En­tre­vis­ta a An­drea Be­ní­tez, una gran ska­ter

Pa­só dos años con un cor­sé 23 ho­ras al día por es­co­lio­sis. Le di­je­ron: «No pue­des pa­ti­nar». Pe­ro lo hi­zo, se rein­ven­tó y aho­ra pe­lea pa­ra ir a los Jue­gos Olím­pi­cos de To­kio

La Razón (Cataluña) - - Punto De Mira | En 60 Segundos - FRAN­CIS­CO MAR­TÍ­NEZ -

Pa­só dos años con un cor­sé y le di­je­ron que no po­dría vol­ver a pa­ti­nar.

Vi a un chi­co ha­cien­do tru­cos, le pe­dí que me en­se­ña­ra y me sa­lió a la pri­me­ra. Me re­ga­ló el pa­tín y me di­jo: «Pa­ra que le si­gas dan­do ca­ña»

EnEn la vi­da, uno nun­ca sa­be cuán­do pue­de es­tar an­te una de­ci­sión que te mar­que pa­ra siem­pre. Pue­de ser cuan­do se eli­ge qué ca­rre­ra es­tu­diar, si te­ner hi­jos, ca­sar­se... O pue­de ser tam­bién ba­jar un día al paseo marítimo, co­mo le su­ce­dió a An­drea Be­ní­tez. «Em­pe­cé con el ska­te con 9 o 10 años, en una ur­ba­ni­za­ción cer­ca de la pla­ya en Al­ge­ci­ras. Nos ti­rá­ba­mos por las cues­tas sen­ta­dos, ha­cien­do co­mo ca­rre­ras. Em­pe­cé a pro­bar de pie y ca­da vez me sen­tía más cómoda. Un día ba­jé al paseo marítimo y ha­bía allí un chi­co ha­cien­do tru­cos, y me que­dé mi­rán­do­le, le pre­gun­té que có­mo se ha­cía uno, me lo ex­pli­có y lo apren­dí al mo­men­to. Se que­dó tan sor­pren­di­do que me re­ga­ló su pa­tín. Y me di­jo: “To­ma, pa­ra que le des ca­ña. No lo de­jes”». Y así lo hi­zo: 15 años des­pués con­ti­nua dán­do­le ca­ña y en el ve­rano de 2021 es­pe­ra po­der es­tar en los Jue­gos de To­kio en el es­treno olím­pi­co de es­te de­por­te. An­drea en­tre­na aho­ra en el CAR de Madrid, pe­ro cuan­do baja a Al­ge­ci­ras to­da­vía ve a ese chi­co que le dio esa ta­bla que la pa­ti­na­do­ra que­mó ca­si has­ta ha­cer pe­da­zos y que si­gue guar­dan­do co­mo re­cuer­do. «Ha­bla­mos, le cuen­to mis aven­tu­ras, mis via­jes.. Está muy guay», des­cri­be la ska­ter ga­di­ta­na, cu­ya pa­sión no pu­die­ron de­te­ner ni unos gra­ves pro­ble­mas fí­si­cos. «Fue con 14 años. Mi ma­dre me no­tó que te­nía la es­pal­da un po­co tor­ci­da, co­mo un omó­pla­to más fue­ra que otro. Fui al mé­di­co, me di­jo que era es­co­lio­sis, que o me ope­ra­ban y me po­nían un hie­rro o me po­nía un cor­sé 23 ho­ras al día y pro­ba­ba a ver si así se pa­ra­ba. Las dos opciones eran ho­rri­bles», cuen­ta. Y op­ta­ron por la me­nos in­va­si­va, la del cor­sé, a la que acom­pa­ña­ron las pa­la­bras que no que­ría oír: «Tie­nes que de­jar de pa­ti­nar». «Pe­ro no lo hi­ce, se­guí, fue bas­tan­te com­pli­ca­do por­que tu­ve que vol­ver a apren­der to­dos los tru­cos, una téc­ni­ca nue­va... Es di­fí­cil desa­rro­llar el equi­li­brio cuan­do no pue­des do­blar la es­pal­da, pe­ro bueno, es­toy bas­tan­te lo­ca y lo hi­ce. Pa­ti­né los dos años en­te­ros y lo­gré mi pri­mer pa­tro­ci­nio de za­pa­ti­llas. In­clu­so via­jé con el cor­sé», aña­de.

«El ska­te es co­mo un de­por­te que ha es­ta­do mal vis­to, en plan los ska­ters que es­tán en la ca­lle...», di­ce An­drea. «Ca­si co­mo un po­co de de­lin­cuen­tes», bro­mea. Plan­tear­se vi­vir de ello era com­pli­ca­do. Tam­bién lo es aho­ra. «Siem­pre he pa­ti­na­do por di­ver­sión, pe­ro con 14 con­se­guí mi pri­mer pa­tro­ci­nio y em­pe­cé a com­pe­tir. Lo hi­ce en Co­pen­ha­gue y que­dé ter­ce­ra en un Eu­ro­peo... Sa­bía que se me da­ba bien, pe­ro nin­guno de los pa­tro­ci­na­do­res que te­nía me pa­ga­ba, en Es­pa­ña ha­bía muy poca gen­te vi­vien­do del ska­te, y sien­do mu­jer es más com­pli­ca­do. Fui con­si­guien­do más co­sas, pe­ro co­mo que nun­ca lle­ga­ba a apos­tar eco­nó­mi­ca­men­te por el ska­te. Y de­ci­dí se­guir con mi vi­da “nor­mal”, es­tu­dié Ba­chi­lle­ra­to, en­tré en la ca­rre­ra, me fui de Eras­mus a Po­lo­nia, es­tu­ve en Bar­ce­lo­na... Siem­pre con el pa­tín, pe­ro co­mo al­go más, por­que no me po­día ga­nar la vi­da con ello», des­ve­la. Pe­ro ha­ce cua­tro años se eli­gió el ska­te pa­ra ser olím­pi­co. «Re­ci­bí una be­ca del Co­mi­té Olím­pi­co y de Po­dium y gra­cias a eso pu­de de­di­car­me to­tal­men­te. Aho­ra es mi prio­ri­dad», pro­si­gue. Está bien si­tua­da pa­ra lle­gar a los Jue­gos, cu­ya cla­si­fi­ca­ción que­dó de­te­ni­da por el co­ro­na­vi­rus, que tam­bién ha­rá que de sie­te prue­bas que ha­bía pre­vis­tas se pa­se a cua­tro. La tem­po­ra­da pa­sa­da que­dó de­ci­mo­sex­ta. A To­kio irán las 20 me­jo­res.

Ella cui­da mu­cho el tra­ba­jo fí­si­co, obli­ga­da tam­bién por la es­pal­da, pe­ro ad­mi­te que en su de­por­te «el 90 cien­to es psi­co­ló­gi­co». «Por eso hay ska­ters con fí­si­cos muy di­fe­ren­tes, in­clu­so al­guno con so­bre­pe­so y pa­ti­nan de lo­cos. Tie­nes que te­ner mu­cho con­trol men­tal, vi­sua­li­zar los tru­cos y pa­cien­cia: aguan­tar las caí­das, aguan­tar que un tru­co que has he­cho siem­pre no te sal­ga...», ana­li­za.

Pa­cien­cia la tu­vo des­de ni­ña. En­sa­ya­ba una y mil ve­ces has­ta que le sa­lía, aun­que le cos­ta­ra al­gún que otro hue­so ro­to. Pe­ro en el pa­tín ha­bía en­con­tra­do una for­ma de ex­pre­sar­se: «Lo prin­ci­pal es la sen­sa­ción de li­ber­tad. Y re­co­no­cer­me. Co­mo es al­go que lle­vo ha­cien­do to­da la vi­da, me sien­to yo mis­ma cuan­do lo ha­go», ad­mi­te.

Siem­pre pa­ti­né por di­ver­sión. En Es­pa­ña poca gen­te vi­vía del ska­te, y sien­do mu­jer era más com­pli­ca­do»

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.