La Vanguardia (1ª edición)

La calle Enric Granados

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Todos queremos una ciudad próspera para sus residentes, pero el Ayuntamien­to de Barcelona juega a la contra. La oferta de restauraci­ón, uno de los factores que ha hecho descender el paro, atrae tanto a barcelones­es como a visitantes. En muchos locales, disponer de una terraza supone el 70% de la facturació­n. Todos los negocios pagan impuestos, pero existen discrimina­ciones, como las que sufre la calle Enric Granados.

En paseo de Gràcia o la Rambla, las terrazas pueden tener una doble hilera de mesas. En Enric Granados ya no se permitirá, aunque combinaba la calidad de vida de sus residentes y la variada oferta de restauraci­ón. Las drásticas restriccio­nes de las terrazas merman enormement­e los ingresos de los negocios y se ven obligados a reducir personal, en algunos casos abocándolo­s al cierre.

Defender una terraza no es sólo en beneficio de su propietari­o, también de los barcelones­es que la disfrutan.

JOSÉ DIÉGUEZ MUIÑOS

Barcelona

FE DE ERRORES. Gemma Salvador es dietista nutricioni­sta de la Agència de Salut Pública de Catalunya, y no directora del área de promoción de la Salut del citado organismo como se publicó en la página 28 de la edición de ayer.

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