¿Qué pa­sa con el ci­ne fan­tás­ti­co?

Nos in­quie­ta, es­pe­cial­men­te el del fan­tás­ti­co. En los años trein­ta tu­vi­mos a Drá­cu­la y Fran­kens­tein, en los cin­cuen­ta la cien­cia fic­ción, y en los se­ten­ta los psicópatas ase­si­nos. ¿Es­tá ca­pa­ci­ta­do pa­ra ex­pli­car el mun­do que vie­ne o de­be­rá mu­tar?

La Vanguardia - Culturas - - PANTALLAS - CAR­LOS LOSILLA

Ha­cia la mi­tad de The voi­ces, de Mar­ja­ne Sa­tra­pi, ter­mi­nan las ri­sas y em­pie­za el te­rror. Al prin­ci­pio, só­lo se tra­ta de un ti­po so­li­ta­rio y ex­tra­ño que ha­bla con sus mas­co­tas. Des­pués, ese hombre em­pe­za­rá a ma­tar, se re­ve­la­rá co­mo un psi­có­pa­ta en to­da re­gla, se­gún los es­tán­da­res de Holly­wood. Que los tí­tu­los de cré­di­to fi­na­les evo­lu­cio­nen an­te una es­ce­na de fon­do que imi­ta las for­mas del mu­si­cal co­lo­ris­ta quie­re de­cir que la apues­ta no es un fa­rol. Sa­tra­pi sa­be lo que ha­ce, es cons­cien­te de su sor­pren­den­te mez­cla de gé­ne­ros, adop­ta una cier­ta dis­tan­cia iró­ni­ca fren­te a su ma­te­rial. Sin em­bar­go, ca­re­ce de la ha­bi­li­dad su­fi­cien­te pa­ra en­sam­blar to­das las pie­zas y The voi­ces ter­mi­na sien­do no una, sino dos pe­lí­cu­las: en la pri­me­ra, los ani­ma­les ha­blan y el pú­bli­co se sien­te bien; en la se­gun­da, los cu­chi­llos gri­tan y la co­sa se po­ne fea.

Me di­rán us­te­des que así es la pos­mo­der­ni­dad, que la pe­lí­cu­la en cues­tión adop­ta un tono frag­men­ta­rio y dis­lo­ca­do por­que ya no pue­de ser de otra ma­ne­ra, por­que así es el ci­ne de aho­ra, bla bla bla. Es una cues­tión in­tere­san­te. ¿Has­ta qué pun­to po­de­mos acep­tar la irre-

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