La Vanguardia (1ª edición)

Los toros de Osborne

- Fernando de Felipe

Por mucho que la pasada semana nos vendieran lo de Ágatha Ruiz de la Prada y Pedro J. Ramírez como un estreno en toda regla, lo cierto es que el de este lunes fue en realidad el primer Mi casa es la tuya que grabó Bertín Osborne tras poner los cuernos a la conservado­ra TVE con la promiscua Telecinco (la de su añorado Contacto con tacto). Y la verdad es que, puestos a hablar de cuernos a puerta gayola, no se me ocurre nada mejor para celebrar la vuelta de Bertín al redil de Mediaset que poner como cabeza de cartel a ese taurino por antonomasi­a que es Fran Rivera.

A nadie se le escapa que la noche del lunes se presentaba especialme­nte rancia en lo que a contraprog­ramaciones se refiere. Simple coincidenc­ia o muy meditada venganza, La 2 de TVE, tan mala perdedora como de costumbre, emitía a esa misma hora Currito de la Cruz, blanquineg­ro dramón dirigido en 1948 por Luis Lucia e interpreta­do con tauromaniq­uea determinac­ión por el mítico Pepín Martín Vázquez. Ante tan rencorosa faena, y sabiéndose víctimas ambos machotes de una conspiraci­ón orquestada a golpe de clarín por la cadena pública, Bertín y Rivera contraatac­aron como sólo saben hacerlo los más grandes cuando las cosas vienen mal dadas: subiéndose el pantalón hasta los sobacos y confesándo­se mutua admiración y respeto entre fogones, fotos de familia y respectiva­s. Con un par.

Porque un par hay que echarle sin duda para atreverse a realizar tan sonrojante apología de la mal llamada “fiesta nacional” justo en el día en el que casi todos los telediario­s sin excepción se hacían eco en sus titulares de la brutal paliza que propinaron los más aficionado­s del lugar a dos antitaurin­as allá por Mas de Barberans (Tarragona). Y más ahora que la Eurocámara ha aprobado por abrumadora mayoría el cese definitivo de las subvencion­es destinadas a financiar, con fondos públicos, todo lo relacionad­o con el anacrónico chiringuit­o taurino. Ante tan abolicioni­sta panorama, lo de Bertín y Rivera y Viceversa no puede calificars­e sino de auténtica provocació­n, te- meridad mediática que podría dar lugar a toda suerte de espontánea­s reacciones en las más atrinchera­das tertulias (esas mismas que a veces parecen verdaderos burladeros democrátic­os).

Baste recordar para encender aún más si cabe la polémica que la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando acaba de inaugurar una exposición que, bajo el título de Otras tauromaqui­as, propone una revisión en estricta clave antitaurin­a de los famosos grabados de Goya, tantas veces enarbolado­s como inapelable argumento cultural para la cínica defensa del fiestorro. La muestra, que recoge obras igualmente críticas y expresamen­te realizadas para la ocasión por artistas como El Roto, Santiago Talavera, Malagón, Marina Vargas, Elena Fernández de Prada, Eider Agüero o Forges, incluye un escalofria­nte vídeo firmado por Chus Gutiérrez en el que el neocantaor flamenco Niño de Elche pide perdón “cara a cara” al toro Fadjen, un pacífico ejemplar que se ha convertido ya en todo un símbolo para los más antitaurin­os. Míratelo en la red, Bertín, que además es gratis.

Un par hay que echarle para hacer tal apología de la mal llamada “fiesta nacional” el día que se informa de la paliza a dos antitaurin­as

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