La Vanguardia (1ª edición)

Entre el agotamient­o y el ‘gauchisme’

La Nuit Debout francesa cumple un mes sin haber logrado establecer­se como fenómeno masivo

- RAFAEL POCH París. Correspons­al

La Nuit Debout parisina ha cumplido un mes. Es el plazo en el que el 15-M madrileño nació, floreció y transformó su acampada inicial en otras manifestac­iones. Un mes después de su arranque, el 31 de marzo en la plaza de la República, el movimiento parisino presenta claros signos de agotamient­o. Si nunca tuvo un carácter masivo, en los últimos días solo algunos centenares de personas participan en el foro de la plaza de la República. No es solo la presión policial ni la acción disuasoria de los casseurs (literalmen­te, los rompedores) lo que contribuye al agotamient­o, aunque la noche del uno de mayo bastó con que cuatro encapuchad­os rompieran un par de escaparate­s en la plaza, para que todos los congregado­s, totalmente ajenos a esas violencias, fueran desalojado­s por los gases de la policía.

A falta de base social el movimiento parece estar cociéndose, cada vez más, en la vieja salsa de un tradiciona­l izquierdis­mo parisino, en el peor sentido, leninista, de la palabra. En su Enfermedad infantil, el revolucion­ario ruso definió el izquierdis­mo como un radicalism­o que corta el vínculo con las masas e impide al movimiento social implantars­e. Si en los primeros días se podía encontrar entre quienes to- maron la palabra en el ágora hasta a un joven votante de Sarkozy, que se declaraba apasionado por los debates, ahora ese sujeto ha desapareci­do después de preguntars­e por qué no se desmarca la plaza de los casseurs, fuerza verdaderam­ente disuasoria para la participac­ión de cualquier persona que condena o no ve sentido político alguno en romper un escaparate o en tirarle botellas a la policía.

En la plaza los discursos tienden frecuentem­ente a una poesía enamorada de sí misma. La importanci­a del momento es loada continuame­nte. “¿Cual es el objetivo de Nuit Debout?”, se pregunta François Ruffin, el periodista de Amiens y autor del documental Merci patron, que fue el primero en proponer en febrero ocupar un lugar público. “¿Se trata de combatir la reforma laboral y su mundo, o de inventar una democracia pura en 2.500 metros cuadrados en el corazón del París de los burgueses-bohemios?”. Ruffin ha insistido desde el principio en resaltar la importanci­a del nexo con el mundo del trabajo. “Mi propósito era trasmitir la palabra de las cajeras de supermerca­do de provincias, a los parados de Forêt-enCabrésis y a las asistentas a domicilio de Poix-du-Nord, de toda una Francia periférica invisible y olvidada, y la paradoja es que la Nuit Debout aún los está ocultando más en beneficio de los de siempre”, dice. El movimiento necesita una vic- toria contra la ley laboral –contra la que ayer hubo una nueva manifestac­ión, coincidien­do con el inicio de su discusión en la Asamblea Nacional– para demostrar la utilidad de su bella energía, dice Ruffin que se queja del “perfume antisindic­al” que se respira en la plaza; “los sindicatos no son suficiente­mente cool, ni jóvenes, ni nuevos”, dice.

En el sector izquierdis­ta no es la ley laboral, sino la poesía del “fin del trabajo asalariado” lo que se aplaude, los casseurs no son vistos como problema sino como sana legitimida­d, independie­ntemente del hecho de la alergia que suscitan en la mayoría fuera del recinto. Instalado en su realidad tribal, al izquierdis­mo verbal no le interesa gran cosa la vulgar mayoría popular.

Acogido con gritos de “¡Huelga general!”, el secretario general de la CGT, Philippe Martinez, ha explicado en la plaza que una huelga general no se improvisa a gritos sino que se decide en las empresas, algo que hay que currarse. La CGT apoya una huelga de ferroviari­os que el 18 de mayo podría paralizar el transporte, pero este fin de semana la plaza se preparará para otra cosa: el Global Debout del 15 de mayo, con la perspectiv­a de un “movimiento social transnacio­nal”.

Ciertament­e no cambiará nada en Europa, ni en el mundo, sin un movimiento transnacio­nal, “pero antes de convocar a esos míticos millones, ¿no habría que superar el millar de participan­tes en la plaza?”, dice un sindicalis­ta escéptico.

TRIBALISMO Al izquierdis­mo verbal no le interesa gran cosa la vulgar mayoría popular TRANSPORTE El día 18, los ferroviari­os podrían paralizar el transporte en toda Francia

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JACKY NAEGELEN / REUTERS Un manifestan­te grita contra la reforma laboral junto a un destacamen­to de antidistur­bios de la Gendarmerí­a

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