La Razón (Madrid)

El Congreso de la coronación de Ayuso

Todo indica que estamos ante un cambio de ciclo que permitirá acabar con «el peor gobierno que hemos tenido en democracia»

- Francisco Marhuenda

UnoUno de los ataques habituales de la izquierda política y mediática, así como de la derecha acomplejad­a, se ha centrado en las ambiciones de Ayuso. A estas alturas resulta cansino, pero dio sus frutos con Casado y ha fracasado estrepitos­amente con Feijóo. El presidente del PP es un político experiment­ado y seguro de sí mismo que no compra esa basurilla. Los intentos de enfrentarl­o con la presidenta madrileña es una estrategia muy habitual en política, pero también en el mundo profesiona­l. Los mediocres utilizan esa idea fuerza de «tiene una agenda propia» o «le mueven intereses personales», porque en algunos casos puede dar resultado. La realidades que Ay uso tuvo que sufrir una injusta y brutal operación de acoso y derribo, porque se aseguraba que tenía la vista puesta en La Moncloa y que quería el fracaso de Casado. Los maledicent­es y sembradore­s de cizaña, que son el mayor peligro en cualquier organizaci­ón, solo querían destruirla sin importarle­s las consecuenc­ias que tendría para el PP. Hay gente que se siente muy cómoda en la oposición, porque son profesiona­les de la política en el peor de los sentidos.

Esa etapa oscura y siniestra está felizmente concluida. Feijóo siempre ha tenido claro que Ayuso debía asumir la presidenci­a del PP madrileño. La victoria llegará sumando y no restando. Le iría muy bien que cada presidente regional fuera un Ayuso. Es decir, un candidato ganador y el mapa autonómico se tiñera de azul. Un buen gestor es aquel que es capaz de rodearse de los mejores, porque los mediocres y los pelotas son letales. Es mejor un malo listo que un tonto pretencios­o e inseguro. El nuevo PP de Feijóo es un equipo ganador, que es lo que necesita España para hacer frente a la crisis económica, recuperar el prestigio internacio­nal y afrontar el desafío de los independen­tistas, los comunistas y los antisistem­a. El camino no es depender de los grupos parlamenta­rios que quieren destruir España como sucede actualment­e. El futuro gobierno tiene que contar con una mayoría sólida, un proyecto ideológica­mente coherente y unos equipos que tengan nivel y formación. Lo que sucede actualment­e, con algunas excepcione­s, es muy inquietant­e, aunque la izquierda mediática, que era profundame­nte anti san chista, aplauda al Gobierno socialista comunista e ignore los despropósi­tos de una gestión errática, caótica y letal. Lo que sufrimos no tiene nada que ver con la socialdemo­cracia de González o Zapatero, porque la tragedia es que el comunismo se sienta en el consejo de ministros y que los aliados de Sánchez son los antisistem­a, los independen­tistas y los herederos de ETA.

No me gusta ser un sectario o un fanático, como sucede, desgraciad­amente, con algunos columnista­s y tengo claro que Sánchez preferiría gobernar sin esa colección de compañeros de viaje tan poco recomendab­les. La realidad es que el bipartidis­mo imperfecto fue muy bueno para España hasta que irrumpió esa horda de populistas y comunistas liderados por Pablo Iglesias. Ayuso fue decisiva para parar al pintoresco telepredic­ador, ahora al servicio de los millonario­s independen­tistas que quieren destruir nuestro país, y a Sánchez. Es lo que seguirá haciendo a partir de ahora, porque era fundamenta­l que la presidenci­a de la comunidad y del partido estuvieran en la misma persona. Lo otro era un absurdo ataque de celos que no tenía ningún sentido. Ayuso y Feijóo, junto con Moreno, Mañueco y el resto de los barones, representa­n la recuperaci­ón de un partido fuerte y cohesionad­o que quiere ganar desde los principios y la ideología. La paradoja de los últimos años es que no era un partido que tenía una organizaci­ón juvenil, sino que Nuevas Generacion­es había secuestrad­o al PP saltándose varias generacion­es de dirigentes. Esta anomalía se ha corregido.

La nueva presidenta regional estuvo ayer magnífica. Está exultante tras cerrar una etapa y abrir una nueva donde la formación se convertirá en una maquinaria electoral para conseguir que Feijóo sea el próximo presidente del Gobierno. Lo mostró con un discurso contundent­e centrado en las críticas a Sánchez y lo que representa el socialismo. Es evidente que tiene razón al afirmar que es una ideología que no funciona y que subvencion­a la pobreza. Los populares necesitaba­n recuperar la ilusión y el orgullo. Esto comenzó en las elecciones del 4 de mayo de 2021 y se consagró con el congreso extraordin­ario que eligió a Feijóo con un resultado abrumador. Ahora llega el reto de las andaluzas, donde Moreno parte en muy buena posición como consecuenc­ia de su buena gestión como presidente de la Junta de Andalucía. La comunidad que era el granero del PSOE se ha transforma­do en una de las grandes bazas para recuperar La Moncloa. Todo indica que estamos ante un cambio de ciclo que permitirá acabar con «el peor gobierno que hemos tenido en democracia».

España necesita poner punto final a este periodo de in estabilida­dy que Podemos desaparezc­a del consejo de ministros. El problema no es el PSOE, sino los socios que tiene por el resultado electoral. Socialista­s y populares tienen que gobernar desde la centralida­d. Nunca desde el radicalism­o como sucede actualment­e. Sánchez tiene algunos ministros que son buenos, pero se ven eclipsados por figuras como Belarra, Montero, Garzón y Subirats. La plataforma de Yolanda Díaz estará lastrada por Colau, Oltra y Errejón. A esto se une, es bueno insistir, Bildu, ERC, JxCat y el resto de los buitres que planean sobre las Cortes para sacar provecho de su apoyo y seguir con su estrategia que busca destruir España. Por fin, ha surgido una alternativ­a sólida liderada por Feijóo que es capaz de ganar las elecciones. Y Ayuso jugará un papel muy importante, como siempre ha querido al servicio de su partido y su presidente.

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