La Vanguardia - Culturas

Esplendore­s y miserias de la ‘upper class’

Novela Dominick Dunne combina ‘grandeur’ y sordidez en su aproximaci­ón al mundo de los poderosos de Los Angeles. El fallecido novelista y periodista muestra la intimidad de las altas esferas y sus complejas dobles vidas rodeadas de lujo

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CARLES BARBA

Cuando Scott Fitzgerald completó Hermosos y malditos, informó a su editor en estos términos: “Mi historia cuenta cómo Anthony Patch y su joven y bella esposa Gloria se destruyen contra las rocas de la disipación”. Dominick Dunne podría haber dicho lo mismo de su mejor novela, que Libros del Asteroide presenta ahora en traducción de Pablo Mediavilla. Estamos ante un demoledor retrato de matrimonio acaudalado, el de Jules y Pauline Mendelson y, por extensión, el de toda una comunidad de Los Ángeles, la jet set local, unas doscientas familias algunas de las cuales descienden de los clanes españoles fundadores de la metrópolis, y que en general tienen a gala guardar distancias con la gente del cine, y conservan unos rituales sociales no menos endogámico­s que la high class de la Costa Este. La clase, la elegancia y la sofisticac­ión por descontado forman parte indisociab­le de la alta sociedad angelina, y los Mendelson, con su mansión de Clouds, su glamurosa escalera de entrada, sus Monet y su Maillol, personific­an esta opulencia, donde la etiqueta y el ingenio mundano mantienen perpetuame­nte engrasados los resortes de su cotización social. Los Mendelson organizan periódicam­ente fiestas con las que aseguran su preeminenc­ia, y es en una de estas veladas –con una setentena de invitados elegidos al milímetro– donde Dominick Dunne arranca su relato, y nos da ya indicios de la corrupción moral que esconde aquel mundo de millonario­s.

A esa celebració­n por cierto ha acudido un joven neoyorquin­o, Philip Quennell, a quien la anfitriona ha tenido el antojo de incluir, sabiéndolo un escritor prometedor. Y será este personaje sensato y externo a las élites de aquellas latitudes, del que se servirá Dunne para desenmasca­rarlas. Del mismo modo, Henry James en Las bostoniana­s opone un rústico joven del Misisipi a todas las sofistería­s de sus heroínas de Nueva Inglaterra. Quennell es en cierto modo el Coches de lujo aparcados en el hotel Beverly Wilshire, en Beverly Hills; lugares como este son los que recrea Dominick Dunne en sus novelas Nick Carraway de esta historia, el único que no está preso en la red de complicida­des y secretos que mantienen el statu quo de los poderosos, y el único asimismo que ve o intuye todas sus dobleces y que adivina las calamidade­s que se ciernen sobre los protagonis­tas más frágiles.

Entre estos últimos descolla “una mujer inoportuna” que da título a la novela, una preciosida­d pelirroja que responde por Flo March y que soñando llegar a actriz de miniserie se queda

Una fiesta de los Mendelson muestra ya los indicios de la corrupción moral de los millonario­s

en camarera de una cafetería de Sunset Boulevard. Jules Mendelson, el gran magnate de L.A., da por casualidad con ella y la toma como amante. Para no cometer ningún spoiler, bastará decir aquí que Flo (junto a Quennell) es el otro personaje puro de la narración, y si resulta inoportuna

Quennell es el Nick Carraway del relato, el único que no está preso en la red de secretos y ve sus dobleces

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