La plenitud del vacío
Poesía Con una escritura cercana al silencio, desnuda, sencilla, José Corredor-Matheos abre su vertiente más existencialista para hablarnos del tiempo y la vida
J.A. MASOLIVER RÓDENAS
Marcado por el taoísmo y el budismo, sus poemas son breves, muchos de ellos cercanos al haikú, al epigrama y al aforismo
No sé si es lícito robar un título a otro poeta, sin ni siquiera señalar su procedencia. Hay otros posibles títulos para esta reseña de Al borde, de José Corredor-Matheos, espigados de sus poemas y que responden al espíritu del libro, como “La voz que anhelas”, “Anhelo de vuelo” o “En el bosque sagrado”, pero ninguno como este. Corredor-Matheos, desde el silencio casi monacal, es uno de nuestros poetas más valiosos. Nacido en Alcázar de San Juan, Ciudad Real, en 1929, reside en Barcelona desde 1942. Licenciado en Derecho, es antólogo, traductor, crítico de arte y ensayista, con monografías, entre otros (“sólo canto mi canción/ a quien conmigo va”, dice el romance), de Joan Miró, Josep Llorens Artigas, Josep Guinovart o Joan Ponç. Ejerció la crítica en la desaparecida Destino y es colaborador de La Vanguardia.
Coetáneo de José Ángel Valente, Antonio Gamoneda, Ángel Crespo o Francisco Brines, que se desvinculan del realismo o lo superan, se identifica con el taoísmo y el budismo. Destaco aquí su primer poemario, Ocasión donde amarte (1953), Cartas a Li Po (1975), Sin ruido (2013), y Desolación y vuelo. Poesía reunida (2011). Es autor, asimismo, de la antología Poesía catalana contemporánea (1983). Marcado por el taoísmo y el budismo, sus poemas son breves, muchos de ellos cercanos al haikú, al epigrama y al aforismo. La desnudez, el despojamiento de las palabras, responden al “un no saber sabiendo,/ toda ciencia trascendiendo” de san Juan de la Cruz, algo que le lleva a fundirse con la naturaleza, en una escritura cercana al silencio: “Cuando escribes deseas/ que tus palabras sean/ sólo un paso al silencio”, y en el refectorio de los monjes: “Es en este rumor,/ no en el silencio,/ donde puedes oír/ la Voz que anhelas”. A través de la palabra tratamos de revelar lo oculto en las sombras o en la oscuridad de la noche, “expectante/como si fuera a abrirse/ y se hiciera la luz/dentro de ti”. Eso permite una conciliación de contrarios, expresada a través del oxímoron (“la soledad sonora” de san Juan” ) o la paradoja. “No siendo,/ todo es”; “Este golpe de viento/ te hace ver todo claro./ Ver claro ¿qué?/ Nada: ver claro nada”. Las cosas aparecen y desaparecen, se revelan, pero permanecen desconocidas. La clave está en el secreto. El poeta “calla lo que sabe”, pero al mismo tiempo aspira a conocer lo que no sabe. La poesía como aspiración, expresada en el vuelo de los pájaros que es, naturalmente, el vuelo místico de san Juan en su Cántico espiritual: “¡Apártalos, Amado,/ que voy de vuelo!”.
El alma, el espíritu, lo que no vemos, el sabroso secreto, no se captan con los sentidos, exigen una purificación, y exigen penetrar en lo oculto, en las sombras, para alcanzar la plenitud del vacío, el “no siendo, todo es”. El conocimiento verdadero no está relacionado con la sabiduría tal como la entendemos. “Ignorar/ es la única manera/ de vivir plenamente”. Por otro lado, no hay una negación de la vida, vista en lo que tiene de positivo y de negativo. Es decir, no es una poesía evasiva : “No digas siempre no”, porque entonces “no podrás decir/ el más sencillo sí”. O, como en César Vallejo, “la vida viene a golpes”, de ahí la necesidad de huir. E invita a la resignación: “Qué descanso y qué paz,/ si tú consigues/ aceptarlo ya todo/ tal como está viniendo”. O, dentro de la exaltación de la naturaleza, el deseo de ser un árbol que “le diga al paseante/un secreto/ que le ayude a vivir”. Hay así mismo una conciencia del paso del tiempo y, por lo tanto de la muerte. Una poesía accesible para aquellos que no la frecuentan, lo que es una invitación a frecuentarla. |
José Corredor-Matheos
Al borde
TUSQUETS. 128 PÁGINAS. 15 EUROS