“No que­re­mos ser un mer­ca­do de ar­te”

La Vanguardia - Culturas - - ARTE|S - P.N.

A Pao­lo Ba­rat­ta, pre­si­den­te de la Bie­nal de Ve­ne­cia des­de 1998, no le tiem­bla la mano cuan­do hay que in­tro­du­cir cam­bios en una ins­ti­tu­ción his­tó­ri­ca pa­ra adap­tar­la al si­glo XXI. En una épo­ca en que los ges­to­res pú­bli­cos re­du­cen fon­dos pa­ra ins­ti­tu­cio­nes cul­tu­ra­les y exi­gen au­to­fi­nan­cia­ción ha con­se­gui­do man­te­ner la ins­ti­tu­ción en pri­me­ra lí­nea. ¿Có­mo un even­to con más de 120 años de exis­ten­cia y que to­ca tan­tas te­clas con­ti­núa en la van­guar­dia? La Bie­nal no es un even­to. Si fue­ra así ha­bría muer­to el día des­pués de la pri­me­ra edi­ción, en 1894, como les ocu­rre a to­das las fe­rias in­ter­na­cio­na­les. En ellas to­do tie­ne lu­gar du­ran­te una fe­cha con­cre­ta. Lo que que­da de esa fe­ria a ve­ces es na­da. La di­fe­ren­cia con la Bie­nal es que no es só­lo el re­fle­jo de una si­tua­ción con­cre­ta, es un ejer­ci­cio de atrac­ción de los sen­ti­dos, a don­de uno va bus­can­do diá­lo­go por­que ya sa­be que ha­brá más en el fu­tu­ro del mis­mo mo­do que hu­bo más en el pa­sa­do. Cuan­do uno vi­si­ta la Bie­nal no es­tá par­ti­ci­pan­do de un even­to, es­tá en­tran­do en la evo­lu­ción del ar­te a tra­vés de los años y de las di­fe­ren­tes na­cio­nes. ¿Cuál la re­la­ción de la Bie­nal con el mer­ca­do del ar­te? Pa­ra po­der ges­tio­nar una ins­ti­tu­ción cul­tu­ral de­bes ga­nar­te el res­pe­to de la gen­te, lo que no ocu­rre si esa ins­ti­tu­ción es sos­pe­cho­sa de es­tar guia­da por po­lí­ti­cos, por el di­ne­ro o por los mer­ca­dos. Ob­te­ner la con­fian­za re­quie­re cier­ta for­ma de ha­cer las co­sas, como la ma­ne­ra en que ele­gi­mos a los co­mi­sa­rios. Na­die sos­pe­cha que los ele­gi­mos pre­sio­na­dos por los mer­ca­dos, las ga­le­rías, los po­lí­ti­cos. Otro fac­tor im­por­tan­te es que la Bie­nal no es un mer­ca­do. El ar­te con­tem­po­rá­neo co­mien­za opo­nién­do­se a lo es­ta­ble­ci­do e in­clu­so al mer­ca­do, pe­ro cuan­do se co­lec­cio­na pen­san­do que el va­lor mo­ne­ta­rio de ese ar­te se va a in­cre­men­tar con el tiem­po cam­bian las re­glas del jue­go. Hay fe­rias co­mer­cia­les, Ba­si­lea, Frie­ze, que tie­nen como ob­je­ti­vo ga­nar di­ne­ro, y es lí­ci­to. Pe­ro si el al­ta­voz del ar­te con­tem­po­rá­neo son las pie­zas de ar­te, su cos­te y su pre­cio en­ton­ces, ¿qué es­ta­mos co­mu­ni­can­do? Pues un in­ter­cam­bio de va­lor mo­ne­ta­rio. La Bie­nal es otra co­sa, y no que­re­mos que se nos con­fun­da con el mer­ca­do. El in­ter­cam­bio que es­pe­ra­mos no es mo­ne­ta­rio, sino de emo­cio­nes, co­no­ci­mien­to, crea­ti­vi­da­des. Los mer­ca­dos se preo­cu­pan de ha­cia dón­de va el ar­te, no­so­tros nos preo­cu­pa­mos por su na­ci­mien­to. La or­ga­ni­za­ción es com­ple­ja, con pa­be­llo­nes na­cio­na­les que se ges­tio­nan des­de los paí­ses y otras mues- tras. ¿Có­mo se ar­ti­cu­la to­do es­to? Cuan­do lle­gué a la Bie­nal es­ta con­sis­tía en las mues­tras que pro­po­nían los pa­be­llo­nes na­cio­na­les. De­ci­dí que la Bie­nal te­nía que con­tar con un pa­be­llón de ex­po­si­ción pro­pio que fue­ra au­tó­no­mo y con un co­mi­sa­rio de­sig­na­do por la Bie­nal. Es­to ha su­pues­to un gran cam­bio. El nú­me­ro de paí­ses se ha in­cre­men­ta­do de 57 a 88. El he­cho de que la Bie­nal de­ci­die­ra te­ner su pro­pia mues­tra im­pli­ca que la res­pon­sa­bi­li­dad de re­pre­sen­tar el mun­do re­cae en la pro­pia ex­po­si­ción in­ter­na­cio­nal de la Bie­nal y en las de los pa­be­llo­nes na­cio­na­les, no só­lo en ellos como ocu­rría an­tes. Te­ne­mos una ex­po­si­ción con un co­mi­sa­rio ge­ne­ral de la Bie­nal más 88 co­mi­sa­rios de to­do el mun­do. Es di­fí­cil ima­gi­nar ma­yor plu­ra­li­dad de vo­ces. ¿Có­mo afec­ta el pre­sen­te po­lí­ti­co y eco­nó­mi­co al diá­lo­go que el ar­te man­tie­ne en la Bie­nal? Como so­mos un ins­ti­tu­to de investigac­ión, nos man­te­ne­mos aten­tos a la ebu­lli­ción cons­tan­te del ar­te. Siem­pre hay cues­tio­nes so­bre las que pre­gun­tar­se. El Pa­laz­zo En­ci­clo­pe­di­co po­ne el én­fa­sis en dos cues­tio­nes re­la­ti­vas a la ne­ce­si­dad de re­pre­sen­tar­nos a tra­vés de las imá­ge­nes, una es la uto­pía y la otra la an­sie­dad. La re­la­ción en­tre la Bie­nal y el mun­do es com­ple­ja. Es un pun­to de par­ti­da des­de el que ob­ser­var el mun­do con la mis­ma in­ten­si­dad con la que el ob­ser­va­dor mi­ra la pie­za de ar­te. ¿Có­mo se to­man las de­ci­sio­nes? Des­de que lle­gué des­car­té a los co­mi­tés pa­ra ele­gir a un ar­tis­ta, que era la ma­ne­ra en que tra­ba­ja­ba la Bie­nal. Los co­mi­tés son la an­te­sa­la de los fa­vo­res e in­tere­ses per­so­na­les. La se­lec­ción a tra­vés

Pao­lo Ba­rat­ta

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