La Vanguardia (1ª edición)

La crónica

- Luis Buxeres Doha Enviado especial

Tardó el balón en aterrizar en el Jalifa Stadium de Doha, acaso helado por un aire acondicion­ado capaz de congelar un desierto. Fue un aperitivo muy poco futbolero el del Inglaterra-Irán, marcado primero por la renuncia de Harry Kane a llevar el brazalete arcoíris ante las presiones de la FIFA (...) y luego por las protestas de los jugadores y aficionado­s iraníes contra la represión en su país durante los acordes de su propio himno. Cuando por fin los focos regresaron al césped, Inglaterra dio el primer golpe en la mesa de este Mundial y se puso el brazalete de favorita.

Máxima goleadora europea de la fase de clasificac­ión mundialist­a, semifinali­sta en Rusia hace cuatro años y finalista en la pasada Eurocopa, la progresión empuja a la selección de Southgate a dar el paso definitivo en Qatar y subirse a lo más alto del cajón. Pero aunque la segunda estrella queda aún muy lejana, la primera zancada para lograrlo fue convincent­e, de eso no cabe ninguna duda. Inglaterra debutó goleando casi a placer a una Irán que emuló a Qatar con una defensa del túnel del terror.

El combinado del eterno Queiroz, además, encajó la mayor goleada de su historia en los 16 partidos de fases finales mundialist­as que ha disputado. Un dato que refleja a la perfección la pobre imagen que estampó en el césped del frío Jalifa.

Tampoco necesitaro­n los pross lucirse en el exceso para rozar su mayor goleada en un Mundial (6-1 ante Panamá en el 2018). Completó Inglaterra un excelente ejercicio de paciencia y eficacia, más que de sobra para tumbar a una Irán bien dibujada pero demasiado frágil e inocente.

Tardó en arrancar el partido, parado durante ocho minutos nada más comenzar por la lesión de Beiranvand, el portero iraní, que acabó siendo sustituido, provocando un añadido de 14 minutos. En la segunda mitad solo serían 10, Dios sabe por qué. Le costó al equipo inglés abrir la lata, negado el cabezazo del imperial Maguire por el travesaño. Pero en cuanto lo hizo, puso la directa y finiquitó el partido con una facilidad pasmosa, que confirma un potencial capaz de opositar a todo.

Diez minutos tardaron los de Southgate en trasladar su superiorid­ad al marcador. Los que pasaron desde el tanto de Bellingham, de cabeza tras centro de Shaw, al de Sterling, a pase de Kane. Entre ambos, Saka había dejado su sello con un gran disparo. El delantero del Arsenal también firmó el cuarto, ya en la segunda mitad, que bajaba el telón definitivo al duelo. Taremi premió el ímpetu de su afición culminando un hábil pase de Gholizadeh. El delantero persa anotaría también el definitivo 6-2 de (mini) penalti para igualar a Valencia como pichichi. Rashford y Grealish habían sentenciad­o antes.

El triunfo en el césped contrastó con la derrota en la grada, donde los iraníes se mostraron mucho más animosos y apenas se escuchó a los hinchas ingleses. En Qatar está prohibido vender alcohol.n

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