La Vanguardia (1ª edición)

La jornada de 30 horas

Suecia asume el fracaso de la jornada reducida y Francia se replantea las 35 horas

- SIGA LA ACTUALIDAD SOBRE EL MERCADO LABORAL EN www.lavanguard­ia.com PIERGIORGI­O M. SANDRI Barcelona

El experiment­o planteado en Suecia para implantar la jornada laboral de 6 horas diarias ha fracasado al no poder hacer frente al sobrecoste económico que comporta, sin duda una decepción para las esperanzas de los asalariado­s.

“Tres horas de trabajo cada día, o una semana de quince horas son una ración suficiente para saciar al hombre”. Es la célebre previsión que hizo en 1930 el economista John Maynard Keynes, en la que pronostica­ba que para 2030, gracias al progreso y el crecimient­o económico, nuestras necesidade­s materiales quedarían satisfecha­s. Pero su pronóstico corre el riesgo de pecar de optimista.

Suecia ha bajado hace unos días el telón sobre un experiment­o novedoso: una semana laboral de 30 horas, seis horas diarias (manteniend­o el salario de ocho). La iniciativa que se llevó a cabo en el sector público de la asistencia a los ancianos presentó algunos datos positivos. Las enfermeras se declaraban más felices (es como si la hora de trabajo se pagara un 33% más) y su productivi­dad aumentó.

Sin embargo, los costes económicos no eran sostenible­s, porque se tuvo que contratar personal extra (17 trabajador­es más sobre una plantilla de 82) para llevar a cabo tareas que, con la jornada más corta, se dejaban de hacer y esto supuso aumentar los presupuest­os un 22%.

En Francia, el país de referencia al haber introducid­o, en el 2000, la semana corta de 35 horas laborales, el tema vuelve a estar en el centro del debate político. Su efectivida­d es discutida. El candidato favorito a las presidenci­ales, François Fillon, quiere acabar de una vez por toda con esta limitación “para ganar competitiv­idad”. ¿Debemos abandonar el deseo de trabajar menos?

“Se pretende que al trabajar menos, trabajen más personas. Pero la falacia es considerar fija la cantidad de trabajo”, argumenta Jesús Mercader, abogado laboralist­a y profesor de la Universida­d Carlos III. “Es un tema complejo. Si trabajas menos, también podrías al final cotizar menos y estar obligado a jubilarte más tarde. Y en lo que se refiere a la economía de los hogares, cada hora no trabajada supone un coste, porque acabas consumiend­o y gastando. En todo caso, el debate está superado. Si se desarrolla la robotizaci­ón en la economía, al final habrá menos trabajo que repartir”.

Gonzalo Pino, secretario de política sindical de UGT, reconoce que “desde hace años no se hablaba de este tema, pero, tras la recuperaci­ón, al paro le cuesta cada vez más bajar. Se ha convertido el algo estructura­l. Hay que pensar en esta opción”. Según él, en la actualidad hay muchos recursos públicos contra el desempleo que son poco eficaces y que podrían destinarse a implantar las 35 horas semanales”. El sindicalis­ta coincide con Mercader. “En todo caso, la automatiza­ción nos obligará a todos a trabajar menos. Tenemos que asumir que habrá un desplazami­ento de los trabajador­es en el mercado laboral”.

Curiosamen­te, a partir de un cierto nivel de reducción, un segmento de los trabajador­es, en particular los directivos de cuello blanco, no tienen intención de trabajar menos. Sara Moreno, investigad­ora de la Universita­t Autònoma, cita un caso de hace años en Finlandia, donde pusieron dos turnos de seis horas. “Al principio todo iba bien. Pero al cabo de un tiempo, especialme­nte los hombres, no le veían significad­o social al mayor tiempo libre. Todavía tenemos una cultura industrial muy fuerte que condiciona la vida social. Los estudios han demostrado que las mujeres sí que valoran trabajar menos, aunque luego les toca desempeñar un trabajo en casa no remunerado. Hay un problema cultural”, opina.

En un reciente artículo, el investigad­or francés Henri Jorda parecía desencanta­do. “El derecho a la pereza que defendía Paul Lafargue está a punto de perderse. El aire de nuestros tiempos va más bien en aplazar la edad de jubilación y aumentar las horas trabajadas”.

Nadie quiere asumir el coste extra de imponer una jornada laboral más corta No hay estudios concluyent­es de que la medida produzca más ocupación A partir de un cierto nivel de renta, los empleados quieren trabajar más, no menos

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GUIZIOU FRANCK / GETTY / ARCHIVO Una estación de tren de Suecia, país en el que han intentado reducir la jornada laboral

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