anó­ni­mos, ar­tis­tas y po­lí­ti­cos le des­pi­die­ron con men­sa­jes de ca­ri­ño.

El éxi­to en un anun­cio

En 1996, un anun­cio de ta­ba­co hi­zo re­so­nar una can­ción que lle­va­ba un año gra­ba­da. Era «La fla­ca», una his­to­ria de amor vi­vi­da por Pau Do­nés en Cu­ba, un cuen­to que se con­vir­tió en un «tsu­na­mi». Así lo con­ta­ba a es­te dia­rio. «Sa­ca­mos el te­ma en un dis­co y no se ven­dió na­da. Creo que 4.000 co­pias en un año. Y un día to­ca­mos en un ba­re­to, y allí es­ta­ba un tío de una agen­cia de pu­bli­ci­dad de Bar­ce­lo­na que que­ría ha­cer una cam­pa­ña pa­ra Du­ca­dos, pe­ro co­mo no po­dían ha­cer anun­cios en te­le­vi­sión, se in­ven­tó una mo­vi­da. Un dis­co de mú­si­ca la­ti­na, que pon­dría ‘‘Du­ca 2’’ y bueno, que se anun­cia­se. Nos vio y le gus­ta­mos. Y de ven­der 4.000 al año a 70.000 a la se­ma­na. Que me lla­ma­ba la di­rec­to­ra de la com­pa­ñía y es­ta­ba en­lo­que­ci­da», re­me­mo­ra­ba Do­nés. Ga­nó mu­cho di­ne­ro «y eso que no te­nía un buen tra­to», pe­ro lo más im­por­tan­te era de­mos­trar que Ja­ra­be de Pa­lo no eran flor de la can­ción de un ve­rano. Y no lo fue­ron: su si­guien­te ál­bum, «De­pen­de» (1998), ven­dió tan­to co­mo el an­te­rior. «Yo na­cí mú­si­co. Y he he­cho mu­chas co­sas en la vi­da, pe­ro es­ta la que­ría ha­cer bien: ca­li­dad, men­sa­je y emo­ción. Con cier­ta den­si­dad in­te­lec­tual y ca­pa­ci­dad de se­du­cir», de­cía en una en­tre­vis­ta en LA RA­ZÓN en el ve­rano de 2017.

Pau Do­nés pu­do ha­ber­se ido a vi­vir a Mia­mi (EE UU) por­que su gru­po eran la gran apues­ta pa­ra la mú­si­ca la­ti­na, pe­ro es que él era «de pue­blo». «Yo vi­vo en la mon­ta­ña y ten­go es­ta ca­ra de pa­le­to. Lo que pa­sa es que, co­mo ven­día­mos, nos de­ja­ban ha­cer. Fue­ron dos mi­llo­nes de ‘‘La Fla­ca’’ y 1,8 mi­llo­nes de ‘‘De­pen­de’’. Y ‘‘De vuel­ta y vuel­ta’’, que no fun­cio­nó, ven­dió me­dio mi­llón...». Com­pu­so mu­chos éxi­tos: «Tiem­po», «Bo­ni­to», «Gri­ta», «Agua» a lo lar­go de 11 dis­cos de es­tu­dio. Al fi­nal, se­gún de­cía, se subió al cohe­te du­ran­te 22 años sin pa­rar de to­car, vi­vien­do en la cres­ta de la ola y tam­bién de­ba­jo de ella, su­mi­do en un re­vol­cón, por­que un éxi­to tan des­me­su­ra­do co­mo el su­yo te im­pul­sa y te en­gu­lle des­pués. «Te­nía con­cien­cia de lo que me pa­sa­ba a se­ma­na vis­ta. Era cons­cien­te de ha­ber to­ca­do en Ma­drid a la se­ma­na si­guien­te. Una vez que tu­ve una se­ma­na li­bre, me di cuen­ta de que me ha­bían da­do un Grammy, ha­bía co­no­ci­do a Pa­va­rot­ti, y que no sé qué. Y eso no pue­de pa­sar». Las gi­ras de Ja­ra­be de Pa­lo le ale­ja­ban de ca­sa. Se per­dió la in­fan­cia de su hija Sa­ra y rom­pió la re­la­ción con «el amor de mi vi­da, su ma­dre, con la que es­tu­ve ocho años. Era un mun­do, el de la mú­si­ca, que no le gus­ta­ba na­da. Y cla­ro, no que­ría se­guir así, sin ver­me, y le ofre­cí que­dar­me en ca­sa. Pe­ro me di­jo que en­ton­ces no se­ría yo. Así que no fun­cio­nó». Des­pués, tam­po­co se pu­do que­jar de amo­res.

Li­bros, gi­ras, vi­da

Ja­ra­be de Pa­lo, qui­zá más ajeno al fo­co me­diá­ti­co en Es­pa­ña, man­tu­vo una in­ten­sa ac­ti­vi­dad con gi­ras in­ter­na­cio­na­les, fre­na­das en 2015 con el anun­cio de que Pau Do­nés ha si­do ope­ra­do de cán­cer de co­lon. Tras un año de tra­ta­mien­to, Do­nés anun­cia que es­tá lim­pio, pe­ro unos me­ses des­pués co­mu­ni­ca la re­caí­da. Du­ran­te esos años, lle­ga a ha­cer una gi­ra por Es­ta­dos Uni­dos. Pu­bli­ca «50 palos», una es­pe­cie de li­bro de me­mo­rias, y ce­le­bra que ha te­ni­do un vi­dón. Ig­no­ra las mi­ra­das com­pa­si­vas y pu­bli­ca un te­ma, «Hu­mo», en el que cuen­ta su ex­pe­rien­cia con­tra la en­fer­me­dad, la cer­te­za de que, al otro la­do, no hay na­da. «Lo que cuen­to en esa can­ción es que uno de los amo­res de mi vi­da, que es la vi­da, se me es­ta­ba es­ca­pan­do. Es al­go pa­re­ci­do a lo que me ha pa­sa­do otras ve­ces,

cuando creía que la no­via nú­me­ro vein­ti­séis me es­ta­ba de­jan­do... La di­fe­ren­cia es que, cuando es­cri­bí ‘‘Hu­mo’’, es­ta­ba ca­gado de mie­do», nos con­ta­ba en una en­tre­vis­ta. Es­te re­dac­tor le vio va­rias ve­ces to­mar­se la pas­ti­lla de la quimio y bro­mear con que sen­tía «un colocón que flipas». Se vol­có con pro­yec­tos so­li­da­rios de investigac­ión, con­cier­tos be­né­fi­cos. Edi­tó un se­gun­do li­bro, «100 can­cio­nes», con sus re­cuer­dos, pe­da­ci­tos de pa­pel don­de es­cri­bió las can­cio­nes, fo­to­gra­fías de su ca­rre­ra, una lo­cu­ra que ya qui­sie­ran ha­ber vi­vi­do la ma­yo­ría de mú­si­cos.

Nun­ca se per­mi­tió la tris­te­za fiel a sus con­vic­cio­nes: «La tris­te­za no tie­ne na­da que ver con el bi­cho, es una ac­ti­tud que te vie­ne por cau­sas jus­ti­fi­ca­das, o no. Y es un de­re­cho que te­ne­mos, a es­tar tris­tes, tío. Pe­ro es que vivimos en una so­cie­dad en la que tie­nes que es­tar fe­liz. Es co­mo los anun­cios. Na­die es­tá tris­te en Ins­ta­gram. Eso la gen­te lo aso­cia a fra­ca­sar y es­tá muy mal vis­to. Yo creo que es­tar tris­te o me­lan­có­li­co es co­jo­nu­do. Otra cosa es la pe­na. La pe­na, no». Pe­ro en­ton­ces, can­sa­do, y con la ob­se­sión de no per­der­se más días de la vi­da de su hija (cu­yo nombre se ta­tuó en la pri­me­ra fa­lan­ge de su mano de­re­cha), lo pa­ró to­do. Se fue­ron jun­tos a vi­vir a Ca­li­for­nia, don­de el ar­tis­ta po­día se­guir for­man­do par­te de un en­sa­yo clí­ni­co que se lle­va­ba a ca­bo y que era idén­ti­co al que par­ti­ci­pa­ba en Bar­ce­lo­na. Ejer­ció de pa­dre y sur­feó. Los «pa­pa­raz­zis» nun­ca le apun­ta­ban a él en la pla­ya de Ve­ni­ce. Pa­sa­ron jun­tos un año. Ha­bla­ba de su hija y del gran oí­do mu­si­cal. Pe­ro Pau Do­nés pre­fe­ría que no se de­di­ca­se a la mú­si­ca, pa­ra no ser la hija “del de ja­ra­be’’». «Creo que ten­go a fa­vor de mis pre­fe­ren­cias que la mú­si­ca ha si­do su enemi­ga, por­que le ha ro­ba­do a su pa­dre», me con­fe­só. En mar­zo, cuando Es­pa­ña aca­ba­ba de en­trar en con­fi­na­mien­to, Pau Do­nés pu­bli­có una can­ción de agra­de­ci­mien­to a los sa­ni­ta­rios y en su fí­si­co ya se no­ta­ba que al­go no iba bien. Sin em­bar­go, el 7 de abril, anuni­ca­ba con «Vuel­vo» que «pi­sar el es­ce­na­rio es en lo úni­co que pien­so» auq­nue sa­bía de so­bra que eso nun­ca su­ce­de­ría. Pa­ra el vi­deo­clip de «Eso que tú me das» de­be­ría ha­ber apa­re­ci­do bai­lan­do con Sa­ra, pe­ro ya no te­nía fuer­zas pa­ra ha­cer­lo. El dis­co, «Tra­gas o es­cu­pes», pre­vis­to pa­ra sep­tiem­bre, apa­re­ció tam­bién an­tes de lo pre­vis­to por­que, co­mo de­cía Pau Do­nés, «el fu­tu­ro no exis­te». Vi­vió su vi­da más in­ten­sa­men­te que el res­to de no­so­tros, aun­que tam­bién lo ne­ga­ba. «Hasta el día en que el cán­cer di­ga que ga­na la par­ti­da. Cuando eso sea, pues na­da. Pe­ro yo al cán­cer le de­di­co cin­co mi­nu­tos ca­da día, y lue­go a otra cosa».

ES­TE RE­DAC­TOR LE VIO TO­MAR­SE LA PAS­TI­LLA DE LA «QUIMIO» Y CE­LE­BRAR QUE DA «UN COLOCÓN QUE FLIPAS» «LA TRIS­TE­ZA NO TIE­NE NA­DA QUE VER CON EL BI­CHO. ES UN DE­RE­CHO QUE TE­NE­MOS. A LA PE­NA, NO», DE­CÍA

Pau Do­nés se en­fren­tó a la en­fer­me­dad sin au­to­com­pa­sión ni in­ge­nui­dad y de­ja diez dis­cos con Ja­ra­be de Pa­lo

Pau Do­nés, en una ima­gen de ar­chi­vo

El mú­si­co, en su úl­ti­mo vi­deo­clip, «Eso que tú me das»

INS­TA­GRAM

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.