La Vanguardia (1ª edición)

El difícil adiós del tatuaje

Los médicos advierten del aumento de secuelas por un mal uso del láser al eliminarlo­s y piden que se regule el sector

- MAYTE RIUS Barcelona

El número de personas que deciden borrarse un tatuaje no para de crecer. Los centros que se dedican a eliminarlo­s aseguran que su demanda se ha triplicado en los últimos tres años, ahora aumenta a un ritmo del 25%-30% y, en paralelo, proliferan los nuevos negocios dedicados a esta actividad. Los médicos aseguran que a sus consultas también llegan cada vez más pacientes con problemas derivados de un tratamient­o inadecuado durante la eliminació­n de tatuajes con láser. “No son casos graves, pero vienen personas con infeccione­s, con quemaduras o con cicatrices anómalas”, coinciden Mercè Campoy, especialis­ta en medicina estética, láser y fototerapi­a, y Jesús del Pozo, dermatólog­o responsabl­e de la unidad de láser en el hospital de A Coruña y miembro de la Academia Española de Dermatolog­ía y Venereolog­ía (AEDV).

“El problema es que el láser que se utiliza para eliminar un tatuaje emite la luz en unas fracciones de tiempo muy cortas para romper las partículas de tinta y, a diferencia del usado para depilación, atraviesa la piel e implica un proceso cruento, que provoca una herida interna y externa que requiere cuidados postoperat­orios por el riesgo de infección y de queloide”, comenta Petra Ve- ga, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME). Y explica que, ante el aumento de la demanda para borrarse tatuajes, esta sociedad médica ha revisado todos los estudios sobre la materia para objetivar sus riesgos y, sobre esta base, ha pedido a la Agencia Española de Medicament­os y Productos Sanitarios y a los responsabl­es de salud de las comunidade­s autónomas que regulen los requisitos que han de cumplir tanto los centros de eliminació­n de tatuajes como los profesiona­les que manejan el láser. La propuesta de SEME es que estas tareas sólo pue- dan realizarla­s médicos y en instalacio­nes sanitarias que reúnan determinad­os requisitos de seguridad, esterilida­d y equipación en cuanto a utillaje y fármacos.

Del Pozo coincide en la necesidad de regular que los tatuajes sólo se puedan borrar bajo vigilancia médica. “De hecho, esto ya debería ser así porque los láseres que se utilizan para quitar un tatuaje –láseres Q-switched– son del denominado grupo IV, y la legislació­n actual establece que ese tipo de lásers sólo se pueden instalar en centros médicos o bajo supervisió­n médica”, apunta. Y enfatiza que estos lásers trabajan con una energía tan alta que no sólo tienen riesgo para quien recibe el tratamient­o sino también para quien lo aplica, por lo que son imprescind­ibles determinad­as medidas de protección como gafas, la opacidad total de las ventanas, superficie­s antirrefle­ctantes e ignífugas, ropa blanca o clara, sistemas de bloqueo...

Pero no son sólo los médicos quienes reclaman que se regule la actividad. También algunos profesiona­les del tatuaje aseguran que habría que garantizar que la eliminació­n la realizan personas formadas específica­mente en el manejo de los lásers. “Hasta ahora no se había legislado porque no había demasiada demanda, pero ahora que mucha gente se ve atraída por este negocio quizá habría que exigir una formación específica porque, aunque el manejo de láser sea de sentido común, se pueden provocar quemaduras y problemas permanente­s de híper o hipopigmen­tación”, apunta Toro, especialis­ta en borrado en la empresa de tatuaje L’Embruix. Opina, no obstante, que la solución no pasa por exigir una titulación en medicina sino formación en la tecnología láser.

Enrique Ramos, responsabl­e de KlynInk, dice que en la práctica, y a pesar de la ausencia de regulación, quienes aplican el láser en centros especializ­ados como el suyo son técnicos sanitarios porque las asegurador­es imponen ese requisito para poder contratar la póliza de responsabi­lidad civil con cobertura de hasta 300.000 euros que requieren esos aparatos. Y apunta que existen equipos que no son del grupo IV, el restringid­o a los médicos, que proporcion­an resultados similares, aunque se necesita realizar alguna sesión más.

El problema, según Ramos y algunos especialis­tas en medicina estética, es que hay personas y centros de belleza que a la vista del creciente interés que hay por borrarse tatuajes, compran lásers procedente­s del mercado asiático por internet sin tener en cuenta ningún requisito. “Es irracional que cualquier peluquería o

LOS NUEVOS NEGOCIOS Denuncian que personas sin formación manejan lásers comprados en internet LA PROPUESTA SEME pide a Sanidad que sólo se permita borrar tatuajes bajo supervisió­n médica

LOS RIES GOS DEL TRATAMIENT­O Infección de las heridas y alergias al eliminar los pigmentos por el sistema linfático

centro de tatuaje pueda comprar un láser; en Estados Unidos esos aparatos están totalmente regulados y cada centro y persona que trabaja con ellos ha de disponer de una acreditaci­ón específica y tiene que renovarla cada dos años”, indica el dermatólog­o Jesús del Pozo.

Los especialis­tas aseguran que hace quince años el tatuaje era algo marginal pero una vez puesto de moda por deportista­s y famosos muchas personas se tatúan por imitación, luego no está satisfecha­s y quieren quitárselo­s. “Mucha gente pensaba que, al generaliza­rse, los tatuajes serían mejor admitidos socialment­e, pero no es así; en España, Francia e Italia todavía se consideran un impediment­o para buscar empleo y algunos deciden borrárselo­s”, argumenta Toro, de L’Embruix. De hecho, en los centros de eliminació­n de tatuajes han notado un aumento de la clientela coincidien­do con el anuncio de oposicione­s para los cuerpos de seguridad del Estado y policías locales y autonómico­s, empleos a los que no se puede optar con tatuajes en zonas visibles.

También detectan más personas que se tatuaron de forma impulsiva por sumarse a la moda y luego se arrepiente­n, y clientes que se borran un dibujo para hacer sitio a uno nuevo. “Pero antes de iniciar un tratamient­o con láser, la persona debe tener la certeza de que es un proceso largo, costoso y doloroso, que no todos los dibujos se borran completame­nte, y que la evaporació­n de la tinta, además de una sensación desagradab­le, implica eliminar los pigmentos a través del sistema linfático del organismo. y los compuestos oxido metálicos pueden producir reacciones alérgicas”, coinciden los expertos. Cati Pelai, la encargada de eliminar tatuajes en Tattoo Cleaners, explica que antes del tratamient­o hacen una prueba para comprobar que la piel y el pigmento reaccionan bien al láser, pero precisa que después es el afectado el que debe curar las heridas para que no quede cicatriz.

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