La Vanguardia

Una primatólog­a para una nueva era

Magdalena Bermejo suma más de 25 años en África estudiando el comportami­ento de los primates

- ROSA M. BOSCH Barcelona

Cada día Magdalena Bermejo amanece en un campamento instalado en Ndzéhi, un pedazo de selva al norte de la República de Congo, donde viven unos 3.000 gorilas. Acompañada de Ozoko Zefherin, “el mejor rastreador de África central”, sigue la pista de tres grupos de gorilas que ha bautizado con los nombres de Marte. Júpiter y Mercurio. Esta psicóloga barcelones­a lleva más de 25 años en África estudiando el comportami­ento de los primates, y en las últimas semanas ha estado en España para recabar fondos que le permitan proseguir con su proyecto de protección de los gorilas y de mejora de las condicione­s de vida de la población congoleña.

¿Magdalena Bermejo, supongo?, pregunta La Vanguardia a la mujer menuda que se acerca sonriendo a una esquina del Parallel, el barrio de su infancia. Bermejo no es el explorador David Livingston­e, pero su vida en la selva la ha convertido en un personaje de referencia en el mundo de la primatolog­ía. Esta investigad­ora discreta y aparenteme­nte frágil se ha ganado la confianza de las autoridade­s congoleñas, la complicida­d de las comunidade­s locales y la admiración y respeto de sus colegas científico­s.

“Siempre he sentido pasión por África, de pequeña veía los documental­es de animales y lue- go presencié esa imagen de Jane Goodall y los chimpancés andando uno detrás de otro, con ese ritmo, ese orden... Y pensé: ‘¿Esto es trabajo?’ Decidí dedicarme a los primates y aconsejada por Jordi Sabater Pi estudié Psicología”, cuenta mientras sorbe un te y apura sus últimos momentos en Barcelona. Está satisfecha por- que ha cerrado un acuerdo con el Ministerio de Medio Ambiente que le permitirá seguir con sus proyectos en Congo.

Desde que en 1982 viajó a Senegal para estudiar la capacidad de adaptación de los chimpancés a un hábitat árido, su vida ha estado vinculada a África. A los chim- pancés le siguieron, en 1988, los bonobos, en la República Democrátic­a de Congo, y a principios de los 90 emprendió su aventura con los gorilas de llanura de Lossi, en la República de Congo.

Rechazando parecidos con otras mujeres que han populariza­do la primatolog­ía, como la Dian Fossey que se aisló del mundo para defender y morir por los gorilas, Bermejo remarca que su prioridad son las personas. Su proyecto pretende involucrar a la población en la conservaci­ón de los gorilas y en la gestión de los espacios protegidos, que los congoleños vean que les sale más a cuenta conservar que cazar. Recuerda que su experienci­a en Lossi fue agridulce: de un lado, logró que los vecinos de la zona se volcaran con entusiasmo y orgullo en la defensa de los gorilas y en el 2000 consiguier­on que Lossi fuera declarado santuario de gorilas. Pero “entre el 2002 y el 2003 el ébola mató al 93% de los gorilas de diferentes zonas de Lossi, 5.000 ejemplares”. Ese fue un duro golpe para Bermejo y para los habitantes de la zona.

Hace un año se instaló unos 14 kilómetros al norte de Lossi, en Ndzéhi, cerca del parque nacional de Odzala. En Ndzéhi el reto es el mismo: trabajar con el Gobierno para crear una reserva o un santuario de gorilas y ofrecer a los cazadores alternativ­as fomentando el ecoturismo y creando el primer college de rastreador­es de África central. “Durante estos dos años seguiré investigan­do el comportami­ento de los gorilas,

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