La Razón (Cataluña)

Adiós a Europa con dos errores de Varane

Dos errores del central francés propiciaro­n los tantos de los de Guardiola. Benzema igualó el primero, pero el segundo hundió al campeón de LaLiga

- JOSÉ AGUADO

UnaUna frase hecha, de autoayuda es que no hay que mirar atrás, ya saben, que te puedes volver estatua de sal. Otra cosa es llevarlo a cabo, olvidar los errores o las equivocaci­ones y seguir con las misma voluntad o fuerza que antes. Seguir como si nada hubiera pasado, como si todo fuera corregible o el ego o la confianza no sufrieran también un golpe. Varane, por ejemplo, no pudo.

Sergio Ramos gritaba desde la grada, sancionado y sufriendo de impotencia. Daba ánimos e instruccio­nes, dejándose la garganta, haciendo de capitán, intentando que su ausencia en el campo se notara lo menos posible. Había ciertas dudas entre los aficionado­s madridista­s por el jugador que le iba a suplir: Militao apenas había jugado esta temporada. Con dudas al principio, pero con una buena imagen en el choque de San Mamés, decisivo para LaLiga. No era el brasileño, sin embargo, el jugador que debía preocupar. No fue el más nervioso.

No se sabe cómo hubiese sido el partido sin errores o cuánto de los errores propios es responsabi­lidad de un jugador o de la presión de los rivales. Pero está claro que los errores de Varane marcaron el partido y la eliminator­ia. Se hablaba de que el central francés tenía que dar un paso adelante y mandar en una defensa sin Sergio Ramos y lo que sucedió es que tembló cuando menos se esperaba. Sucedió que falló una vez al comenzar el encuentro y no pudo olvidarlo. La mente le persiguió y ya no se sintió seguro, perdió las certidumbr­es y lo que antes hacía con normalidad, casi sin pensarlo, ahora no le salía. Era como si tuviera que volver a tomar medida de las distancias, del peso del balón, de la fuerza con que había que darlo. Era como si para hacer las cosas con naturalida­d, tuviera que pensar en lo que hacía, darle vueltas y así, empujó al Madrid al barranco y se quedó sin la proeza. Por primera vez desde que es entrenador, Zidane pierde una eliminator­ia de la Champions. Cierra la temporada con LaLiga y con un notable. Dio la cara en el campo del City, tuvo ocasiones y también recibió. Pero los goles no llegaron del juego. Fueron los fallos extraños de Varane en la primera parte y en la segunda los que decidieron el duelo.

El central no midió un toque casi funcionari­al en el área y cuando los dos equipos aún estaban midiéndose, aún adaptándos­e a una vuelta de Champions sin público y tan extraña, el City se adelantó y puso casi todo de

su lado. Varane se dejó robar la pelota y Sterling no falló un remate sencillo.

El Real Madrid tenía un problema más. El resultado, la baja de Sergio Ramos, todo el ambiente que ha generado la negativa de Bale a jugar. Tenía que superar todo y el absurdo gol del equipo de Guardiola suponía además un golpe moral más.

El equipo de Zidane lo acusó. La presión del City le obligaba a muchos balonazos sin sentido, a perder la pelota antes de poder pensar en qué hacer con ella. Era quitarse el balón cuanto antes sin contar con los centrocamp­istas. Estaba como fuera de sitio y se notaban en la imprecisió­n de los pases, en que el City robaba demasiado pronto. Falló también Courtois. Pero lo del belga no acabó en gol y su fortaleza es superior. Después Courtois se convirtió en el muro que ha sido esta temporada y evitó varios goles del City.

Varane, en cambio, no fue capaz de venirse arriba y en la segunda mitad se equivocó en un balón largo, y cuando quiso rectificar y ceder de cabeza a Courtois, se quedó corto para la velocidad de Gabriel Jesús.

El Madrid, que se había recuperado del primer gol no lo hizo del segundo.

En la alineación, Zidane hizo, de nuevo, lo más sorprenden­te. Ni Asensio ni Vinicius. Con Hazard listo, la apuesta para la otra banda fue Rodrygo. Le convence a Zizou lo que le da el joven por ese lado. Tiene salida hacia cualquier lado con su regate y tiene un magnífico toque de balón para ponerlo en el área. Le costó entrar en juego, pero cuando lo hizo fue decisivo. Se encontró con Benzema, se inventó una llegada hasta la línea de fondo y puso la pelota otra vez en la cabeza del francés para devolver el aliento a los de Zidane.

El gol no fue una casualidad.

El tanto del Madrid fue consecuenc­ia del juego. Se había ido adueñando de la situación, con paciencia, buscando jugadas más largas, metiéndose en el partido y encontrand­o a Benzema en el área para acabar las jugadas e ir haciendo dudar a De Bruyne y los suyos.

Pero fue el City quien en la segunda mitad se hizo con el partido. Sin embargo, el Madrid daba buenas señales de vida cuando llegaba arriba. Benzema era un peligro y Asensio tuvo una nada más salir. Kroos daba un pco de luz, pero no era suficiente. De Bruyne también crecía y el City iba comiéndole terreno al Madrid, llegando con más facilidad y haciendo trabajar a Courtois. Sterling era un peligro.

Ni los cambios tardíos de Zidane despertaro­n ya a un Madrid vencido. El City fue mejor al final. Pero este partido quien lo recordará siempre, para sudesgraci­a, será Varane.

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EUROPA PRESS Varane se lamenta después de cometer el error que supuso el primer tanto del City

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