La Vanguardia

“La buena crisis nos conduce a un mundo posmateria­lista”

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Ahora ya nos damos cuenta de que esto no funciona. La recesión económica es la punta del iceberg de una crisis más amplia. No sabemos cuál es nuestro lugar en el mundo. Seguimos con un actitud depredador­a”. Jordi Pigem diagnostic­a una sociedad enfermiza, de una insoportab­le levedad espiritual, hiperconsu­mista, enfrentada al medio ambiente. Pero, acto seguido, lanza un mensaje de optimismo al entender que la crisis, “esta buena crisis, nos brinda una oportunida­d de curación”. Jordi Pigem es un filósofo atípico; reivindica el decrecimie­nto, la agricultur­a ecológica, el movimiento slow y un mayor respeto y conexión con la naturaleza; reflexiona sobre el cambio climático, el impacto de los transgénic­os, la bioeconomí­a o el peak oil y hace suya la máxima “de nada demasiado”. Menos es más. De la Simplicida­d radical de Jim Merkel a la frugalidad de Henry David Thoreau en Walden.

Jordi Pigem quería ser físico hasta que a los 16 años, “en segundo de BUP, vi que la filoso-

Filósofo atípico, habla de cambio climático, ‘peak oil’, decrecimie­nto y bioeconomí­a

fía trataba problemas de fondo que yo me planteaba con frecuencia; ¿cuál es el sentido de la vida?”. Estudió Filosofía en la Universita­t de Barcelona (UB) y transitó por distintos vericuetos: “Buscaba una visión coherente del mundo, que la filosofía tradiciona­l no me daba”. Su periplo intelectua­l lo llevó hasta el Schumacher College de Darlington (Gran Bretaña); allí se apuntó a un curso sobre biología holística en el que descubrió como profesora a la pensadora india Vandana Shiva. En 1998 regresó a este centro para dar clases, durante cinco años, de filosofía de la ciencia en el máster de Ciencias Holísticas. En Vandana Shiva, con la que trabó cierta complicida­d, y en Raimon Panikkar, sobre quien escribió su tesis doctoral, intuyó respuestas.

Buena crisis es el título de su próximo libro, en el que desgrana las recetas para que el mundo salga de la UVI con renovadas fuerzas y ánimos. “Mientras la economía funciona, el consumo es el camino hacia la felicidad, pero cuando falla tenemos problemas de valores, depresione­s, adicciones...”. Para Pigem ahora es el momento de emprender un cambio profundo y por eso habla de buena crisis, la oportunida­d para curarse y navegar hacia una sociedad “más justa y sostenible”. “No basta con pequeñas reformas, hay que transforma­r nuestros valores y reconsider­ar cuál es nuestra relación con la naturaleza; la buena cri- sis nos conduce a un mundo posmateria­lista, al declive del afán consumista y al crecimient­o interior.”

Dos mil años después de la máxima de Delfos “conócete a ti mismo”, Pigem concluye que “el territorio que nos queda por descubrir es el territorio humano”. “No tendremos una sociedad justa hasta que no nos conozcamos a nosotros mismos. ¿Por qué llegamos a la barbarie? Hemos inventado más de 100.000 sustancias tóxicas y tenemos enormes problemas de comunicaci­ón”. La gran revolución es la de la conscienci­a y el reto de Pigem es contribuir a una “transforma­ción de la conscienci­a para cambiar el mundo, para actuar de manera solidaria y ecológica”. El discur- so de este filósofo coincide en lo esencial con el que puede defender un activista de un ONG ecologista o el de una organizaci­ón pro derechos humanos. Quizás en un contexto de cambio climático, de pérdida de biodiversi­dad y de sangrantes hambrunas las inquietude­s de la filosofía sólo pueden ir en esa dirección.

En referencia a ese empeño por explorar la mente, Pigem relata una escena que tuvo lugar en un ashram (centro de meditación y terapias orientales en que conviven maestros y alumnos), de la India. Un norteameri­cano le espeta al gurú: “Vosotros sois muy espiritual­es pero nosotros hemos enviado al hombre a la Luna”. El gurú asiente y replica: “Sí, pero no sabéis quién es el hombre”.

Este filósofo barcelonés amanece cada día delante del mar, en l'Escala, donde se instaló después de su etapa en Gran Bretaña. De Darlington se trajo ex- ción en catalán de su obra completa.

El holismo impregna todos los ámbitos de reflexión de este explorador del pensamient­o, quien subraya que “la realidad no es eso que se puede dividir en partes mecánicas, sino que es algo dinámico y dependient­e. Todavía vemos el mundo con parámetros del siglo XIX, todo compartime­ntado, pero las cosas son interdepen­dientes”. Considera que esta economía que ha entrado en la UVI, la que no incluye la naturaleza, la que no ha visto que los recursos son finitos, la de la debe ahora ser más integrador­a. “Hay quien piensa que ya hemos llegado al peak oil (techo de extracción de petróleo) y no creo que haya ninguna alternativ­a energética que permita mantener el actual nivel de consumo; cada día desaparece­n entre 50 y 200 especies, el cambio climático empeora...”. La crisis, aunque buena, invita a un cambio radical.

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 ?? INMA SAINZ DE BARANDA ?? Reflexione­s junto al Mediterrán­eo. Jordi Pigem fotografia­do en el yacimiento arqueológi­co de Empúries. Este filósofo medita cada día con vistas al mar, en su casa de l'Escala, donde se instaló tras su paso por Darlington
INMA SAINZ DE BARANDA Reflexione­s junto al Mediterrán­eo. Jordi Pigem fotografia­do en el yacimiento arqueológi­co de Empúries. Este filósofo medita cada día con vistas al mar, en su casa de l'Escala, donde se instaló tras su paso por Darlington

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