El camino del pe­rro ro­jo

Los ta­li­ba­nes re­co­gen sus ver­du­ras mien­tras el ejér­ci­to es­ta­dou­ni­den­se re­co­ge sus ca­dá­ve­res

La Vanguardia - - INTERNACIONAL -

nan­tes. Las mi­nas en­te­rra­das.

–Sa­lam... –di­ce un crío a la tro­pa sin ter­mi­nar: su her­ma­na le cie­rra la bo­ca con las ma­nos.

Los pun­tos crí­ti­cos –sue­le ocu­rrir– son los más her­mo­sos, cuan­do el camino se ele­va so­bre cau­ces con be­llí­si­mas alineaciones de ár­bo­les de ho­ja ca­du­ca: oto­ño en Af­ga­nis­tán. Por­que esos hue­cos es­tán re­ven­ta­dos de mi­nas.

Apa­re­ce una pe­que­ña mez­qui­ta de ado­be que po­dría ser un ce­men­te­rio de Mo­dest Ur­gell: la mis­ma me­lan­co­lía.

El con­voy en­tra en Kan­dahar. En el cuar­tel del ejér­ci­to af­gano ya­cen, ro­tos, una do­ce­na de tan­ques so­vié­ti­cos. Ti­ra­do en­tre los ca­ño­nes, el en­vol­to­rio pla­tea­do y abier­to de un condón.

Y to­do ter­mi­na don­de em­pe­zó. En el cen­tro ur­bano de Kan­dahar. Jun­to al fo­tó­gra­fo Ba­sir y su ca­ja má­gi­ca. Con el ar­bus­to de ma­rihua­na que cre­ce en la ace­ra ro­dea­do de bur­kas y tur­ban­tes..., sen­ta­do en el sue­lo y pen­san­do si es­te via­je no ha si­do más que una alu­ci­na­ción.

GUI­LLER­MO CER­VE­RA

‘Red dog’. Así, pe­rro ro­jo, lla­ma el ejér­ci­to de EE.UU. al ca­mino sin as­fal­tar que cru­za el va­lle ta­li­bán de Arg­han­dab; en la ima­gen, un sol­da­do en una de las ga­ri­tas del pe­que­ño fuer­te que el ejér­ci­to af­gano tie­ne en mi­tad del ca­mino

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