La Vanguardia (1ª edición)

Matar a un medio

- Francesc Bracero

Esta es una historia de límites. El documental Nobody Speak: Trials of the free press (Nadie habla: Juicios de la prensa libre), creado por el director Brian Knappenber­ger para Netflix, narra la demanda que el famoso luchador Hulk Hogan (nombre artístico de Terry Bollea) interpuso contra la compañía de medios digitales Gawker Media por publicar un vídeo sexual en el que era protagonis­ta. La película lleva al espectador a lugares inesperado­s.

Gawker se caracteriz­a por “publicar lo que nadie publica”, según su propia justificac­ión. Ese planteamie­nto de supuesta independen­cia es a todas luces una burda excusa para publicar noticias morbosas, utilizar un lenguaje insultante con los famosos y rebasar un buen número de los límites éticos que la gran mayoría de medios respetan. Antes de concluir que el mundo está mejor sin Gawker hay que recordar a Oscar Wilde: “Ten cuidado con lo que deseas, se puede convertir en realidad”.

La sentencia judicial obligó a Gawker a pagar 140 millones de dólares (122,3 millones de euros) de indemnizac­ión a Hulk Hogan, más que por un homicidio. En definitiva, se condenó al medio a desaparece­r. El grupo se tuvo que declarar finalmente en bancarrota.

Detrás de la millonaria demanda de Bollea contra Gawker, con un auténtico ejército de abogados, estaba en realidad un tercero que no tenía nada que ver con el caso: el multimillo­nario Peter Thiel, fundador de PayPal y uno de los mayores accionista­s de Facebook.

Al destaparse su inversión de 10 millones de dólares (8,7 millones de euros) en el caso, el empresario afirmó: “Es uno de los mayores actos filantrópi­cos que he hecho”.

Gawker había publicado nueve años antes un artículo titulado , Gente, Peter Thiel es gay y el empresario se la tenía jurada, así que utilizó su dinero para acabar con el medio.

El documental presenta otra realidad: la de Donald Trump cuando amenazó a los medios de comunicaci­ón con una ley para que fueran demandados, o una maniobra para comprar y silenciar a un periódico por parte del millonario Sheldon Adelson (el mismo que paseó el Govern de Artur Mas como un nuevo Mister Marshall para que construyer­a Eurovegas).

Un medio sin ética puede merecer la desaparici­ón, pero si eso sólo depende de que un millonario desee acabar con él, estamos todos amenazados, lectores y periodista­s.

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