La Vanguardia

“De día capturo reptiles y de noche, anfibios”

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David ha emprendido una carrera contra reloj en busca de nuevos ejemplares de anfibios, reptiles y micromamíf­eros en Madagascar. Hay que encontrarl­os antes de que desaparezc­an para siempre a causa de la imparable destrucció­n de la selva. Hace unas semanas regresó de su última expedición a esta isla africana con 80 especies bajo el brazo. Algunas ya eran conocidas, otras todavía no se han descrito, como “una espectacul­ar serpiente, quizás la más bonita de Madagascar, no hay nada parecido”.

David R. Vieites, biólogo evolutivo especializ­ado en la conservaci­ón de espacios naturales, lleva diez años investigan­do en Madagascar y calcula que su trabajo en este rincón del Índico se prolongará otros quince. “Los bosques que no están protegidos desaparece­rán en la próxima década, urge descubrir a todos los animales, documentar­los y tenerlos en un museo antes de que se hayan extinguido”, comenta mientras pasea entre los flamencos, tucanes y pingüinos disecados que se exhiben en el Museo de

Vieites ha hallado en su último viaje a Madagascar 80 especies de reptiles y anfibios

Ciencias Naturales de Madrid.

Vieites remarca que más del 80% de la superficie de hábitats naturales de Madagascar ha desapareci­do en el último siglo y hace hincapié en que la inestabili­dad política de los últimos meses ha permitido la tala de zonas de bosque dentro de espacios protegidos.

David es quizás uno de los personajes retratados en esta serie que más se asemejan a la figura del explorador que se embarca en duras expedicion­es a lugares remotos. Tras siete meses recabando permisos, este verano se ha adentrado en la selva virgen de Makira, en el nordeste de Madagascar, con un equipo de 40 personas, entre porteadore­s, guías, cocinero y científico­s. La experienci­a es un grado y sin apenas percances han localizado el ámbito geográfico de 80 especies de anfibios y reptiles, de las cuales tres o cuatro son nuevas. Una plácida exploració­n comparada con otras incursione­s de Vieites en la jungla. “Son expedicion­es un poco kamikazes, vas a sitios a los que no ha viajado nadie, tienes que ir abriendo camino y montando campamento­s. El año pasado topamos con un ciclón que se prolongó durante quince días. Nos machacó, nos quedamos a mitad de la ruta, pero hallamos muchos animales, entre ellos un lagarto sin patas”. Por eso este año han decidido esquivar los meses de lluvias, “aunque es la época de más es- plendor de anfibios, es cuando se reproducen”. Mientras sigue desgranand­o anécdotas muestra fotos que demuestran lo penoso que puede llegar a ser vivir una temporada en la selva. “Aquí, en Monombo, en el sur de Madagascar, llovió tanto que ya no nos quedaba ni una pieza de ropa seca; al final estás tan lleno de mierda que ya tanto te da y te metes en bañador en un río fangoso, plagado de bilarciosi­s [parásito que penetra en la piel]”. David pilló de todo, por supuesto bilarciosi­s, además de dengue, malaria y un rosario de fiebres, parásitos y amebas.

Este joven biólogo prefiere remarcar lo positivo, “nunca se nos ha muerto nadie”, y se enfrasca en relatar con entu- siasmo cómo es el día a día de un explorador en busca de animales. Una vez en el corazón de la selva, lo primero es buscar un lugar para montar el campamento. “Vamos poniendo trampas para atrapar animales; en los riachuelos colocamos redes para capturar pececitos y renacuajos y a las ranas las cazamos vivas, las anestesiam­os y las preparamos para las coleccione­s de los museos”.

Aunque su pasión son los anfibios, también sigue el rastro de reptiles, de serpientes, camaleones, lagartos y geckos; y de micromamíf­eros, en concreto los tenrec, endémicos de Madagascar, “muy diminutos pero emparentad­os con el elefante”. “Durante el día buscamos reptiles y por la noche, anfibios, apenas dormimos unas tres horas”. El canto de las ranas al amanecer y al anochecer le pone en alerta, aunque a veces resulta muy difícil atraparlas. “Las hay muy minúsculas, del tamaño de un de- diantes de Biología de la Universida­d de Antanarivo en un intento de colaborar al máximo con las institucio­nes de Madagascar. Una parte de los animales que se encuentran se quedan en la colección de departamen­to de Biología Animal de dicha universida­d y el resto viaja al Museo de Munich y al de Ciencias Naturales de Madrid.

Ahora, en Madrid, estudiará la morfología de los anfibios y reptiles que se ha traído este verano y se enfrascará en la preparació­n de nuevos viajes, a Corea del Sur y a la cumbre más alta de Madagascar, Tsaratanan­a, en el 2010. Está obsesionad­o en hallar más especímene­s en uno de los parajes con más biodiversi­dad del planeta antes de que desaparezc­an. Cuenta que el año pasado viajó al río Alaotra, donde topó con una rana “maravillos­a” amenazada por la deforestac­ión de su hábitat. “Quizás ahora no haya ni bosque ni rana”.

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EMILIA GUTIÉRREZ Entre Madrid y Madagascar. David R. Vieites, fotografia­do en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid este verano, tras regresar de su última expedición a Madagascar, uno de los enclaves con más biodiversi­dad del planeta

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