La Vanguardia (1ª edición)

Cinco años de nostalgia

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Ya imagino el futuro: el FC Barcelona dispondrá en el 2021 de un nuevo Camp Nou al que todos y cada uno de los más de 80.000 socios pondrán pegas, reparos y objeciones. Uno no descarta que aparezca en Telemadrid el socio decano hablando de que Les Corts sí que era un campo fantástico para ver el fútbol...

La memoria del aficionado es tonta y muy arbitraria. Recuerdo que el lateral Eladio se llamaba Eladio Silvestre Graells –me la juego: no he consultado a Google–, que la Penya Barcelonis­ta Tarragona y Provincia era la más visible o que había un animador profesiona­l llamado Josep Tortosa, alternativ­a más económica y entrañable que los boixos nois, un señor con aires de tripaire que llamaba a animar y removía la conciencia de los tribunaire­s, que delegaban en la general y los fondos de gol la tarea de animar. El nuevo Camp Nou no tendrá esos personajes...

La nostalgia es una tontería tratándose del barcelonis­mo pero uno ya se imagina las críticas por llegar. “Soy el socio 8.543, inscrito el día de mi nacimiento, guardo todos los carnets gracias a que hago ver que los he perdido y en la localidad que me han asignado veo a los del Madrid simpáticos. ¡No hay derecho que nos hagan esto a los socios que vimos el penalti de Guruceta!”. O bien: “Yo no digo que este estadio sea feo pero echo de menos los lavabos del Camp Nou y aquellas colas de consocios apremiados por la próstata”.

De todos los debates previsible­s, el más estupendo –barrunto– será el del nombre. La cláusula comercial, el title right (acabo de leerlo), conservará Camp Nou y dejará espacio para el patrocinad­or elegido. Supon-

“Soy el socio 8.543 y en la localidad asignada veo simpáticos a los del Madrid. ¡No hay derecho!”

go que en todas las asambleas de compromisa­rios de aquí al 2021 siempre hablará un socio sentimenta­l dispuesto a proponer un nombre por el que el club no cobraría nada: Camp Nou Busquets, Camp Nou Papi Anguera o Camp Nou Sis Copes. Los compromisa­rios aplaudirán educadamen­te y en la mesa presidenci­al algún vicepresid­ente le dirá a otro por lo bajo, tapándose la boca con una mano:

–¡Y a Neymar le pagaremos con cromos de Chocolates Torras!

Naturalmen­te, el nombre del estadio reportará una morterada de euros y es un peaje necesario –otro más– en el mercado global del fútbol donde el Barça es lo que es por su primer equipo y no por las historias que tanto nos gustan. Ya imagino quienes ofrecerán más: Oriente Medio. Alzaremos las voces, recordarem­os a Eladio Silvestre Graells y sacaremos un pañuelo –de papel– para derramar una lágrima y hablarles a los nietos de los entrañable­s lavabos del viejo Camp Nou.

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