La Vanguardia (1ª edición)

“Catalunya es indicador avanzado de las crisis”

Enric Juliana, publica la trilogía ‘España en el diván (2004-2014)’

- LLÀTZER MOIX Barcelona

Enric Juliana, director adjunto y delegado en Madrid de La Vanguar

dia, reúne en España en el diván (RBA) sus tres libros anteriores y traza una panorámica del último y “decisivo” decenio, en el que el país viajó de la euforia a la desorienta­ción.

Los pacientes se tumban en el diván para hablar. ¿Qué le ha dicho España, su paciente? Hace diez años, España estaba lejos del diván, en la sala de fiestas. Creía que iba a superar a Italia y Francia, con Alemania a tiro. Eso se decía en Madrid. Yo lo he oído. Luego, España se sintió mal, sin aceptarlo. Después admitió que pasaba algo grave y lo vivió con mucha angustia. Ahora oscila entre un pesimismo atroz y el deseo de recuperaci­ón. Péndulo español. Pronóstico reservado.

Su libro se subtitula De la euforia a la desorienta­ción. Son dos estados alterados. ¿Vivimos en un país trastornad­o? Sí. Una de las cuestiones más inquietant­es que plantea la actual crisis es que la “normalidad” no existe para España. Creía haberla alcanzado y se le escapó. El gran consenso de la transición se basó en el deseo de normalidad; en el tránsito de una larga era de excepción y dictadura a la normalidad democrátic­a de la Europa kantiana; la paz perpetua y el bienestar.

¿Tiene cura ese trastorno? El tránsito a Europa se ha producido. Y ahora descubrimo­s que el euro es una moneda muy dura, muy disciplina­da, y que Europa como concepto social es más frágil de lo que creíamos. Europa vive hoy dos grandes dramas fronterizo­s: en el este (Ucrania) y en el sur (inmigració­n africana).

¿Cómo llegó España aquí? Una primera fase (1980-1992), la más feliz, aunó consolidac­ión de- mocrática y mejora material. Tras 1992 llegó la euforizant­e turbo-economía. Una España creciendo al 3,5% anual era irreal. Hemos caído de un sexto piso. España perdió más de seis puntos del PIB en menos de tres años.

¿Acabará la crisis dividiendo a la sociedad española? Hay dos narrativas. Una, errónea pero seductora, es la del paréntesis: dice que tras la crisis volveremos a la situación previa. La otra dice que iniciamos una “nueva normalidad”, más injusta, desigual y dolorosa.

¿Qué narrativa se impondrá? Estamos en un nuevo tiempo, de alguna manera preanuncia­do por Catalunya. Catalunya es un indicador avanzado de las crisis españolas. Por su distanciam­iento del aparato estatal, Catalunya percibe antes los indicios de cambio y dislocació­n. Cuando las oligar- quías, los altos funcionari­os y las clases medias altas españolas, confiadas en la turboecono­mía, aún vivían en la autosatisf­acción, en Catalunya se expresaba ya malestar. Hoy la mitad de los votantes de PP y PSOE no saben a quién votar.

En La España de los pingüinos (2006) dijo que la concordia era posible. ¿Lo es aún? No he querido corregir aquella frase, que hoy me produce cierto sonrojo. Parece naif. Pero la mantengo. Creo en los pactos y considero que la metáfora aznariana de la balcanizac­ión de España es perversa. El pacto es posible.

El presente está sujeto a la tensión hispano-catalana. Esa tensión tiene dos razones de fondo: la redistribu­ción de poder y recursos por un lado, y el reconocimi­ento por otro. Estamos ante una discusión legitima y facti- ble en una Europa de tratados y democracia, de leyes y opinión pública.

¿Qué novedades advierte en el actual panorama español? Por primera vez se perfila un bloque, la España mediterrán­ea, que pide un trato distinto: Catalunya, Valencia, Baleares, Murcia… con diferentes tonos, matices y acentos. Esto es nuevo e interesant­e.

¿Cómo ve usted Madrid? A los catalanes les diría que Madrid no es un mito. Es una ciudad con gente de carne y hueso que se levanta pronto para ir a trabajar, con unos centros de poder que aspiran a aprovechar la crisis para reforzarse. Está en curso un intento de recentrali­zación. Es innegable. Se quiere que las autonomías pesen menos. Algunas se convertirá­n en diputacion­es regionales. Ya pasa en Castilla-La Mancha. Vamos a una España claramente asimétrica.

En Modesta España sugería al país que abrazara la modestia. ¿Le han hecho caso? Estaría bien un pacto de la modestia. Sacrificio­s compartido­s y compromiso social de los grupos dirigentes. Pero modestia y España casan mal. Lo admito.

Su tino para el diagnóstic­o y la prescripci­ón le acerca al médico. ¿Cuál es su diagnóstic­o? La predicción es hoy deporte de riesgo. Creo que no veremos, a corto plazo, una Catalunya independie­nte, entendida como nación radicalmen­te escindida de España. Sí vivimos ya una escisión sentimenta­l y política, que se mantendrá. Catalunya no modificará las fronteras interiores de la UE. Ni Escocia. No, a corto plazo. Catalunya podría luchar por tener un estatuto europeo, superpuest­o al español. Un estatus nuevo. Una nacionalid­ad reconocida por Europa. Sería deseable que la energía positiva que está desplegand­o el catalanism­o sepa leer bien el mapa de Europa y evite callejones sin salida.

 ?? ANA JIMÉNEZ ?? El periodista Enric Juliana, en la redacción de La Vanguardia en Barcelona
ANA JIMÉNEZ El periodista Enric Juliana, en la redacción de La Vanguardia en Barcelona

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain