La Vanguardia - Culturas

El arte en movimiento, como la vida

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tante) lo ha simultanea­do con temas y bandas sonoras para creaciones escénicas ajenas (de la Jane Eyre de Carme Portaceli a Rudo de Manolo Alcántara o Medusa, con La Virguería Teatro) y, sobre todo, para los espectácul­os que ha creado con Les Impuxibles, la compañía que fundó con su hermana Ariadna, la bailarina, en los que danza y piano se fusionan a la búsqueda de nuevos lenguajes expresivos.

Les Impuxibles debutaron con Tot és fum en el 2012. En el 2015 llegaría Limbo, un espectácul­o sobre la transexual­idad; en 2017, Aüc, un grito contra la violencia sexual; y en 2019, Suite Toc, en el que Clara Peya planta cara a su trastorno obsesivo-compulsivo. “Tiene que ver con el control o, mejor dicho, con el miedo a perderlo. Y también con la muerte, supone una cercanía continua a la muerte”, explica cómo lo ha sentido durante años, con sus más y con sus menos, con medicación o sin ella, y también da cuenta de las razones por las que se decidió “Yo creo y después entrego lo que he creado, lo dejo a su suerte. Creo por necesidad, sin una finalidad. Y, quizás, esa es la razón por la que el 80% de lo que he creado, ahora, con la perspectiv­a del tiempo, lo eliminaría; pero esas creaciones forman parte de quién soy, representa­n un momento de quién he sido. Creo que un creador tiene que revisar su obra y rastrear en ella qué le sigue interesand­o y qué le ha dejado de interesar. Y está bien que una parte deje de interesart­e porque eso quiere decir que como creador te has movido. Y si la vida se mueve, el arte también debe hacerlo. El arte tiene que representa­r lo que está pasando”, defiende Clara Peya su manera de abordar la creación.

Si Clara Peya tiene que escoger ese 20% de su obra que salvaría, se queda con los trabajos más recientes: Suite TOC y Estómac. “Limbo fue necesario en su momento”, apunta sobre esta pieza sobre la transexual­idad que presentó con Les Impuxibles hace sólo cuatro años, “pero aquel discurso ya lo siento como antiguo. Nuestro lenguaje ha cambiado”, admite Peya, que recuperará Suite TOC en Temporada Alta, pero que ya anda dándole vueltas a un nuevo trabajo. “Quiero hablar de la vida, quiero que mis trabajos sean aprendizaj­es personales, quiero que ofrezcan preguntas, quiero que sirvan para iniciar una reflexión, aunque no nos lleve a todos al mismo sitio”. Y en eso anda. a contarlo sobre el escenario en primera persona, exponiéndo­se como un campo de batalla de contradicc­iones y miedos: esta es la mejor manera que ha encontrado para lograr acabar con el estigma.

“Yo tengo el privilegio de dedicarme a lo que me dedico. Y de saber que no perderé el trabajo por admitir que padezco TOC, porque siempre se ha consentido la figura del genio loco, una figura en la que yo no creo”, explica a la vez que reivindica que todos, de una manera u otra, estamos sometidos a estas trampas que nos lanza el cerebro en forma de padecimien­to, “sólo que unos estamos diagnostic­ados y otros, no”.

“Todos siempre intentamos encajar pero, cuando ves que no encajas, lo que haces es potenciar tu desencaje”, admite Peya que, con sus encajes y con sus desencajes, con sus anclajes, con sus miedos y sus conquistas, con sus luces y sus sombras, se ha convertido en una de las creadoras más personales­delaescena­catalana. Clara Peya fotografia­da recienteme­nte en Barcelona

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