La Razón (Cataluña)

Ministros y oposición dan la Legislatur­a por acabada

Creen que Sánchez medita adelantar elecciones tras la salida de Iglesias

- LA CRÓNICA DEL DOMINGO CARMEN MORODO

El Gobierno de coalición ha quedado disuelto, aunque en él se mantengan formalment­e los peones del todavía hoy líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias. La salida de Iglesias entierra el acuerdo y así lo entienden las dos partes que lo firmaron, a pesar de que sigan instaladas en el arte del disimulo mientras calientan sus tambores electorale­s para más allá de las urnas de la Comunidad de Madrid. Por más que desde la nueva política se intenten inventar nuevas reglas y se transponga la ficción a la realidad, «la Legislatur­a está acabada». Este eslogan corre como por la pólvora en estos últimos días por Madrid: se escucha en la órbita de los ministros más críticos con Iglesias y provoca vértigo en la oposición.

El mínimo sentido común político dice que Pedro Sánchez apurará hasta recibir los primeros fondos europeos y que luego disolverá. El anterior adelanto electoral no le salió bien y esto pesa sobre las previsione­s: el PSOE perdió tres escaños en la repetición de las generales de 2019, y en la actualidad las encuestas coinciden en sembrar grandes incertidum­bres sobre las mayorías que puedan salir de las urnas. Aunque haya coincidenc­ia en confirmar la viabilidad de un nuevo Gobierno de izquierdas con apoyo de independen­tistas y nacionalis­tas.

Pero las tres partes están en pie de guerra y Sánchez se enfrenta al dilema de valorar si sobre lo que tiene ahora mismo, el paso del

«Sánchez se juega su estrategia el 4-M: el fracaso en Murcia ha hecho saltar su política de la geometría variable»

tiempo sólo puede restarle. La teoría del caos ha probado estas dos últimas semanas sus efectos revolucion­arios en la política española, con Sánchez y sus «gurús» de máxima confianza como parte activa en el experiment­o de demostrar que es verdad que el aleteo de una mariposa, en este caso en Murcia, es capaz de provocar un tornado en Madrid que se ha llevado por delante la estabilida­d de La Moncloa.

El relato épico que la parte morada ha construido sobre la salida de Iglesias del Gobierno cojea por varias patas. De hecho, por debajo de este relato oficial especulan con el supuesto aburrimien­to del todavía vicepresid­ente del Gobierno en el ejercicio de sus funciones. Hablan de que «no controlaba los temas» o de que «le pesaba no conocer el funcionami­ento de la Administra­ción», por ejemplo.

Más allá del vértigo a enfrentars­e al riesgo de pasar a la historia «marcándose un Rivera», es decir, dejando un partido destruido, después de haber tenido al alcance aquello de tocar los cielos.

Con su golpe de efecto de saltar del Gobierno Iglesias ha hecho saltar también el ensueño de la geometría variable con la que Sánchez sostiene su poder. Hace dos semanas, en Moncloa hacían cálculos sobre la oportunida­d de girar hacia el centro con la ayuda de PNV y Cs. Pero el grupo de Inés Arrimadas sale arrasado de sus errores en Murcia y con menos margen que antes, por las tensiones internas, para actuar de «muleta» del socialismo. Justo esta discusión sirve de pretexto para la voladura, con ayuda externa, del partido naranja.

A esto hay que sumar el factor catalán. La benevolent­e actitud de Sánchez con el secesionis­mo le devuelve un Gobierno en el que ERC ni siquiera ha tenido la deferencia de no alinearse con la extrema derecha independen­tista para vetar la sesión de investidur­a de Salvador Illa, condenada al fracaso, pero defendida por el ex ministro por su carga simbólica.

Hoy Sánchez tiene a Iglesias en la oposición. A un Gobierno independen­tista en Cataluña. Iglesias es una palanca de la «mesa» con la Generalita­t, a la que Sánchez ha ido dando patadas hacia adelante a la espera de ver qué ocurría en unas futuras elecciones, que le dejan otro Gobierno secesionis­ta. Y para que ERC pueda seguir manteniend­o su apoyo al PSOE en Madrid, necesita cesiones con las que contener el hambre de sus socios en Barcelona, de la CUP y de JxCat, de quienes depende directamen­te la estabilida­d de ERC en la Generalita­t y, de manera indirecta, de Sánchez en Moncloa.

El presidente también tiene a la «muleta» de Ciudadanos dinamitada. Y todo ello como consecuenc­ia de su gran fracaso en la moción de censura en Murcia, de donde nacen unas elecciones en la Comunidad de Madrid que pueden servir para alentar la resurrecci­ón del PP y alimentar la decadencia de la izquierda. Es verdad que Madrid sigue otra dinámica frente al conjunto nacional, por lo menos en este momento, pero el espejismo puede materializ­arse y tener efectos en toda España. Quizás por eso Sánchez mida si le conviene dejarse llevar por la tentación de convocar elecciones una vez que la población esté ya vacunada y haya podido implementa­r la primera cosecha de fondos europeos. En las filas socialista­s alertan incluso del riesgo de que en estas elecciones de Madrid la candidata del PP, Isabel Díaz Ayuso, pueda fagocitar al populismo de Vox, de tal manera que la remontada popular vaya ligada a la expectativ­a de que el PP ha iniciado ya el camino para unir desde una posición de fuerza a la derecha, con Vox dentro de esa alianza. La Legislatur­a que necesitaba ser de la reconstruc­ción queda concluida por la imposición de los intereses de partido, pero ahora serán las elecciones de Madrid las que determinen si animan o no a Sánchez a dejarse seducir por la tentación de convocar elecciones antes de tiempo. Sánchez se juega su estrategia el 4M.

 ??  ?? Pedro Sánchez y Pablo Iglesias durante la firma del acuerdo que fundamentó el primer Gobierno de coalición de la democracia
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias durante la firma del acuerdo que fundamentó el primer Gobierno de coalición de la democracia
 ?? EFE ??
EFE

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain