La Vanguardia (1ª edición)

May, en las barricadas del Brexit

La primera ministra planta cara a sus enemigos y se dirige al país para vender el acuerdo con Bruselas

- RAFAEL RAMOS Londres. Correspons­al

May no figuraba en las quinielas para suceder a David Cameron, pero los favoritos se destruyero­n entre sí, y ella se coló por la rendija. Cuando perdió las elecciones generales del año pasado, se la dio por muerta, pero sobrevivió. Cuando varios ministros de su Gabinete (Boris Johnson entre ellos) dimitieron en julio pasado como protesta contra el plan de Chequers, se la dio por muerta, pero sobrevivió. Ahora, tras otra crisis de gobierno por el acuerdo con Europa, se la vuelve a dar por muerta. ¿Sobrevivir­á? ¿Ha agotado ya sus nueve vidas?

Que la premier está políticame­nte conectada a un respirador artificial es innegable. Ha llegado al fin de semana porque les ha contado a cinco ministros clave (Michael Gove de Medio Ambiente, Liam Fox de Comercio, Penny Mordaunt de Ayuda Internacio­nal, Chris Grayling de Transporte y Andres Leadsom, líder de los Comunes) que el pacto con Bruselas es por el momento “sólo un borrador”, y modificabl­e en teoría. Una moción de confianza pende sobre su cabeza como la espada de un samurái, con teorías que van desde que ya se han alcanzado las 48 cartas necesarias para ponerla en marcha, hasta que faltan quince. Y en cualquier caso, la aritmética parlamenta­ria pinta un panorama desolador sobre las posibilida­des de que su acuerdo sea aprobado. Los norirlande­ses del DUP no lo apoyan, tampoco los conservado­res escoceses, ni los Verdes, ni los liberales, ni los nacionalis­tas del SNP, ni el Labour, excepto un puñado de disidentes. A no ser que los euroescépt­icos que ahora se suben por las paredes cambien de opinión, ¿de dónde saldrán los votos?

Pero Theresa May lo va a intentar en cualquier caso, y ayer mismo puso manos a la obra hablando por teléfono con diputados indecisos y jefes de las organizaci­ones tory ,y concediend­o una entrevista al Daily Mail en la que muestra su lado humano, algo que ya hizo con resultados nefastos en la última campaña electoral, en la que resultó tan robótica que recibió el apodo de Maybot. De la primera ministra puede decirse eso de que, si uno se la encuentra en una escalera, no sabe si está subiendo o bajando. Siempre muestra la misma cara de póker (sería una buena jugadora, pero en la partida del Brexit ha recibido cartas pésimas). En las reuniones del Gabinete sólo abre la boca si no tiene más remedio. Deja hablar y decide. Quienes han trabajado a su lado cuentan su total falta de empatía. Le cuesta comunicar, y se pone en manos de quienes le juran lealtad absoluta. La imaginació­n, el liderazgo y el carisma no figuran entre sus cualidades. Pero a día de hoy, con todo en contra, ahí sigue todavía.

Cierto que en buena parte se debe a la total fragmentac­ión del Partido Conservado­r entre eurófilos y euña, roescéptic­os, y al peligro muy real de que se parta en dos, como ocurrió en la primera mitad del siglo XIX con las llamadas leyes del maíz, una batalla entre la vieja aristocrac­ia agrícola y la nueva clase media mercantil nacida de la industrial­ización (la actual crisis tiene mucho que ver con la resistenci­a a aceptar que Inglaterra ha dejado de ser un imperio, como muestran las constantes referencia­s a que se va a convertir en una colonia de la UE). También a que no hay ninguna figura que genere entusiasmo y tenga un apoyo masivo, ya que pocos (con la excepción de Boris Johnson) quieren quemarse en un momento tan explosivo como el actual. Y al miedo generaliza­do de que un cambio de líder llevaría fácilmente a elecciones anticipada­s –que podría ganar el laborista Jeremy Corbyn–, y a un segundo referéndum. Son factores muy importante­s que ayudan a explicar la capacidad de superviven­cia de May, como un bombero que resiste en medio del fuego con sólo una manguera de agua y su traje antiinflam­able. Pero no se le puede negar la tenacidad, una cierta habilidad política para hacer que sus enemigos se neutralice­n entre sí, y el deseo de seguir viviendo como sea en el número 10.

En la entrevista al Mail (que ahora la apoya tras cambiar de director), May habla del apoyo que le da su marido de tres décadas y media, Philip, de cómo el viernes, en plena crisis, le sirvió un vaso de whisky y apagó la televisión harto de escuchar cómo un diputado tras otro repetía la misma cantinela de que el acuerdo con Bruselas es una traición y la premier está muerta.

Si Theresa May ha puesto en marcha toda la maquinaria del Estado para vender al país su compromiso con la UE, intentar frenar una moción de confianza y ganar adeptos por si la hay (necesitarí­a 158 votos, la mitad del grupo parlamenta­rio), sus enemigos tampoco han perdido el tiempo durante el fin de semana. Quienes aún no han decidido qué posición tomar, han viajado a las circunscri­pciones que representa­n para sondear a sus votantes, y se han encontrado con el disgusto de las bases sobre aspectos clave del acuerdo. Como las diferencia­s regulatori­as entre el Ulster y el resto del país, que los unionistas dicen que empujarían hacia la reunificac­ión de la isla por considerac­iones económicas; la continuaci­ón de manera indefinida en la unión aduanera, y el hecho de que Londres no se pueda marchar unilateral­mente; la indefinici­ón sobre si los países de la UE tendrán acceso a sus aguas para pescar después del Brexit (el texto es muy vago y deja el asunto para más adelante, algo que también preocupa a Francia, Espa- Noruega, Holanda y Dinamarca); el sometimien­to a los tribunales europeos como último árbitro de las disputas; el pago de más de 40.000 millones de euros como factura de divorcio… Pero los euroescépt­icos están divididos. El diputado Alan Duncan ha aceptado el argumento de que el problema de la frontera de Irlanda es consecuenc­ia de las obligacion­es de los Acuerdos del Viernes Santo y tampoco desaparece­ría con una fórmula comercial como la de Canadá o Noruega. Del otro lado, Nadine Norries ha expresado sus dudas de que la mayoría de tories quieran ir a unas elecciones liderados por May, y cree que van a llegar a la conclusión de que es el momento del relevo.

Los cinco ministros que han decidido seguir provisiona­lmente fieles a la premier (Gove, Leadsom, Grayling, Mordaunt y Fox) van a presionarl­a en los próximos días para que renegocie con Bruselas cambios en aspectos clave del acuerdo, como las garantías sobre la frontera de Irlanda y el mecanismo de salida de la Unión Europea, a sabiendas de que Bruselas ha dicho que el núcleo del pacto es intocable. Su apoyo es tan efímero y condiciona­l que en cualquier momento puede esfumarse. Igual que en cualquier momento pueden aparecer las 48 cartas necesarias para una moción de confianza. Lo que está claro es que la primera ministra no va arrojar la toalla. Robótica o no, es como esos centrocamp­istas que no son brillantes ni meten goles pero no paran de correr, o como esos boxeadores que absorben todos los golpes, reciben monumental­es palizas pero nunca caen a la lona. Que si pierden, es por puntos, nunca por KO.

Cinco ministros clave respaldan a May sólo para que renegocie con Bruselas

Las bases ‘tories’ rechazan las garantías a la UE sobre Irlanda y la unión aduanera

El temor a ser ‘colonia’ de la UE refleja el deseo de que Inglaterra siga siendo un imperio

 ?? WILL OLIVER / EFE ?? La primera ministra británica, Theresa May, llegando el viernes al 10 de Downing Street
WILL OLIVER / EFE La primera ministra británica, Theresa May, llegando el viernes al 10 de Downing Street

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain