La Vanguardia (1ª edición)

Alepo pone a prueba a todos los bandos implicados en Siria

Rusia, EE.UU. y la ONU pactan una tregua difícil de aplicar

- XAVIER MAS DE XAXÀS Barcelona

Después de cinco años de guerra en Siria parece que todo se decidirá en Alepo. Es la plaza más codiciada por todos los bandos en conflicto: el Gobierno, los rebeldes, los kurdos y los yihadistas. También es la plaza donde Rusia, Estados Unidos y la ONU se juegan su capacidad de influir sobre los combatient­es y encontrar una salida política al conflicto.

El Kremlin, la ONU y la Casa Blanca intentan imponer una tregua. Esto implica que los rusos han de convencer al régimen de Bashar el Asad y los norteameri­canos hacer lo mismo con las milicias de la oposición. El ministro ruso de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, aseguró en Moscú que la tregua era inminente. “Puede que sea cuestión de horas”, llegó a decir. El lunes, en Gi- nebra, el secretario norteameri­cano de Estado, John Kerry, también se mostró optimista.

Rusia y EE.UU. han reforzado en Ginebra una oficina para controlar lo que pasa sobre el terreno. Esta infraestru­ctura era esencial para que no haya dudas sobre quién dispara a quién.

Hasta ahora, por ejemplo, sirios y rusos han asegurado que sólo atacan a los yihadistas del frente Al Nusra, vinculado a Al Qaeda. EE.UU. y los rebeldes, sin embargo, señalan que la población civil sufre ataques indiscrimi­nados.

Desde hace diez días, cuando el ejército sirio, apoyado por Rusia, lanzó una ofensiva para reconquist­ar Alepo, en la ciudad han muerto 279 personas, según el Observator­io Sirio de los Derechos Humanos. En la zona rebelde ha habido 155 muertos. De ellos, 55 perecieron en el hospital Al Quds. Los rebeldes se vengaron ayer de este ataque. EE.UU. les había pedido prudencia pero esto no impidió que bombardear­an la zona gubernamen­tal y colocaran un coche bomba frente al hospital Al Dabit. Hubo 19 muertos. En el hospital perecieron tres mujeres.

Poco después de este atentado, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución para que los bandos en conflicto respeten los servicios sanitarios. La presidenta de Médicos Sin Fronteras, Joanne Liu, instó a los diplomátic­os para que fuercen el cumplimien­to de esta medida.

Casi siempre, sin embargo, esto depende más de los militares que de los políticos. Kerry puede dar buena cuenta de que así es. Ayer insistió a los grupos de la oposición para que respeten la tregua y les prometió que no serán atacados si marcan distancias

con las posiciones en manos de Al Nusra. Sin embargo, que no sean atacados no depende de EE.UU. sino de la capacidad de influencia del Kremlin sobre Damasco.

A priori esta capacidad es máxima, pero también es verdad que el ejército sirio reemprendi­ó los ataques sobre Alepo la semana pasada desoyendo la advertenci­a rusa de centrarse en las negociacio­nes de paz de Ginebra.

La oposición entendió que no valía la pena seguir negociando mientras caían las bombas y abandonó la ciudad suiza.

Ahora todo podría volver a cambiar si Damasco renuncia a hacer valer su teórica superiorid­ad militar sobre Alepo.

El mediador de la ONU, Staffan de Mistura, estuvo ayer en Moscú y salió satisfecho de la reunión con Lavrov. El lunes había visto a Kerry en Ginebra y parece que todo encaja para extender a Alepo el régimen de calma que el Gobierno sirio decretó el sábado sobre los suburbios de Damasco y los alrededore­s de Latakia.

“Si esto sucede –aventuró De Mistura–, podríamos volver de inmediato a la mesa de negociacio­nes”. Nadie parece tener más ganas que él. Lleva meses intentando consolidar pequeñas treguas, consiguien­do, a veces, que los convoyes de ayuda humanitari­a entren en las poblacione­s sitiadas, medidas de confianza que son imprescind­ibles para que las conversaci­ones de paz puedan prosperar.

Lavrov no escondió que “lo ideal sería que el régimen de cal

ma fuera indefinido”. Esto implica que Bashar el Asad deberá negociar su futuro sobre la situación militar que hay ahora sobre el terreno. No podrá ocupar Alepo ni avanzar en otros frentes para tener más poder en la mesa de negociacio­nes. Sin el apoyo del ejército ruso parece que le sería imposible lograrlo. Sin embargo, también es verdad que sin el apoyo diplomátic­o ruso su futuro es más que negro. EE.UU. y sus aliados árabes no lo quieren en Damasco, ni siquiera durante un periodo de transición. Sólo el Kremlin puede convencerl­os de que es la menos mala de la soluciones.

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GEORGE OURFALIAN / AFP Los alrededore­s del hospital Al Dabit, en la zona gubernamen­tal de Alepo, atacado ayer por los rebeldes

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